Sin la menor duda Patrick Wood Crusius sabía muy bien lo que quería hacer. Viajó nueve horas en auto desde un condado cercano a Dallas, en donde había preparado su brutal estrategia.
Crusius era definido por sus vecinos como “solitario, distante e irritable”. Se sabía poco de él hasta que los descorazonadores y tristes hechos del sábado mostraron su personalidad y su forma de contemplar y ver al mundo del joven de 21 años.
Las redes sociales terminan por definirlo. Consignaba que “sufrimos una invasión en Texas. Ellos son los instigadores, no yo”.
En Crusius no hay arrepentimiento. Según la policía local de inmediato colaboró, “se mostró muy comunicativo. No se guardó nada”. Todo indica que lo tenía planeado y que sería sólo cuestión de tiempo para que le disparara a mexicanos; los tenía en la mira. Es un acto que pasa por razones psicológicas, sociales, ideológicas y seguramente también como una venganza social, con todo lo que esto conlleva.
Patrick Crusius no sólo tomó un arma, de las que se consiguen con pasmosa facilidad en EU para matar a todo mexicano que bajo su estereotipo racista lo pareciera. La muerte fue un mensaje para los connacionales que viven en EU. No sólo se trataba de acabar con sus vidas, fue la acción de una persona que muy probablemente representa a muchas más.
No se puede considerar lo que ocurrió en El Paso como hecho inédito. Son reacciones y acciones que definen el pensar de buena parte de los estadounidenses, en particular de quienes viven en la llamada “América profunda”.
Las cifras de lo que EU ha vivido a lo largo de este año
confirma la pesadilla que viven en el país. En 2019 han muerto 8 mil 759 personas por tiroteos; se han registrado 253 tiroteos masivos; 100 niños menores de 11 años han muerto por heridas de bala; 183 policías han sido abatidos en hechos que involucran armas.
EU vive un momento profundamente delicado. El negocio de las armas es fundamental en la economía del país, además de ser parte central en la vida y la cultura de los estadounidenses. Tiene que ver con ellos desde que son niños, a lo que se suma el entorno porque son parte de una nación que vive entre guerras e intervenciones. Un joven estadounidense promedio se familiariza de manera formativa con el uso de las armas a querer o no.
Otro factor de igual importancia tiene que ver con lo que ha pasado en el país en los últimos años. Donald Trump y su discurso confrontativo hacia los hispanos y en particular hacia los mexicanos, ha exacerbado una corriente de opinión, que siempre ha existido, en contra de las minorías.
Buena parte del voto que llevó a Trump a la presidencia, y que podría llevarlo a su reelección, tiene que ver con esto. Es una paradoja, una de las naciones más admiradas y en muchos casos el centro de aspiraciones de un gran número de migrantes, es en sus entrañas racista, xenófoba y profundamente violenta.
La gran nación está cargada de contradicciones. El fin de semana dos jóvenes, en diferentes lugares, hicieron valer a través de la muerte su mirada del mundo, apuntalada en muchos casos por los centros de poder político y las élites de EU.
Trump nos ha colocado como su eje del mal para ganar las elecciones. Las consecuencias se están viendo, los migrantes se han convertido en muchos ámbitos del país en el centro de ataques, un testigo en El Paso lo explica: “buscaba a los que parecían mexicanos”.
La muy famosa cantante estadounidense Rihanna, al tiempo que manifestó su profundo pesar por lo sucedido, agregó una opinión lapidaria que define a su país: “¡Imagina un mundo en donde es más fácil obtener una AK47 que una visa!, ¡imagina un mundo en donde ellos construyen un muro para mantener a los terroristas en Estados Unidos!”.
RESQUICIOS.
Quién sabe en qué pueda acabar la demanda que va a presentar el gobierno por lo que define como “terrorismo contra mexicanos”. El hecho mismo de presentarla ya es particularmente importante; es un gran paso.
