Ahora la Guardia Nacional

Donald Trump está metiendo presión al límite. Hay muchas interpretaciones del porqué lo está haciendo, particularmente en este momento. Siendo el presidente el personaje que es y se ha construido todo puede terminar por ser factible y posible; todo absolutamente cabe.

Sin embargo, por los temas que actualmente están en la mesa, la actitud y reacciones de Trump deben tener objetivos muy concretos y no tienen nada de casuales. Es muy probable que sabedor del abrumador y competido proceso electoral que se está viviendo en el país, ande afinando aún más su virulenta puntería.

Independientemente de las razones que pueda tener el presidente de EU, da la impresión de que entre nosotros no nos hemos dado cuenta de los escenarios en los que estamos metidos. Se ha ido perdiendo la dimensión de las cosas.

Ayer, Trump decidió enviar a la frontera sur de EU a la Guardia Nacional “para ayudar a la Patrulla Fronteriza”. La decisión no sólo puede ser interpretada bajo un tema de seguridad nacional, tiene que ser contemplada también como un intento de atemorizar y sobre todo de intimidar.

Si bien la migración se reconoce como un asunto sensible y de atención para EU, sin pasar por alto la doble moral con la que se le trata, lo que busca Trump es mandar mensajes internos y externos de poder y autoridad. Quiere dejar claramente establecido que mientras se construye el muro, la frontera va a estar rigurosamente vigilada, en todos los sentidos.

No es la primera vez que la Guardia Nacional es desplazada hacia la frontera sur de EU. Lo que ahora hace diferente el escenario es que hay muchas cosas en juego, Trump lo sabe y lo hace valer.

Sabe dónde duele, no tiene freno y sabe también que el Gobierno mexicano se la ha pasado con una política de contención, buscando que al paso del tiempo tenga de su lado la razón. La reacción del Gobierno ayer muestra un capítulo más de cómo lo único que hace es contener.

Por un lado, el Presidente Peña Nieto dijo que México fijará su postura cuando EU la defina, siendo que Trump lo había hecho desde hace por lo menos dos días.

La postura fijada se define que es para apoyar al Departamento de Seguridad Nacional para evitar el flujo de drogas, pandillas y migrantes, pero “no van a ir armados”. Esto quiere decir que estos tres componentes son lo mismo, lo que incluye a los migrantes. Todo este coctel pareciera que “tranquilizó” a la Cancillería.

Nos la hemos pasado conviviendo con Trump bajo el supuesto de que hemos aprendido a conocerlo y a entenderlo, y no es así. El envío de la Guardia Nacional a la frontera no es sólo un mensaje para México o Centroamérica, es también para quien quiera entrar a EU.

Es un acto inamistoso que confirma su visión del mundo y de cómo quiere que sea su país.

Es la ratificación de su oposición al concepto de sociedades abiertas y profundamente interrelacionadas, y nos tiene en el centro y en la mira.

RESQUICIOS.

Así nos lo dijo ayer Alberto Athie, activista y exsacerdote: El ahora excardenal Norberto Rivera dijo que no había tenido casos de pederastia, pero que sí tuvo información de 15 personas que habían sido presumiblemente afectadas, documentos que envió al Vaticano.

Como sea, Rivera presentó ante la autoridad mexicana sólo seis de esos casos, hecho que vemos positivo, pero no fueron acompañados de denuncia alguna. Lo que hubiéramos querido es que más que sólo se dieran a conocer, como lo hizo, lo hubiera hecho con denuncias ante las autoridades mexicanas.

Uno de los casos fue el de Carlos López, quien fue sentenciado hace pocos días a 62 años de prisión. Todo el proceso fue seguido por una de las víctimas, Jesús Romero. Si no hubiera sido por él no se habría llegado al final, porque Rivera no presentó acusación alguna.

Hemos presentado una denuncia en contra del excardenal por obstrucción de la justicia. El actual Arzobispo tiene que atender el asunto, aunque no haya sido durante su gestión.


Este artículo fue publicado en La Razón el 5 de abril de 2018, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

Autor

  • Javier Solórzano

    Javier Solórzano es uno de los periodistas mexicanos más reconocidos del país, desde hace más de 25 años. Licenciado por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México, cursó estudios en la Universidad Iberoamericana y, hasta la década de los años 80, fue profesor de Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana.

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