El exgobernador priista de Tamaulipas Tomás Yarrington Ruvalcaba comenzó a ser investigado debido a las acusaciones de uno de sus socios, Antonio Peña Argüelles, empresario de Nuevo Laredo.
El empresario pidió la protección de la Drug Enforcement Administration, DEA, por temor a ser asesinado por Los Zetas, quienes lo acusaban de haberse quedado con cinco millones de dólares. Los Zetas habían asesinado ya a uno de sus hermanos.
Luego de entrar en tratos con la DEA, Peña Argüelles aceptó convertirse en testigo protegido de la PGR. Bajo el nombre clave de Ángeles reveló los nexos del exgobernador con el narcotráfico. Sus declaraciones se sumaron a las de otros testigos protegidos: Pitufo, Pedro, Yeraldín y Óscar.
Esas declaraciones recabadas por la PGR calderonista señalaron que Yarrington, gobernador entre 1999 y 2004, los años en que cimentó el imperio de Osiel Cárdenas, líder del Cártel del Golfo, y surgió y se afianzó esa pesadilla conocida como Los Zetas, amasó una fortuna con sobornos procedentes del narcotráfico; estableció relaciones con capos del narcotráfico como Miguel Treviño Morales, El Z-40, y su hermano Omar, El Z-42; “palomeó” candidatos impuestos por estos criminales para que contendieran en diversas alcaldías y ocultó, a través de una red de prestanombres, empresas, casas, haciendas, ranchos.
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