La violencia política, la intervención del crimen organizado y la injerencia del gobierno en las campañas electorales de México, son temas de interés para la comunidad internacional. Lejos de la diplomacia y de la observación de los tratados internacionales en la materia, el inquilino de Palacio Nacional se ha puesto a la defensiva ante los pronunciamientos en ese sentido y se dedica a balbucear que ello es un complot en su contra, pretexto que repite su cohorte de matraqueros, extranjeros que se presentan como expertos en redes sociales (sin serlo) y hasta algún dictador solidario con la 4T.
Primero fueron los reportajes periodísticos de la agencia alemana Deutsche Welle (escrito por Anabel Hernández) y los medios norteamericanos ProPublica y The New York Times, que coincidieron en informar sobre investigaciones de la DEA y el Departamento de Justicia de Estados Unidos sobre el financiamiento del cartel de Sinaloa a las campañas electorales de AMLO en 2006 y 2012. Ante tales versiones, AMLO se limitó a argüir que los reportajes eran parte de un “complot de los conservadores” en su contra.
Luego, tuvo gran difusión un discurso de la diputada derechista española, Cayetana Álvarez de Toledo, quien hizo una gran pieza oratoria en defensa de la democracia liberal, de denuncia del populismo en general y, en particular, de su variante mexicana, y de crítica a la política de “abrazos, no balazos” de AMLO. Su discurso fue pronunciado a principios de marzo en la Feria de las Ideas Puebla 2024. Invitada por el dueño de TV Azteca, un aliado de AMLO que se transformó en crítico por pugnas fiscales, su discurso provocó apuradas protestas de la corte de aduladores del Presidente, quienes recurrieron hipócritamente al discurso nacionalista y anti derecha, descalificando con epítetos a la ponente para eludir el acertado contenido de sus palabras.
Para desgracia de los cortesanos del gobierno de AMLO, no solo la derecha española, también la izquierda de ese país y la de gran parte del mundo coinciden en la alerta por el deterioro de la democracia mexicana. Igual desde Madrid, España, se dio a conocer la declaración del Consejo de la Internacional Socialista presidida por el actual Presidente de ese país, Pedro Sánchez, dirigente del Partido Socialista Obrero Español. El documento, titulado Declaración sobre las elecciones mexicanas, expresó la preocupación, compartida por 200 partidos socialistas de todo el mundo, por el clima de violencia en que se desarrollan las elecciones de México, por los ataques a la división de poderes y al Poder Judicial. En declaraciones aparte, el propio Sánchez solicitó que observadores internacionales se apersonaran en México: “Es imperativo abordar el nexo entre el crimen organizado, la violencia política y la erosión institucional para salvaguardar el futuro democrático de México”.
Además de lo anterior, el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, Volker Türk había expresado que “debe salvaguardarse de la violencia” al proceso electoral de México. El diplomático de origen austriaco, abogado de profesión, externó la preocupación de las Naciones Unidas por los asesinatos de precandidatos y candidatos a cargos de elección popular (a la fecha se contabilizan 22) y al impacto político que tiene el control que las bandas del crimen organizado muchas vías de comunicación y en extensos territorios del país.
Como ocurrió con los casos mencionados antes, López Obrador se fue por la fácil: insultó al Alto Comisionado, a quien llamó tendencioso y comparsa, y redujo todo a “un compló” en su contra.
Entre la paranoia y el delirio, el inquilino de Palacio Nacional atisba una maquinación de la que son partícipes no solo los fifís, la clase media, los neoliberales “los conservas”, intelectuales, abogados, madres buscadoras, padres de los niños con cáncer, periodistas, etcétera, sino también algunos de los más importantes y acreditados medios de comunicación internacionales, la DEA, el Departamento de Justicia de Estados Unidos, la derecha y la izquierda españolas, la Internacional Socialista,,, y hasta la ONU.
Aislado en el ámbito internacional, apenas logró el apoyo de un par de militantes de partidos marginales de España (quienes a cambio de una jugosa remuneración elucubraron sobre bots para “explicar” los traspiés presidenciales en redes sociales), del expresidente Alberto Fernández de Argentina (destacado por el rechazo mayoritario a su mandato), de Miguel Díaz-Canel, el dictador de Cuba, y el respaldo de un taciturno Evo Morales.
Contra los deseos del López Obrador, sus ataques contra el INE y la judicatura, su burla al Estado de Derecho, su descarada intromisión en la campaña electoral de la candidata oficialista, los desbordados ataques contra la oposición, más la violencia del crimen organizado, han motivado a la comunidad internacional para voltear los ojos a nuestro país.
Cincelada: Simple jugada electorera, la eliminación de los exámenes de admisión al bachillerato, al Poli y la UNAM. Mejor, la propuesta opositora que ofrece educación de calidad.

