A una semana del asesinato de un joven estudiante en el CCH Sur, el rector de la UNAM Leonardo Lomelí lanzó una serie de medidas poco contundentes y tibias para, supuestamente, evitar nuevos hechos de esta naturaleza.
En conferencia de prensa y posterior comunicado, el rector Lomelí esencialmente dejó el peso de las decisiones a los directivos de cada plantel, sin ofrecer más guía que “informar y denunciar” y aplicar protocolos determinados por cada plantel, sede o centro.
Es decir, que de la rectoría de la universidad no emanaron decisiones contundentes, ni mucho menos radicales, para frenar la violencia y la criminalidad que desde hace décadas se enseñorea de la UNAM, entre venta de droga, violaciones, acoso sexual, robos y asesinatos.
Lo que se hizo, básicamente, fue delegar.
Desde este lunes 29 de septiembre, más de 20 escuelas, facultades y colegios suspendieron clases presenciales. Cada centro o sede tomó sus propias determinaciones y modalidades, ante la ausencia de una guía proveniente de la rectoría.
De la cabeza de la UNAM lo que se hizo fue interponer denuncias ante la autoridad capitalina. Ello, luego de que en diversos planteles se recibieran amenazas de nuevos ataques, incluyendo falsas alarmas de artefacto explosivo.
Las diferentes sedes de la UNAM recibieron correos electrónicos o mensajes en redes sociales avisando de futuras agresiones, asesinatos y bombas, por lo que se determinó suspender clases presenciales y realizar actividades en línea. Tambien se registraron amenazas mediante pintas y en hojas de papel dentro de un sanitario.
Algunas sedes había tomado esta decisión al día siguiente del asesinato, ocurrido el martes 23 de septiembre. Otras sedes tomaron la decisión hasta este lunes. La falta de un criterio general para todas las sedes es inadmisible.
Según el abogado general Hugo Concha, “todas las amenazas son tomadas con seriedad, se analizan, evalúan y se implementan protocolos para garantizar la seguridad de la comunidad universitaria”.
Como parte de las acciones de seguridad se realizó un recorrido por las instalaciones del CCH Sur en el que participaron autoridades, padres de familia y estudiantes para revisar las condiciones de las instalaciones en materia de seguridad.
Ello, en cumplimiento a los acuerdos tomados el pasado 26 de septiembre en una mesa de trabajo realizada con la comunidad.
Tras el asesinato ocurrido el 23 de septiembre el rector lamentó los hechos. “La universidad redoblará sus esfuerzos no solo para garantizar la seguridad y las condiciones adecuadas de estudio y de sus estudiantes, sino también para encontrar salidas y la forma de atender sus necesidades y evitar que la frustración o la soledad los lleven a equivocar el rumbo” dijo entonces.
Por la tarde de este martes, Lomelí anunció las “líneas de acción” para un “el retorno seguro” a las actividades presenciales.
Entre esas líneas llamó a: informar y denunciar; aplicar protocolos y acciones coordinadas con el Consejo Técnico de cada escuela; que cada sede defina con su órgano colegiado los pasos a seguir; incluir y escuchar a la comunidad y reforzar las medidas de seguridad.
“Las directoras y directores determinarán con su Consejo Técnico y la comisión local de seguridad el regreso a clases presenciales una vez que se han verificado las condiciones de seguridad del plantel”, señala el comunicado.
No se entiende que se deje a cada sede a su arbitrio ante una situación que la rectoría debiera tomar directamente en sus manos.
El mayor apoyo que se anuncia es que ante cada amenaza recibida por las facultades, escuelas, institutos y centros, el abogado general presentará la denuncia correspondiente, previa notificación de las autoridades de cada escuela.
No se ofrecen recursos, no se anuncian compras de equipo, contratación de personal especializado. La rectoría no define protocolos, no establece criterios generales que permitan definir cuándo es seguro el regreso a clases.
Eso quiere decir que unas sedes podrían regresar a actividades presenciales de inmediato y otras podrían eternizarse, sin que la rectoría meta las manos para ordenar y dar certezas.
Lo más que ofrece el rector para “regresar a la normalidad” es dar cursos, talleres, actividades deportivas y culturales, pues según él, se trata de “fortalecer el tejido comunitario”.
En suma, es un gran lavado de manos.

