El control efectivo de la corrupción no es nada sencillo, nos dice Eduardo Bohórquez, de Transparencia Mexicana. Seguramente lo sabe muy bien López Obrador; suponemos que debe saber también que para enfrentar a la corrupción no bastará con que él ponga el ejemplo.
Todos sabemos que el problema tiene raíces profundas y que se ha convertido en una forma de vida en el país. Es claro que no está nada fácil, porque, entre otras muchas razones, la corrupción es una especie de industria de la cual vive mucha gente.
López Obrador tiene que hacer mucho, en muy poco tiempo, para que a la sociedad le quede claro que va en serio. No va a ser suficiente su palabra y su ejemplo, si alrededor suyo y de su gobierno las cosas no cambian.
Fox prometió lo mismo, y por lo que decía y estaba haciendo, había indicios de que algo podía pasar y hacer. Al final no pasó nada trascendente; recordamos bien que empeñó su palabra. La sociedad mexicana terminó por vivir y ser testigo de una historia conocida.
Miguel de la Madrid propuso, en 1982, la “renovación moral”. Para ello colocó como eje de su política de lucha contra la corrupción a un buen personaje, Samuel del Villar. Al final todo quedó en buenas intenciones, las cuales se fueron diluyendo en la medida que avanzaba el sexenio.
López Obrador argumentará lo que en otras ocasiones dice: “no somos como ellos”; sin embargo, el gran problema está en el tamaño del asunto. No es que sea imposible resolverlo; la cuestión es que existen en torno a la corrupción, muchas formas de vida que se han enquistado y que, paradójicamente, dan de comer, al tiempo que hacen un gran daño.
Dos áreas debe considerar, en la primera etapa, López Obrador como vitales: la transparencia y la rendición de cuentas. El pasado en este sentido es deplorable; como ejemplo fresco, lo que pasa en el presente sexenio.
López Obrador puede ser rebasado por su propio equipo. ¿Existe en torno al virtual presidente la misma voluntad y fuerza en el tema que manifiesta a toda hora el tabasqueño? No es una pregunta ociosa, porque quizá a los primeros que les va a tener que cuidar las manos es a sus propios colaboradores directos.
Don Jesús Reyes Heroles tenía una expresión juguetona, pero precisa, para definir a quienes trabajaban en el gobierno y la corrupción.
Un día, un amigo cercano de don Jesús lo buscó para recomendarle a un tercero que quería ser diputado. La definición que le hizo del personaje era cercana a la del hombre perfecto e incorruptible. La respuesta de don Jesús fue contundente; le preguntó: “¿ha estado donde hay?”.
El ejemplo y actitud de López Obrador va a ser clave, pero también va a ser el que no deje pasar nada, como todo indica, pasó por momentos durante su gestión en el Gobierno del DF.
RESQUICIOS.
Así nos lo dijo ayer, sobre el caso Lula, Regina Crespo, de la UNAM: Estoy estupefactacon lo que pasó el domingo, en Brasil, en el caso del expresidente Lula. Un juez se abroga una decisión que afecta a todo un país, por encima de todos los juzgados.
Al lado de esto, los medios de comunicación toman partido y presionan, como lo hicieron todo el fin de semana. TV Globo, a la cual algunos la conocen como TV Gebels, se ha encargado de avalar y promover la decisión de los jueces que quieren a Lula en la cárcel.
Hay una gran controversia en el Tribunal Superior de Justicia General, con el tema de la elegibilidad y legitimidad de los candidatos. Al no decidirse, pasa por alto a todos aquellos que buscan una candidatura, es el caso de Lula, quien está encarcelado, pero no sentenciado. Hay casos de personas que están en la cárcel, que han participado en elecciones y han ganado.
El asunto está por encima de los tribunales. Una decisión jurídica terminó en una decisión parcial y política.
Este artículo fue publicado en La Razón el 10 de julio de 2018, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.
