Fuentes sube y baja, digan lo que digan, los demás, pero el hijo muerto, ¿no es un poco demasiado? Las cosas que hacen hoy en día los escritores para vender unos cuantos libros.Caracho.
Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leía su suplemento cultural Confabulario, dirigido por Julio Aguilar. Esta edición le dedica su portada al escritor chileno Alberto Fuguet y su nueva novela Sudor. Se trata de una entrevista con el periodista argentino Leonardo Tarifeño: "No es tan malo que te odien". Escribe Tarifeño: "una novela inspirada en el porno, cuyo narrador pretende contar la vida, obra y milagros (algunos de ellos eróticos) del hijo de uno de los grandes héroes del boom de la literatura latinoamericana, en gira promocional por Santiagode Chile junto con su célebre padre. Una crónica gay ubicada en la actualidad de la industria del libro, donde los nombres y apellidos reales compiten en veracidad y contundencia con los detalles sexuales de una intimidad que queda aldescubierto". Cualquiera que lea unas cuantas páginas de Sudor (Random House) sabrá que Fuguet ha escrito sobre Carlos Fuentes y su hijo. ¿Revela algo Gilga? Nada que no ponga la novela a la intemperie.
Preguntas
¿Se puede escribir de todo? Sí. ¿Se puede fabricar una pequeña historia miserable sobre dos muertos y apenas maquillarla? Sí. ¿Los muertos hablan? No. Ya hubiera querido ver, oír, leer esta historia en vida de Carlos Fuentes. El pequeño Fuguet habría escondido su novela muchos años. Quienes conocen a Gamés saben que Fuentes no es un autor santo de su devoción, pero escribir de un muerto casi con su nombre y de su hijo muerto, y revelar una cantidad de hechos infames no es el mejor programa de la voluntad: lo que está bien y lo que está mal. Venderá algunos libros, ciertamente, y también quedará como un miserable, en efecto, no está mal que te odien.
Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: mal harían los amigos de Fuentes guardando silencio asistiendo a la idea de que no hay que hacer crecer al injurioso, pero en fon, chacun sa vie.

