La entereza no es algo sencillo de construir. Decía Confucio que saber lo que es justo y no hacerlo es la peor de las cobardías, y cuando se trata de cualquier tipo de producción y creación intelectual, robar el mérito ajeno es vergonzoso y a la vez, cobarde. Denise Dresser ha sido acusada de plagio más de una vez, la forma en la que le gusta hacerse del estilo ajeno es ya sistemática, desde una frase inicial hasta párrafos e ideas completas.
El problema de su afición por copiar lo que otras personas escriben es que nada tienen que ver sus palabras con sus actos. ¿De qué le sirve navegar con la bandera de honestidad cuando comete un acto de corrupción, como lo es el plagio?
La corrupción es "hacerse de lo público en forma ilícita" en palabras de Max Kaiser, y las ideas que lanzan al mundo los escritores se convierten en algo público que merecen el crédito de su creador.
Cuando Dresser toma frases y fragmentos atribuyéndose a sí misma la genialidad de una idea, no solamente le hace una injusticia al que la escribió, sino que le miente en la cara a todos los que la leen. Hipócritamente, los que nunca notan estos plagios que son otra forma de corrupción -o los que lo notan, y de todas formas le rinden pleitesía – , llegan a pagar hasta 1 millón y algo con tal de tener una conferencia suya.
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