AMLO, el cazagoles

Puntero en varias proyecciones demoscópicas hacia 2018, segundo en las otras. Hoy son altas sus probabilidades de ganar la Presidencia. Andrés Manuel López Obrador es como aquellos cracks del futbol que meten goles frecuentemente aprovechando errores y circunstancias del adversario; tiene el don de la ubicuidad, está donde cae el balón.


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AMLO fue el primero en llamar a la calma tras la victoria de Trump. No importa la precisión a la hora de impactar la pelota si ésta se anida en la portería; lo del avión presidencial que ni Obama tenía, alza vuelo con la noticia de que Trump cancelará un nuevo Air Force One por oneroso. No va por los balones, solitos le llegan.


Su añeja propaganda “Honestidad valiente” reverdece con cada nuevo escándalo de corrupción, casas, departamentos, ranchos de funcionarios federales o gobernadores en fuga.


Cada semana que pasa sin que el PRI, en el Congreso, saque el Sistema Nacional Anticorrupción, con todo y Fiscal, le da a López Obrador párrafos y párrafos sobre la mafia en el poder, la impunidad, la simulación cómplice.


Esas ayudas, desde la resistencia política, ni Trump las tuvo.


Enrique Ochoa se exhibe retando a debatir a AMLO, quien, como Salinas de Gortari, ni lo ve, ni lo oye. Mientras tanto, más gente se entera de que la lista de gobernadores buscados por la justicia crece. Hacer del PRI cuna de la lucha contra la corrupción es miel para la estrategia del moreno mayor.


En el gabinete presidencial todo es contención de cara al 2018. Osorio, Meade, Eruviel, Calzada o Narro, el nombre es lo de menos, lo más es cómo posicionar a un par de los posibles frente al candidato de oficio que es AMLO, con partido y recursos a su servicio, con tiros de precisión frente a la cantaleta; las cosas buenas que casi no se cuentan. Tienen mucha razón, no las cuentan, no las comunican, promocionan poco, mal y tarde.


En el PAN, Ricardo Anaya emula a López Obrador, pero con opositores bravos, Margarita y Moreno Valle. Aunque el control de estructuras favorece al queretano, el desgaste es mayúsculo y el riesgo de división latente. El momentum azul luego de las elecciones de junio debe ser ratificado en el Estado de México y eso cada vez se ve más lejano.


AMLO y Morena no necesitan ganar el Estado de México, con que sus promotores de la soberanía nacional aprovechen la tendencia, como Cuitláhuac García en Veracruz, saldrán fortalecidos.


Mientras en la CDMX nace y muere la intentona por gravar la plusvalía de bienes raíces, sus testaferros en las delegaciones Cuauhtémoc y Tlalpan relamen bigotes.


Finalmente, el balón al ángulo: “si Trump atentara contra nuestra soberanía, estoy con Peña”. Nada de balandronadas, de prometer cárcel para EPN. Pausa y ritmo, olfato goleador y una defensa desordenada y distraída.



 


Este artículo fue publicado en La Razón el 8 de diciembre de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

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