AMLO, el gran damnificado del nuevo libro de Julio Scherer

La lectura minuciosa del nuevo libro de Julio Scherer “Ni venganza ni perdón” deja en claro que la venganza sí es un interés central del libro y que muy lejano le queda el perdón a quien confiesa que el expresidente Andrés Manuel López Obrador, en varias ocasiones, le rompió el corazón.

Y es AMLO el gran damnificado de las calculadas revelaciones del abogado y exconsejero jurídico de la Presidencia, que usa el libro para cobrarse diversas cuentas con muchos que le ofendieron (incluido el morenista), exponer a Obrador como un ingenuo manipulado, descobijar a muchos poderosos y quedar bien con la presidenta Claudia Sheinbaum (al tiempo de recordarle que le debe algunos favores).

Son muchos los momentos en que Scherer, como sin malicia, lanza potentes misiles políticos contra quien dice querer mucho. Está el relato del compromiso político con Arturo Zaldívar, para hacerlo llegar a presidente de la SCJN. O la admisión, textual, de que AMLO le otorgó “impunidad” a los expresidentes y al hijo de Manuel Bartlett.

También, y eso se ha destacado en las redes sociales, el decir que AMLO tiene vocación de víctima.

En la página 26, al  hablar del desafuero –proceso que AMLO y Morena convirtieron en hito de su épica fundacional– Scherer le dice a su interlocutor y coautor, Jorge Fernández Menéndez que “Andrés siempre ha sido un víctima y se ha comportado como tal, es parte de su forma de ser”.

Comenta que AMLO siempre esperó que lo metieran a la cárcel y que “ahorita sería feliz si los gringos hicieran algo en su contra, porque es lo único que le falta: haber empezado como líder social, llegar a jefe de Gobierno, después a presidente y finalmente regresar a las condiciones de un líder social perseguido”.

Presentarlo bajo esa óptica poco favorable es algo que Scherer hace una y otra vez a lo largo del libro.

Un tonto manipulado

En reiteradas ocasiones lo muestra como un tipo desinformado –dice que casi no leía periódicos– y que por ese motivo fue supuesta presa de los intereses de sus subordinados, en particular de Jesús Ramirez Cuevas. 

Dice en la página 2024 que “el presidente, como era un trabajador de tiempo completo, casi no leía los periódicos. Supongo que leía los encabezados, algunas cosas que le importaban, pero no era un lector constante” y por ese motivo, “con ingenuidad” se iba por el lado que Ramírez Cuevas le decía.

Cuenta que el exvocero aprovechaba la confianza que se le tenía para imbuir en la mente de AMLO, de camino a la conferencia mañanera, temas, enfoques e ideas. “De este modo se daba la gran manipulación, aderezada con preguntas siempre a modo”, durante la mañanera, en la que el presidente, dice, “contestaba en muchas ocasiones temas que eran del interés de Jesús Ramírez” por medio de “pseudoperiodistas” que desprestigiaron a las mañaneras.

Asimismo, asegura que la intolerancia del expresidente con la prensa –usa otras palabras– y sus frecuentes diatribas contra periodistas eran consecuencia de estar “mal aconsejado”. 

“Creo que el presidente, si no hubiera sido mal aconsejado, habría podido mantener una relación sana con la prensa que llegaría hasta ahora”. 

Una manera no muy discreta de llamarle tonto al presidente (que por otro lado, es autoritario, refractario a la crítica, ofensivo e ignorante).

Otra ocasión en que Scherer hace lo mismo tiene que ver con el tema del desabasto de medicinas, que, como es bien sabido, AMLO achacó a la “mafia farmacéutica” que controlaba el mercado.

Scherer lo desmiente y afirma que eso es algo que le hicieron creer al expresidente, pero que no era verdad. “El diagnóstico no fue el adecuado. Llevaron al presidente a decir que cuatro o cinco empresas vendían todas las medicinas del país, lo cual no era cierto”, apunta.

¿Todo un enorme líder manipulado por su oscuro vocero y sus ineptos funcionarios? Scherer es astuto y así, llama tonto a López Obrador.

Al respecto, no sobra mencionar un par de ocasiones en que habla de los defectos de AMLO de manera más abierta. Lo califica de “predicador” o “misionero”, para señalar su sentido de misión casi sagrada y obviamente, para descalificarlo como estadista, algo que nunca fue.

Hablando de la pandemia y del famoso “detente”, Scherer comenta: “Andrés Manuel seguía siendo ese predicador cristiano que lo llevó a decir cosas como ese detente, que francamente nada tenía que ver ni con la política, ni con la salud, ni con la religión, ni con nada”.

En este sentido, de la pandemia, califica de “pésima” la decisión de haber elegido a Hugo López-Gatell para coordinar la respuesta ante el Covid-19. 

AMLO, dador de impunidad

Otro tema importante, que ya ha sido motivo de notas de prensa, es el cese de la exsecretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, quien en 2021, en plena pandemia, supuestamente estaba determinada a investigar al hijo de Manuel Bartlett, León, por la venta irregular de respiradores para Covid al IMSS.

No hay espacio a la confusión cuando Scherer apunta que “en este caso particular, la secretaria de la Función Pública se empeñó en seguir la investigación; el presidente hubo un momento en el que se desesperó y entonces vino la salida abrupta de Irma”. Esto ocurrió en junio de 2021.

Aquí, cabe señalar que poco después de su salida, Sandoval se quejó de que en Morena se estaba aceptando “basura expriista”. 

En materia de impunidad, hay otra afirmación de enorme calado. La que tiene que ver con el juicio a expresidentes. Scherer dice sin ambages que López Obrador les brindó “impunidad”. 

