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Liópez le había dado al PRD y al PT escasos cuatro días para responder si estaban dispuestos a declinar a favor de Delfina Gómez, la candidata de Morena al gobierno del Estado de México: “vuelvo a llamar a los dirigentes del PRD a que se definan ahora, que digan con quién están: si con el pueblo o con la mafia del poder. No hay término medio, no se puede aplicar la política robalera, solo el robalo es el que anda en dos aguas (…) Y no es amenaza, no es advertencia, no soy autoritario, no soy intransigente”.


Gil rodó sobre la duela de cedro blanco a carcajadas: no soy intransigente, pero volveré en cuatro días por la respuesta. Ustedes deciden: robalos o huachinangos; sardinillas o charales; cucamonga o iguana, en fon. “Los que dicen que ahora no, pero sí en el 2018. Es ahora. Y voy a regresar el martes a Nezahualcóyotl por una respuesta”. Gil cantó el himno de Liópez: Yo soy mexicanooo, y a orgullo lo tengooo, y si echo bravata, también la sostengo. “Que declinen y luego hablamos, porque la patria es primero”. Ajúa. ¿Quién es intransigente? ¿Quién dice que soy autoritario? Esos song cómplices de la mafia del poder.


¿Qué me ve?


Lo nunca visto: al día siguiente de sus bravuconadas de cantina, Liópez se ha llevado un palmo de narices. Como lo oyen. En una inopinada conferencia de prensa, Alejandra Barrales y Ricardo Anaya hicieron un llamado a la creación de un frente amplio y plural con vistas a la formación de una alianza en las elecciones de 2018. Un frente opositor para sacar al PRI, como si el PRI lo necesitara, ni un médium regresa al PRI a la vida; de paso, ese frente se opone de facto a Morena y a Liópez. Mira por donde: el Joven Maravilla y Barrales han iniciado el movimiento más interesante de los últimos años en México.


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