Michoacán no ha dejado de ser una región de riesgo. En algunos municipios se agudiza la violencia, no en todos, pero en lo general se sabe que hay lugares en donde el entorno provoca conflictos y puede pasar cualquier cosa.
El problema en el estado, como en muchos otros, es que la violencia y la descomposición social se han ido enquistando. No está nada fácil erradicarlos porque se han ido convirtiendo en una forma de vida en muchas comunidades; se ha vivido con ello y para ello.
En los municipios se sabe muy bien quién es quién y a lo que se dedica la gente. Es difícil no saberlo, porque son comunidades en las que todos tienen que ver con todos, aunque se marquen distancias entre ellos.
Los menos sorprendidos con lo que pasó en Zamora, sin que por ello no haya enojos e impotencia, son los propios zamoranos. La “paseada” que se dio el fin de semana el CJNG en la ciudad sorprende por la forma en que se hizo, pero todos saben que está presente en la zona; más vale convivir que enfrentarse o poner mala cara, como le decíamos ayer.
La ciudad es utilizada desde fuera como uno de los centros de operación del cártel. Por más que se plantee que no necesariamente se va a ir por los grandes capos, habrá que ver cómo le va a hacer la Guardia Nacional ante el CJNG, que tiene peso e influencia en buena parte del país; y que, por la información que se tiene sobre su líder, tiene un control pleno de todas las operaciones del cártel, dentro y fuera del país.
Hasta donde se sabe, los grupos de autodefensa no han proliferado en esta zona de Michoacán; los hay, pero no son tan fuertes y organizados como en la zona caliente. Esto le da ventajas al cártel, pues no se tiene que poner de acuerdo con ningún grupo, de no ser quizá el político, lo que le da mayor libertad de acción, que de suyo se “ganan” violentamente.
Las autodefensas surgieron en los tiempos en que Servando Gómez Martínez, La Tuta,avasallaba. Primero lo hizo a través de la Familia Michoacana y después con Los Caballeros Templarios. Esto provocó que muchos jóvenes locales y de comunidades aledañas se unieran a los cárteles. Algunos encontraron salida a sus vidas con los cárteles, en tanto que otros se unieron a las autodefensas.
En estos procesos, muchas cosas se terminaron, no casualmente, por confundir, en lo cual la delincuencia organizada sacó la mejor tajada. A esto se deben los fuertes y sangrientos enfrentamientos entre las autodefensas y los delincuentes; en más de una ocasión las autoridades estuvieron en medio de estos fuegos, a veces como juez y otras como juez y parte.
Todo lo que tocaban y tocan los cárteles se contamina. No sólo las autoridades estaban en la mira de las complicidades de los delincuentes;: también éstos se infiltraban entre las autodefensas, de ahí los muchos enfrentamientos que se han dado entre ellas.
En medio de esta cantidad de escenarios quienes quedaron en riesgo fueron los jóvenes. No había manera de que se quedaran a la mitad del camino: o se iban con unos, o se iban con otros; y en ambos casos su vida estaba en riesgo.
Algunos escenarios en la zona están igual que ayer. Lo que se hizo en los últimos años fue tratar de administrar el problema, quedando bien con todos. Esto fue lo que trató de hacer Alfredo Castillo, a quien no casualmente bautizaron como El Virrey de Michoacán.
Las cosas no han cambiado mucho que digamos; lo que pasa es que el tema lo hicimos a un lado de nuestro radar, lo que no quiere decir que no estuviera pasando nada.
La detención de los soldados en La Huacana nos recordó el estado de las cosas.
RESQUICIOS.
La detención de Alfredo Ancira y la orden de aprehensión contra Emilio Lozoya nos mete de lleno en el caso Odebrecht. Habrá que ver hasta dónde llega su presunta responsabilidad¡; lo que es un hecho, es que estos dos personajes estaban de todas, todas, en la investigación.
Este artículo fue publicado en La Razón el 29 de mayo de 2019, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.