Se recordará que AMLO incluso organizó una “consulta popular” para preguntar si la gente –“el pueblo”– quería o no que se juzgara a expresidentes. Aunque el “sí” fue la respuesta dominante, afortunadamente para el mandatario la participación fue muy baja y la consulta no resultó vinculante.

En este sentido, Scherer apunta las baterías contra su exjefe al decir: 

“Andrés Manuel planteó una reforma para que a los expresidentes de la República no se les juzgara. No hay nada más ilegal que darle impunidad a una persona que ya no la tiene sin el fuero: ya no lo tiene, ya dejó de ser presidente de la República.

“Entonces López Obrador me dijo: «Yo no quiero que sean juzgados». ¿Qué habría pasado si a alguno de los expresidentes de la República se le sometía a juicio por alguna irregularidad fuera de su labor como Ejecutivo? Había una reforma legal que asentaba que no debían ser juzgados porque así lo determinó el presidente. Porque al presidente todo mundo lo molesta mucho con que es muy duro, pero nunca se quiso meter con los «ex», nunca quiso lastimarlos. Hubiera podido hacer lo que quisiera con Calderón y con Peña —quienes sí lo lastimaron—, pero nunca hizo nada. Al contrario, les ofreció fuero, les ofreció impunidad para cualquier delito. Y eso lo teníamos que tratar en la Corte”.

¿Por qué AMLO no quería que se juzgara a expresidentes? Scherer no lo dice. Pero lo cuenta en el contexto de un relato mayor: el de sus frecuentes negociaciones con la Suprema Corte, lo que da pie a lo siguiente.

AMLO, impulsor de Arturo Zaldívar

Repartido en diversos capítulos, Scherer cuenta que cuando AMLO era candidato tuvo una reunión con Arturo Zaldívar, entonces ministro de la SCJN, quien le dijo que se la “jugaría” por él y siempre estaría a su lado.

Tal promesa propició que López Obrador le prometiera que lo haría presidente de la Corte, algo que atenta, naturalmente, contra la supuesta independencia del Poder Judicial.

“La conversación fue muy interesante. Participamos los cuatro y, al final, Arturo le dijo al licenciado López Obrador: «Yo vengo a decirle que voy a estar con usted siempre, que me la voy a jugar con usted». Y entonces López Obrador le contestó: «Muchas gracias, don Arturo, yo le quiero decir, que si yo soy presidente de la República, usted va a ser presidente de la Suprema Corte»”.

Scherer cuenta cómo se confrontó en varias ocasiones con Olga Sánchez Cordero –entonces titular de Gobernación– para hacer llegar a su elegido, puesto que ella quería impulsar a Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena. 

Asimismo, admite sin rubor alguno que “con política” muchas veces lograron votos favorables de parte de la anterior Corte. 

“Hasta el día que yo trabajé en la Consejería Jurídica, tuve un trato magnífico con Zaldívar; un muy buen trato con todos los ministros, que dejaron de serlo en septiembre de 2025. Cada vez que se planteaba un asunto, se les explicaba y ellos tomaban en cuenta la posición del Gobierno. En ocasiones optaban por votar en contra, pero, la mayoría de las veces, con argumentos jurídicos y con política, votaban en favor de los planteamientos que hacía el Gobierno”.

Proceso y La Jornada

Fueron incontables las veces en que AMLO afirmó que su gobierno sería diferente en cuanto al trato con los medios. Que se terminarían los medios favorecidos por medio de la publicidad, lo cual, por supuesto, resultó falso.

Pero por si quedara alguna duda, Scherer exhibe a AMLO confesando sus favoritismos para Proceso y para La Jornada, medios que, dice, le ayudaron a llegar a la presidencia. 

“Como se ha escrito, hubo una gran relación entre mi papá y el presidente López Obrador. Proceso fue un vehículo muy importante para que Andrés Manuel pudiera llegar a la Presidencia de la República. Fue, además, un instrumento que sirvió para darle acceso a todos aquellos hechos que iban en contra del beneficio de la población. Gran cantidad de esa información, obviamente, era promovida por grupos contrarios al Gobierno, y Proceso era el medio para desenmascararlos. Mi papá fue una fuente de información toda su vida y, gracias a eso, Proceso subsistía. El presidente nunca quiso que Proceso siguiera con una línea distinta a la suya. En alguna ocasión me confió que había dos medios que habían sido muy importantes para su movimiento; esos dos medios no iban a quebrar: uno era La Jornada y el otro, Proceso. «Esos medios —me dijo— no irán a la quiebra»”.

Y si bien luego apunta que debido a conflictos editoriales con AMLO Proceso sí estuvo a punto de quebrar, es indispensable recordar los miles de millones que La Jornada, dirigida por la comadre de AMLO, Carmen Lira, recibió durante su sexenio. 

La coartada del sentimentalismo

Los rescatados son solo algunos ejemplos de los misiles políticos que Scherer dirige a AMLO. En varios momentos menciona cómo también el expresidente lo llegó a lastimar hondamente –sobre todo cuando habló de su confianza en Gertz Manero, en medio de los conflictos con el propio Scherer–, y cómo él conocía bien su papel como subordinado del presidente.

Ya en la parte final del libro se vuelca en una remembranza sobre “la amistad, la lealtad y el cariño. Y esa memoria, como la palabra escrita, no puede ser borrada por ningún fiscal ni por ninguna campaña de difamación. Porque la política pasa, los gobiernos pasan, los hombres del poder caen en el olvido, pero la amistad verdadera, la que se construye en medio del fuego, sobrevive al odio y a los infundios”.

Así, con la coartada de la amistad y del sentimentalismo, como excusando el haber contado meramente una historia, Scherer ejerce una clara venganza en contra de AMLO. Por supuesto, no es que no se la merezca.

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