Por Adriana Serratos
No llegamos todas, porque a todas nos han tocado de diferentes formas, vulneraron nuestros cuerpos y las mujeres del poder no respondieron. El martes pasado experimentaste una situación de agresión sexual, un hecho por demás inaceptable. Lo vimos y muchas mujeres revivimos lo que todos los días sufrimos y nos ha llevado al hartazgo.
La consigna “Si tocan a una, respondemos todas” se debe a que, en un gran porcentaje de denuncias, las instancias responsables de atender estos casos han sido, por norma, omisas y revictimizantes.
No te estoy diciendo que lo que te pasó no sea deleznable. Lo es, pero esto solo confirma que los hombres no tienen límites para creer que los cuerpos de las mujeres les pertenecen.
Debo decir que este acto, que fue visto a nivel nacional, no debió ser nada agradable para ti, sin embargo, cuando a nosotras nos vulneran, somos expuestas en las instancias, pues nos obligan a ser explícitas al narrar los hechos.
La consigna “Yo sí te creo” nace también de estas violencias institucionales que nos hacen responsables de lo que nos pasa y ponen en duda lo vivido. Y no, ninguna mujer con poder alza la voz por nosotras.
Tener privilegios de la estructura del Estado no te hace igual a nosotras.
En el primer año de tu gestión en la CDMX, la respuesta en la marcha 8M fue enviarnos granaderos. Tanto mujeres como hombres con uniformes les metieron mano a las compañeras y ellas también fueron expuestas a nivel nacional.
Y no, la respuesta de las mujeres en el poder no fue un “respondemos todas”, todo lo contrario, se realizó una cacería, una campaña infame de desprestigio y estigmatización de la protesta.
Te pregunto: ¿Cuáles fueron las exigencias de las mujeres en lucha de las manifestaciones del 8M y del 25N que ocurrieron en tu periodo de gobierno? ¿Cuántas mujeres en el poder respondieron?
Efectivamente, las exigencias fueron que la estructura del Estado atendiera y resolviera las diferentes violencias que todos los días sufrimos las mujeres que no pertenecemos al poder.
Un caso de esta omisión fue el de Ingrid Gómez, quien ante la solicitud de que se sancionaran a los y las granaderas por los abusos sexuales y de poder que ejercieron contra nosotras, su respuesta fue “pero ahora somos gobierno”. Ingrid Gómez y otras funcionarias aseveraron que la policía capitalina estaba tomando un curso “obligatorio” de “perspectiva de género”.
¿Lo recuerdas? Pues mis compañeras y yo nos dimos a la tarea de hacer entrevistas a policías en diferentes puntos de la ciudad y en diferentes estaciones de transporte público y el resultado fue que hay total ignorancia sobre el tema. Tengo la transcripción del audio y el audio, por si gustas.
Tener privilegios es lo que hace la diferencia entre la justicia y la impunidad. Debo confesar que justo eso muchas veces me hizo sentir muy mal, pues conozco a Ulises Lara y a Sayuri Herrera, quienes en muchas ocasiones me (nos) apoyaron con caso específicos para que en la mayoría de las veces se obtuviera justicia.
En otros casos no, porque se trataba de personajes cercanos a Ernestina Godoy o a otras figuras de alta esfera, casos que a la fecha no han tenido justicia. Por cierto, en uno de ellos, que se trata de pedofilia, Citlali Hernández, tu secretaria de las Mujeres, bateó la denuncia.
Me sentí mal porque no todas las mujeres que se ven en situaciones como la tuya, o que han sido violadas, golpeadas, acosadas laboralmente, que han sufrido tentativa de feminicidio o las huérfanas de feminicidio, cuentan con esas relaciones, con ese capital social.
Yo hago lo que está en mi mano para perseguir justicia, ¿por qué? Porque mucho de esto lo aprendí en aquel movimiento estudiantil en el cual tú y yo nos conocimos y del que, 30 años después, acudiste al festejo a la facultad de Ciencias Políticas y Sociales.
Porque soy sobreviviente de tentativa de feminicidio, abuso sexual, acoso callejero y otras violencias desde la edad de ocho años.
Te escribo esta carta, en primer lugar, con la intención de dejar claro que no es meritorio políticamente que porque tú viviste un acoso ese hecho hoy tenga que ser indignación nacional. Esta y otras violencias las hemos denunciado (a veces hasta en diez instancias diferentes) y la respuesta es, como lo decía aquel supuesto enemigo, “ni las veo, ni las oigo”. Hemos denunciado en las calles y tu respuesta, al igual que la sociedad a la que convencieron de estigmatizarnos, es: “esas no son las formas”.
