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Gil lo leyó en su periódico Reforma con los ojos de plato y plata: “En el Congreso, el PRI le cerró la puerta a la iniciativa del presidente Enrique Peña para legislar en materia de matrimonio igualitario y adopción”. Como decía la extinta madre de Gamés: tenía que ser. Los priistas han sacrificado cualquier principio por el pragmatismo electoral. Así, de un plumazo, el PRI y sus legisladores, empezando por Emilio Gamboa, se han plegado, que dice Gil plegado, se han replegado y entregado al capricho de la Iglesia católica que puso el grito en el cielo, desató una campaña y amenazó con marchar contra los matrimonios del mismo sexo.


Gilga imagina un encuentro trémulo entre senadores priistas: “Esta iniciativa es una papa caliente. Norberto se nos enoja y perdemos votos y más votos. Mejor al frigider y hasta luego, a ver quién se avienta desde el sexto piso de esa iniciativa”.


Emilio Gamboa declara: “El matrimonio igualitario está en la cancha de los diputados. No veo el tema como prioritario. Mi impresión es que hoy en el país no es un tema prioritario y no es un tema que esté presionando la sociedad de México para sacarlo adelante”. ¿Y cómo cuanta presión es necesaria para que algo sea prioritario, senador Gamboa? ¿Unos bloqueos carreteros, la toma de algunas casetas, el cierre de comercios?


Lo dicho: el nuevo PRI se parece mucho al viejo PRI, solo falta que revivan a “los emisarios del pasado”, “las faltas a la moral y las buenas costumbres”. Comuníqueme con Norberto Rivera: “Cardenal, Gilga le tiene buenas noticias: el PRI ha congelado la nefanda iniciativa presidencial sobre matrimonios antinaturales. El PRI ha detenido el pandemónium”.


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