Todo había salido conforme al guión: el anuncio de la visita, el vuelo a México, la llegada a Los Pinos, la reunión privada y los mensajes de Enrique Peña Nieto y Donald Trump a la prensa reunida en el salón Adolfo López Mateos de la residencia oficial del Presidente mexicano.
Pero en eso, cuando estaban enfilándose los dos personajes para dejar los atriles y salir del recinto, un periodista estadounidense le gritó a Trump una pregunta sobre el muro. El priísta y el magnate habían quedado en no contestar preguntas justo para no tener que abordar el tema en público. Pero Trump tomó la pregunta de uno de los reporteros que lo acompañó en su campaña y contestó: no hablamos de eso.
Faltaban dos minutos para que todo terminara de salir conforme al guión. Y dos minutos antes, con ese “no hablamos de eso”, todo se vino abajo. Era el peor escenario para ambos, Trump y Peña: el magnate quedaba como un cobarde que no le había dicho en la cara al Presidente mexicano sus planes de hacerle pagar por la construcción de un muro en la frontera común, el priísta también por no haberle expresado de frente que ese proyecto no estaba ni a discusión.
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