En segundo lugar, porque espero que así como se hizo contigo, se haga una campaña nacional para dejar de estigmatizar y de criminalizar la protesta. Para que se apliquen las diferentes leyes que están incluidas en la Ley General de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia a nivel nacional. Para que el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos en el tema del aborto sea sacado de las leyes penales en todos los estados.
La consigna “Te cansas de verlo, nosotras de vivirlo” justo responde a que todos los días, a todas horas, en todos los lugares y a cualquier edad lo sufrimos.
No, no estamos locas, ni somos violentas, ni quemamos o rompemos porque se nos ocurrió sin más, es porque lo vivimos y lo sufrimos todos los días, y cuando tomamos el valor de denunciarlo, hablarlo y señalarlo no contamos, como tú, con todo el aparato del Estado para que se proceda conforme a derecho.
Esa frase: “Lo que no se nombra no existe”, con la que tomaste posesión del cargo, es una frase política que nos da la fuerza para seguir luchando contra todo aquello que la estructura de Estado ha pretendido callar, esconder o minimizar. Es una frase y una acción que se hace molesta cuando nosotras –las mujeres que seguimos luchando o que se han unido a esta lucha– no dejamos de nombrarlo.
Las desapariciones, los secuestros, las violaciones, el acoso, la violencia vicaria, económica, las agresiones físicas, son una realidad que nos carcome a la gran mayoría de las mujeres en nuestro país, pero no contamos con el privilegio del poder de Estado.
Los derechos de las mujeres tienen que dejar de ser botín político, los derechos de las mujeres nos pertenecen al igual que el derecho a no seguir siendo violentadas por las instituciones y esto no tiene bandera partidaria, porque la militancia también es un derecho social, pero cuando gritamos, rompemos y quemamos no somos militancia partidaria, somos militancia por la vida, una vida digna que nos merecemos.
No, Claudia, no somos iguales, ni tenemos los mismos privilegios, no somos como tú ni lo podemos ser, no llegamos todas, porque las que ya no están a consecuencia de la omisión del Estado quedaron en la memoria de sus hijos, hijas, madres, padres, hermanas, compañeras.
¿Sabes cuántas veces se denuncia al agresor en las fiscalías por golpes o amenazas de muerte y desde ahí las autoridades regresan a las mujeres con sus agresores arguyendo que no son lesiones que pongan en riesgo la vida, aunque a todas luces hayan sido golpeadas con saña? Alegan que solo es una amenaza y no hay cómo comprobarla y después de días resultan asesinadas. Hablar desde la máxima tribuna es un privilegio que no se tiene en las calles.
Tampoco soy de derecha, ¡ni las diosas lo permitan!, pero sí mantengo firmes mis convicciones. Félix Salgado Macedonio, Cuauhtémoc Blanco, etcétera, son, diría Omar García (quien nos encapsula, golpea y arresta sin más) generadores de violencia contra mujeres, al igual que muchos otros de la élite política, quienes también gozan del privilegio de contar con el poder del Estado.
Vestir de morado no cambia nada, asumirse feminista tampoco. Cuando nos asumimos feministas adquirimos la gran responsabilidad de hacer un trabajo muy duro con nuestra propia deconstrucción y una comprometida congruencia. Con esto te recuerdo el 15 de septiembre y el horrible y asqueroso mal enunciado de Paco Ignacio. No podemos por un lado asumirnos como víctimas de una agresión y por otro permitir que “compañeros” sean agresores.
Cuando vi lo que te ocurrió en la publicación de Agustín Guerrero (también conocido desde el movimiento) me dieron ganas de estar ahí y sí, darle a ese sujeto cuando menos un trancazo, porque a estas alturas de mi vida ya no me paralizo, ya golpeo, grito insulto, porque sé que nada ni nadie va estar de mi lado.
Espero que a partir de este hecho no solo dejen de amedrentarnos con la presencia de granaderos en las manifestaciones, no solo se hagan campañas de desestigmatización y descriminalización de la protesta, sino que también haya un cambio radical en las fiscalías, ya que con tu suceso y con otros que tienen que ver con la élite política, han demostrado tener todo para hacer su trabajo conforme a derecho, con la misma inmediatez, diligencia y eficacia que contigo.
“Ni una más”
“No estás sola”
“Yo sí te creo”
“Ni una menos”
“Si tocan a una, respondemos todas”
Todas estas consignas y más no son artículos de lujo ni de comercialización, son los gritos de todas ellas, nosotras, otras que no tienen ni nunca tendrán el privilegio de ser mujeres del poder.

