En los primeros 21 meses del gobierno del presidente López Obrador se pueden ver cinco características que han marcado su comunicación, que lo hacen un caso único entre los presidentes de México e incluso a nivel internacional.
1. Presencia en los medios. Con mucho es el presidente que más cobertura mediática ha tenido. Esto en razón de dos realidades: La estridencia de su comunicación a base medias verdades o francas mentiras y siempre polarizar. Eso llama la atención de los medios. Es un modelo muy semejante al de los presidentes Trump y Bolsonaro. Y la otra el instrumento de difusión que son sus comparecencias mañaneras, que han demostrado ser muy efectivas, para marcar la agenda mediática.
2. Su capacidad como comunicador y publicista. Mantiene una comunicación no solo intensa sino también asequible y cercana con sus simpatizantes. Les dice lo que quieren oír, no importar sea falso o fantasioso. Elabora constantemente frases atractivas de propaganda política que son pegajosas, que sintetizan ideas y temas de manera tal que sus bases se alimentan de ellas y llaman la atención de los medios.

3. Control de la agenda mediática. El estilo de comunicación estridente y escandalosa, la polarización y el franco conflicto con todos lo que no piensen como él, las frases pegajosas y el instrumento de la mañanera, todos los días le permiten marcar la agenda mediática. Le ayuda que la gran mayoría de los medios han decidido seguir la agenda del presidente y no proponer la suya.
4. Comunicar, para cubrir la incapacidad. Hay una diferencia enorme, un abismo, entre el comunicador excepcional y el gobernante incapaz de ofrecer buenos resultados. Estos meses de gestión han sido un verdadero desastre en el campo de la salud, la inseguridad, la economía y el conjunto de las políticas públicas. El desastre lo cubre, lo disfraza, con comunicación. Los suyos se lo aceptan. Ponen más atención en el discurso que en las realizaciones.
5. Comunicación y aprobación. El presidente, para el desastre que ha sido su gobierno mantiene niveles de aceptación relativamente altos. A los 21 meses de gobierno la valoración de los presidentes Fox y Calderón era semejante. Las encuestas muestran que en todos los rubros su gestión gubernamental está mal evaluada. Lo que sostiene su aprobación es su comunicación y no su acción. De seguir las cosas como van, sin ofrecer resultados, más allá de la entrega de dinero, lo más probable es que su incapacidad como gobernante le empiece a pegar en su imagen personal. La comunicación tiende a desgastarse, para que aparezca la realidad.

