Gil estaba repantigado en el mullido sillón sin meterse con nadie cuando se enteró de que el presidente Andrés Manuel Liópez Obrador llamó a las bandas de delincuentes en la zona noreste del país a que desistan de sus actos violentos “y se porten bien”: “Que se vaya al carajo la delincuencia. ¡Fuchi!, ¡guácala! Es como la corrupción: ¡fuchi! ¡guácala!”, dijo durante un discurso en el patio del Hospital Rural de Soto la Marina del IMSS.
Gilga se llevó los dedos índice y corazón a las sienes en un gesto de estos tiempos y recordó la máxima de Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente”. Gamés había visto un video estremecedor sobre la violencia en Michoacán, una carretera sembrada de cadáveres, tiroteos, violencia. ¿De verdad la respuesta presidencial será “fuchi y guácala?”. El secretario de Hacienda Arturo Herrera había presentado el presupuesto 2020 y explicado que bienestar social, seguridad y Pemex eran las prioridades. Conectarse con la gente más humilde, de pensamiento muy humilde, puede convertirnos en personas de pensamientos humildes, si le permiten ustedes a Gil las repeticiones.
Exorcismos
Una nota de Vicente Juárez en La Jornada informa que el arzobispo Jesús Carlos Cabrero Romero nombró a Gilberto Amaya Martínez como el tercer exorcista en San Luis Potosí, debido “a la alta demanda” de esos clérigos especializados. Así lo informó Juan Jesús Priego Rivera, vocero de la religión. Ser el tercer exorcista de San Luis debe ser algo muy importante, a Gamés le gustaría ser al menos el cuarto exorcista de la Ciudad de México. Sería un honor y tendría mucho trabajo.
“Los dos exorcistas tenían mucho trabajo; son personas ya grandes, entonces se nombró al padre Gilberto Amaya como un tercer exorcista. El exorcista no sólo se dedica a —valga la redundancia— a exorcizar”, declaró Priego Rivera. Médico de profesión, Amaya se suma a Antonio Torres Herrera y Roger Méndez Jiménez, avalados por la Santa Sede para expulsar “entes malignos (…). Amaya también ejecutará labores de discernimiento y de cuestiones de salud”.
Gil propone y pregunta: ¿y si el gobierno encabezado por el presidente Liópez Obrador reclutara a unos cinco exorcistas para enfrentar la inseguridad?: “¡Sal de ese cuerpo ajeno, sicario del mal, fuchi, guácala!”. Acéptenlo, no es mala idea. Incluso podría existir una Secretaría de Exorcismos. En esas austeras oficinas se atenderían los casos difíciles: ¿Santa Lucía?, a la Secretaría de Exorcismos; Pemex, lo mismo. Por cierto, el crecimiento de 4% anual que prometió el Presidente se ha convertido en un modesto 2%, ése que tanto criticaron en el último capítulo de la era neoliberal. En fon, en fan.
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