Último round entre presidenciables, sin nocaut. López Obrador, Meade y Anaya salieron como entraron al Museo del Gran Mundo Maya: puntero indiscutible a 16 días de la elección.
Los segundos pelean, cruzan demandas judiciales, disputan la posición número dos para perfilarse como primera fuerza opositora. Justifican lo encarnizado de la reyerta, se dan con todo, y aún hay más.
Coparmex, la Fundación Este País, Berumen e IPSOS levantaron la mayor encuesta nacional de cara a las elecciones. López Obrador aventaja por 20 puntos a Anaya y por 26 a Meade.
A dos semanas, y con un Mundial de Futbol de por medio, los rangos podrán disminuir una vez que se publiquen las encuestas finales, tres días antes de la elección; entonces el voto útil, que los especialistas estiman en cinco puntos, tendrá destinatario claro. Cinco puntos adicionales, no más.
La encuesta patrocinada por Coparmex anticipa poco probable que Morena se haga con mayorías simples (la mitad más uno), tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. De las nueve gubernaturas, Morena se alzaría con victorias en Tabasco, Chiapas, Ciudad de México y Morelos; Jalisco sería para Movimiento Ciudadano; y Yucatán, Puebla, Veracruz y Guanajuato para el PAN.
Andrés Manuel López Obrador transita a lo que sigue. Construir puentes comunicantes con mandos militares, definir el asunto de su seguridad personal, tema en el que hasta ahora, el candidato de Morena ha sido irresponsablemente omiso, populista.
La violencia en el país, la inseguridad civil y política no se matiza con un “el pueblo me cuida”. AMLO necesita, al margen del resultado del 1 de julio, reconocer que su seguridad personal dejó hace tiempo de ser asunto menor.
Con 113 políticos asesinados desde el 8 de septiembre, el candidato necesita también dar certeza sobre su sentido común y responsabilidad de estadista; su vida no vale más que la de cualquiera pero su peso político para la gobernanza nacional, sí. Debe hacerse cargo ya.
Antes de anunciar fichajes para su eventual futuro gabinete, López Obrador necesita dar certezas mayores a quienes piensan votar por él y a quienes no, también.
En la recta final, y con una votación pendiente, el más probable vencedor debe transformarse de eterno candidato en el político que demanda un México enojado, herido; pero el mismo México que en los últimos 30 años elevó el horizonte de vida de sus pobladores, duplicó el de educación, des-petrolizó su economía, abrió mercados en todo el mundo, octavo país con más visitantes extranjeros del planeta.
AMLO debe reconocer, y decirlo, México no está en crisis, menos en ruinas. México tiene graves pendientes, deudas sociales enormes y si gana, éstas no serán satisfechas de la noche a la mañana, quizá ni en todo un probable sexenio suyo. Eso es lo que sigue. Al menos lo que debería.
Este artículo fue publicado en La Razón el 14 de junio de 2018, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

