Carta para A. y el nada oculto sentido de mi voto…

Querida A.

Entre nuestras interminables pláticas subrepticias -pues entiendo que los canales de confianza los hemos creado con el paso de los años, un tanto para no incomodar a tus empleadores, insufribles y antipáticos destructores de la libertad, quienes juzgarían nuestra amistad como un asunto políticamente incorrecto, sucio y pecaminoso, y otro tanto porque así es más divertido- ha quedado un tema pendiente y este es el sentido de mi voto, tangencialmente ya lo hemos platicado, un mensaje aquí, otro por allá, alguna reflexión a medias en algún muro o una llamada inconclusa, este es un buen momento para comentarlo.

Fíjate bien, no es solo un acto reflejo condicionado a mi trabajo o a mis filias y fobias, tampoco es que no lo haya razonado -por duro o inamovible que este parezca- sin embargo, mi voto es y será para José Antonio Meade Kuribreña y te explico por qué.

Afortunadamente, dada tu juventud hay algunas situaciones que no has vivido y que difícilmente vivirás, el México de los setenta y de los ochenta que afortunadamente no regresará, no fue una panacea económica, ni mucho menos un modelo a seguir o a replicar, sin duda guardo buenos recuerdos familiares y de mi niñez, pero también otros que me han ayudado a decidir por dónde caminar en mi adultez.

Verás, tuvimos un par de presidentes que gustaban de invertir y a la vez, de pedir prestado, confiaban en el mercado petrolero y en la buena voluntad de nuestros vecinos del norte, tanto México como Venezuela consolidaron su fuerza en la región, y aunque por poco tiempo, experimentamos tasas de crecimiento mayores al 4%, un buen día dejamos de pagar y nuestra principal riqueza energética perdía valor.

Abusamos del crédito barato que otros nos otorgaban y experimentamos verdaderos déficits en nuestras balanzas de pago, sufrimos de una desorbitada expansión del gasto doméstico en varios casos, y de políticas de estabilización de precios basadas en el manejo único e irracional de las tasas de cambio, teníamos un gobierno gordo que tenía las herramientas para mover o modificar algunas variables económicas a su antojo, y que como tu bien dices, de ahí derivaron muchos vicios que fueron dando al traste y afectaron negativamente a la economía mexicana. ¿Te suena?

A ello súmale los altos niveles de desempleo, a diario cientos engrosaban las filas de la desesperanza, por la mañana ganaban miles de pesos, por la tarde millones, días después ya no ganaban nada, la generación de mis padres y la mía tuvimos que vivir episodios agudos y prolongados de alta inflación, pobreza extendida, cancelación de proyectos de inversión, de empleo, penurias para satisfacer necesidades básicas y patrimonios perdidos en poco tiempo.

Por alguna extraña razón el gobierno federal, probablemente intentando corregir algunas externalidades, decidió controlar precios de la canasta básica y racionalizar subsidios a dichos productos, idearon un “paquete para frenar la carestía”, que consistía en vender productos básicos a “precios controlados”.

Mientras se combinaba el control de precios y estímulos fiscales y financieros, con el apoyo de la Compañía Nacional de Subsistencias Populares mejor conocida como CONASUPO, pusieron en marcha un programa para la producción, abasto y control del paquete básico de consumo popular, ayudó, pero a la larga fue un gran problema. ¿Te recuerda a alguien?

Como el abasto no estaba del todo asegurado a alguien se le ocurrió implementar el famoso, pero poco explicado “precio de garantía”, cuyo objetivo principal fue incrementar la producción agrícola para garantizar la producción de alimentos y materias primas baratas, y apoyar así la industrialización; en resumen, el gobierno te garantizaba un mínimo por la tonelada de algún insumo, sin embargo, estas políticas contribuyeron al descenso de  la competitividad agropecuaria y del desarrollo rural. ¿Te viene a la mente algún candidato defendiendo este argumento?

Con el paso del tiempo, no fue mucho, la tecnocracia -la nueva clase política, tan odiada por muchos- junto con un grupo más o menos responsable de la derecha se impusieron como meta liberar el mercado y ello implicaba terminar con un sinfín de subsidios, apostar por la autonomía del banco central, negociar con el mundo, aceptar y adoptar nuevas tecnologías y dejar de lado un sinfín de vicios que la economía adopta cuando personas bien o mal intencionadas, pero ignorantes de la conducción de un estado nación generan pensando que el sol se tapa con un dedo. Hoy día hay quien afirma que la apertura no ha generado desarrollo. ¿Tienes en mente quien lo dijo?

Desafortunadamente la economía no se corrige en una generación, ello explica porque todavía existen niveles de desigualdad y pobreza preocupantes, los cambios son incrementales, no son de un día para otro, toma tiempo.

Ahora tu generación se ha acostumbrado a la rapidez, a la inmediatez, la tecnología y su expansión han abaratado y socializado su uso, la banca funciona para apalancar no solo al Estado sino también a los ciudadanos, la transparencia ha llegado para quedarse, la inflación de menos de un dígito ya es algo normal, la expansión de las políticas de vivienda, derechos sociales, humanos, políticas de género, expansión del sistema educativo, etcétera.

Cuando las sociedades se abren al desarrollo traen consigo graves problemas de corrupción y no hemos sido refractarios al tema, también hay que reconocer que algo se intentó hacer en este tiempo, en un ejercicio de autocrítica tenemos que estar conscientes que no ha sido suficiente, ni ha sido tan rápido como la ciudadanía legítimamente lo demanda.

¿Sabes? Todo ello, a todo lo que tu te has acostumbrado en materia económica ha sido posible gracias al centro y al centro derecha, nada de ello se lo debemos a la izquierda, y así ha quedado demostrado, sin duda han tenido sus grandes aportaciones en otras materias, y afortunadamente no había la posibilidad de dirigir el barco, cuando acotas la libertad de los mercados, en un mundo tan interconectado, estas destinado a encallar en el mejor de los casos y con mucha seguridad a naufragar, la socialdemocracia europea no es sinónimo de socialismo. ¿No te lo había dicho? Por cierto, cuando ambos extremos del espectro político se unen, ha resultado un desastre total.

Por todo lo anterior y mucho más, encuentro en el Dr. Meade Kuribreña la mezcla de madurez y templanza para afrontar nuevos retos y corregir abusos y distorsiones, pero también reconozco que lo distinguen la experiencia y el conocimiento para lograrlo, ello no es menor, al contrario, es deseable.

Se me ha quedado grabado algo que tú me has dicho ¿en verdad quieres subirte a aquel utópico tren? Te recuerdo que puede resultar muy peligroso…

P.D. En espera de que tu juicio hacia mí no sea mortífero ni lapidario, espero de forma soterrada, secreta y subrepticia tus comentarios, lejos del ojo y juicio inquisitivo de tus insufribles empleadores.

Atentamente,

Tonatiúh Medina

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