Gil leyó con los ojos de plato y plata en su periódico MILENIO y en una nota de Eugenia Jiménez: El sacerdote Hugo Valdemar, vocero de la Arquidiócesis de México, ha apretado el botón de pánico. Según Valdelamar, o como os llaméis, las actividades del colectivo de la diversidad sexual, apoyadas por el Conapred, se han convertido en un instrumento de persecución: “Nos encaminamos hacia una represión ideológica, a una verdadera persecución. Esto será inevitable si los católicos y los padres de familia no ponen un alto a esta represión a la que el papa Francisco llamó ‘la movida del diablo’”.
Satanás acecha. En una entrevista realizada por el Sistema Informativo de la Arquidiócesis, Valdemar afirma que la comunidad lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero, travesti e intersexual, envió al semanario Desde la fe un documento para solicitar derecho de réplica. El cura ha visto en esta petición “una advertencia velada para interponer más recursos represivos, como demandas civiles, denuncias penales y amparos”. ¿Qué le pachó a Valdemar? Nada le pasó, ocurre que grita para despertar al activismo católico y llama a la marcha en defensa de lo que los jerarcas católicos llaman “familia natural”.

