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En un gesto antiguo, Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: ¿qué les pasa a nuestros políticos con los relojes? Los adoran, les hablan: buenos días, reloj de mis amores, no marques las horas porque voy a enloquecer, quén lo quere. Ah, y entre más caros, mejor. En un acto de prestidigitación, el gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, mostraba en la muñeca izquierda su reloj durante una conferencia de prensa. Dicen los que saben que ese reloj cuesta 5 millones de pesos. De pronto Yunes bajó el brazo y lo desapareció debajo de la mesa mientras hablaba, al subirlo, cosas de la magia, y apoyarlo en la mesa, el reloj había desaparecido. ¿Quén pompó relojito, gobernador? ¿Usted? ¿Así nomás con su dinerito, así pagó 5 millones ganados con el sudor de la frente y la honestidad que lo caracteriza? Ah, qué bueno, menos mal, de pronto a Gilga le entran malos pensamientos. Juan Ignacio Zavala escribió en su periódico El Financiero un buen retrato del gobernador: “Qué marca el reloj de Yunes”.

Desatarse a tiempo

En Historias de reportero, la columna que publica Carlos Loret de Mola en su periódico El Universal, dio a conocer una imagen de los días dorados de Roberto Borge, el ex gobernador de Quintana Roo, cuando se daba la gran vida en Miami al terminar su mandato. Sentado a la mesa frente a dos platos de exquisita fruta tropical, Borge sujeta su celular con ambas manos y lo mira detrás de unos finísimos lentes oscuros.

En la izquierda, Gil se refiere a la mano, puede verse un reloj que Loret de Mola decribe así: “Un Richard Mille de carbón y oro rosado, edición especial Lotus. En internet lo cotizan en 250 mil dólares. Casi 5 millones de pesos”. Gil no sabía que existiera el oro rosado, pero ahora lo sabe. Claro, si hay oro blanco, puede haberlo rosado e incluso tinto. ¿Qué hay que tener en la cabeza para ponerse en la muñeca un reloj de 5 millones de pesos? Sí, Gilga ya sabe que hay muchos ricos, pero si eres un político enriquecido mediante el robo, la cosa ya cambea. Esa cabeza puede contener un mazacote y una adicción. Señores y señoras, Gil señala con el dedo flamígero: dedicarse en México a la política y ponerse un reloj de 5 millones de pesos es una inmoralidad. Un grito desgarrador hizo trizas el silencio del amplísimo estudio: ¡ay, mis hijos, políticos ladrones, corruptos, vulgares! ¡Qué dexestre!

Más información: http://bit.ly/2mfRnCw

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