“Ahí Viene Cascarrabias”

Será muy complicado. Pero habrá que hacerlo.

Frente a la dictadura populista del conservador López Obrador, su Morena y las masas que le siguen por fe ciega, como a un santón o iluminado. Hay que ser, seguir siendo la oposición crítica. Desde la opinión pública abierta.

Aun no gobierna López Obrador, pero ya nos hace sentir de muchos modos el peso irracional de su dedito dictatorial que señala un regreso al peor pasado de México con el PRI, un regreso de más de medio siglo, un feo golpe para México. Volver a estar como en 1968, cuando habíamos avanzado tanto y comenzábamos a ejercer la democracia en serio.

Allí están de vuelta los dinosaurios Bartlett, Muñoz Ledo y Gómez Urrutia. Está de vuelta el presidencialismo populista totalitario y autoritario, la religión de Papá Gobierno. La sombra del caudillo.

Prueba clara de ello es la manera servil como se instaló la mayoría del Congreso echándole porras a Su Alteza Serenísima, anunciando a gritos la desaparición de la separación de poderes, haciéndole grosero “bullying” a la minoría.

De igual forma servil cayó de rodillas ante el Líder Supremo el tribunal electoral que lo exoneró del delito manifiesto del fideicomiso hecho dizque para los damnificados por el terremoto del año pasado. Un caso turbio de verdad.

Nada nos permite pensar que el señor López, tal como viene comportándose, pueda hacer crecer a México del modo que ha cacaraqueado durante más de 18 años seguidos, todos sus gestos de gobierno sólo permiten ver un regreso reaccionario al modo priista de gobernar o estilo personal de arruinar la economía de la nación por los caprichos del Jefe Máximo de la renovación moral y el bla bla bla del bla bla bla y bla bla bla. Demagogia y más demagogia. Un discurso sin rumbo que debe ser criticado con cuidado y detalle, hay que saber aplicarle la lupa, para mostrar su falta de fundamentos realistas.

Porque desde que ingresó en la política López Obrador nada más ha demostrado ser un oportunista sin más bandera que su ego asistencialista; muy bien enmascarado tras una cara de palo de pragmático maquiavélico, “lo que diga el pueblo bueno” y bla bla bla.

Tampoco es creíble que por mucho tiempo pueda dar sus limosnitas keynesiano-populistas a sus pobres; con tal “política” muy pronto nos tendrá más pobres a todos, y sin libertad para poder quejarnos de su mal gobierno obsequioso. Todo será cosa de seguir ya muy de cerca lo que ocurre con la brutal realidad de las finanzas y el dólar.

El saliente Peña Nieto ha dicho que le entrega el país en buenas condiciones y reconoce que está mal la seguridad, con ello será importante ver qué ocurre cuando López Obrador tome el mando y sea responsable de la administración pública. Porque la realidad es tormentosa e inestable en términos mundiales y México no es una nave fácil de controlar desde la política, por más margen de maniobra que crea tener, si mueve mal los hilos de la economía todo se puede esfumar en un tris.

Por angas o por mangas, los grandes medios disminuyen personal y se deshacen de quienes criticaban de forma constante al Jefe Máximo de la Renovación Moral y bla bla bla. Como en los viejos tiempos del PRI, los medios se alinean de acuerdo al culto a la personalidad de Su Alteza Serenísima, todo lo que hace o no hace es motivo de notas informativas y comentarios positivos, opiniones siempre aprobatorias y hasta celebratorias porque sí, le guardan la esperanza de que hará milagros, cosa mala como política real.

Quienes todavía le critican, por suerte no pocos, pronto reciben amenazas por todas partes, especialmente de las redes donde la masa anónima de sus seguidores religiosos opera siempre como maquinaria de agresión e intimidación. Si no hubo gran debate para legitimarlo como candidato, ahora que ha triunfado en las urnas de modo abrumador nadie piensa que se necesite justificar con razones y argumentos lo que él haga y diga, porque para su mayoría seguidora todo lo hace como un mesías (de izquierda o derecha, según el gusto, pero…) siempre iluminado por el espíritu santo del pueblo bueno y su contacto metempsicótico con Juárez, Madero y Cárdenas, entre otros que incluyen a Jesús y el Che Guevara, según a dado a entender.

Es bueno que se reduzca y regule de modo equitativo y transparente el gasto en publicidad del Estado. Mas tal como lo plantea López este gesto se puede convertir en una forma de control más férreo sobre los medios y sus periodistas profesionales. Si no se ve viable de inmediato una censura total ni la represión violenta contra la oposición y la disidencia, sí será complicado que éstas zonas de crítica encuentren vías para expresarse en forma abierta y masiva, como pasaba con el PRI de antes del 2000, los que estén en contra del gobierno sólo tendrán espacios para operar de forma minoritaria y subterránea, serán casi invisibles e inaudibles. Tal será nuestro problema por un rato largo.

No aparece a la vista ningún medio importante con una fuerza de posición ante el nuevo gobierno como la que tuvo antes la prensa militante antigobierno. Ahora todo deja leer que esos medios serán la prensa del régimen, la prensa oficial; han dejado de ser la oposición crítica que predicaron ser. Ahora esos medios son los portavoces del dogma del culto a la personalidad de Señor Presidente, seguirán alejándose de la realidad, aunque aumente su poder político y policiaco, porque será fácil que se conviertan en medios inquisitoriales para imponer la moral constitucional con que sueña y delira el mesías fariseo.

Entonces considero conveniente que tomemos en cuenta esto…

Nada se debe prohibir en los espacios de la opinión pública, porque de nada sirven las prohibiciones en este terreno. Esto debemos cuidarlo mucho los periodistas y medios de opinión pública. La libertad de expresión quiere decir que nada se puede prohibir, todo se puede pensar y decir. Puede haber regulaciones y territorializaciones para los discursos; pero nada puede ser prohibido, porque ello sólo servirá para generar más violencia, esencialmente violencia del Estado contra la ciudadanía. Lo que sí debe existir entonces son acuerdos consensados para evitar la violencia simbólica y la discriminación, acuerdos para evitar los discursos de odio y alcanzar una convivencia más civilizada, es decir, más demócrata, más educada. La libre expresión de la opinión pública es una forma de protección de los individuos o de las minorías contra los excesos y abusos de las mayorías y del poder político. Debemos pensar en reglas discursivas para una razón pública demócrata y soberana. Esto no lo debemos olvidar ahora, creo yo. Porque las auténticas dictaduras lo primero que aniquilan es la libre expresión, ya sea por la fuerza o por el dinero o por el aburrimiento.

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