“Si la unidad se halla amenazada, si el éxito de la acción de gobierno se ha resentido y se resiente de esa falta de unidad, y si, como pasa conmigo me sigo considerando miembro del Partido Nacional Revolucionario por lealtad a sus principios, que encarnan, en el pensamiento otro original que le dió vida, el triunfo definitivo de la Revolución Mexicana, mi deber fundamental es renunciar el ejercicio del mandato que el pueblo me confió a través y por selección de ese partido, para que con mayor utilidad de acción en el futuro —ya que no de pensamiento— se logren plenamente las altas finalidades que todos perseguimos.
Pascual Ortíz Rubio, 2 de septiembre de 1932.
La renuncia de Claudia Sheinbaum Pardo a la Presidencia de la República es un escenario más que viable y que cada día que acontece se va configurando como la inevitable salida para salvar su integridad política, ante la imposibilidad de sostener el “pacto” de su antecesor con los grupos fácticos.
Sí, así de contundente y de frío debe señalarse porque en los hechos hace tiempo que ella dejó de ejercer el poder en este país. Los errores fueron sistémicos y también fueron personales, ella aceptó representar intereses que consideró podía administrar a su conveniencia pero jamás valoró que aquello que le “heredaron” ya venía con fecha de extinción.
Lo anterior no es un razonamiento en función de un deseo o ensoñación sino la lectura de una realidad política mexicana que demanda un golpe de timón por causa de la insostenible situación en la extensión del territorio nacional, especialmente, con lo concerniente al dominio de los grupos fácticos en gran parte de los municipios y entidades.
Los analistas que han perdido la brújula hace tiempo y que no comprenden que la lógica imperante en México es la de un territorio en guerra no logran figurar qué sucederá cada hora, cada día o cada semana. Hace poco más de dos años un servidor anticipó este aciago momento que se vive y aún hay gente que se atreve a decir: “pues ya veremos”.
Claro que nunca verán y la noche del pensamiento que transgrede y sufre la inteligencia mexicana se propaga y por ello no se pueden leer día a día opiniones que valgan la pena y que no recaigan en una simple difusión de mentiras o de intercambio de ataques propagandísticos.
La oposición ha fallado de manera importante en ese rubro. No entienden que el México de los equilibrios y la Transición murió en julio del 2024 y que lo que viene es nada más y nada menos que la construcción de un nuevo régimen después de la tormenta bélica. La batalla actual no se gana con columnas ni publicaciones egocéntricas en redes. Hay que alzar la voz en los foros donde sea determinante alzarla. Que mexicanos maten a otros mexicanos por el crimen organizado es la forma más baja de los conflictos. La guerra real está en las calles y la causó el oficialismo.

Por otro lado, basado en la lectura de las acciones y no las palabras de los Estados Unidos, se anticipa que el partido oficial perderá de forma y fondo su registro por motivo de las acusaciones de sus liderazgos y sus vínculos con los cárteles. Se viene una ola de detenciones sin precedentes que exigirán el replanteamiento del régimen en pleno 2026.
El escenario de la renuncia de Claudia Sheinbaum Pardo es la mayor posibilidad en función de su comprometida situación política y personal y por esa lealtad tropical que la dejará exiliada de la vida pública de México por el resto de sus días. La iracunda, la otrora científica, la que se adjudicó el triunfo político de las mujeres se subyugó a una herencia maldita que puede quebrar al país mismo.
Finalmente, los fenómenos allí están, su tiempo y circunstancia no la favorecen. Pascual Ortíz Rubio entendió su circunstancia y se fue a su casa. Ya sucedió en el siglo XX y sucederá de nuevo, le pese a quien le pese.
Bismarck Izquierdo Rodríguez
Secretario de Cultura del CEN del PRI
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