Cuauhtémoc Blanco, un chiste trágico para la calidad democrática

El futbol es el deporte más popular de México, tiene millones de aficionados que encuentran en su práctica o seguimiento a través de los medios de comunicación una alegría en sus vidas cotidianas. Despierta pasiones y genera una expectativa social impresionante.

En México hemos tenido grandes figuras de diferentes disciplinas deportivas, que han destacado a nivel internacional, sin embargo, por ser el deporte de mayor arraigo, las estrellas de futbol tienen un arrastre especial entre la gente, aun cuando es un deporte donde no hemos logrado nunca destacar en el plano internacional de forma trascendente.

En las últimas décadas, uno de los futbolistas que desató más pasiones dentro y fuera del campo fue Cuauhtémoc Blanco, con gran talento deportivo y jugadas vistosas mezclado con un carácter polémico que, no pocas veces, lo puso en medio de escándalos dentro y fuera de la cancha.

Ser, o haber sido, deportista, bajo ninguna circunstancia te inhabilita para la política o para ocupar un espacio público. Pero ser popular por el deporte, o cualquier otra actividad de exposición mediática, tampoco te hace apto para ser servidor público.

Así como el deportista tiene que prepararse día con día, el que pretenda ser servidor público requiere prepararse para ello, con una gran diferencia, si el astro deportivo comete un error, no genera un daño social, en todo caso puede llevar a su derrota individual o colectiva y decepcionar a sus aficionados. Cuando los que hacen política se equivocan, pueden llevar en medio de ese error la vida de miles, cientos de miles o millones de habitantes, según sea la magnitud de su encargo.

Pues, de pronto, Cuauhtémoc Blanco decidió incorporarse a la política.

Es importante destacar que esta figura, de manera directamente proporcional al talento que desbordó en las canchas, ha mostrado, dentro y fuera de ellas, su ausencia de cultura, de preparación, de valores cívicos y ciudadanos que permitan considerar que puede ser un buen gobernante. Líneas más adelante fundamentaré lo anterior.

Pero es importante preguntarse, ¿por qué entra Cuauhtémoc Blanco en la política?

No lo hace por interés de realizar cambios sociales o por inquietudes de participación. Se ha hecho público un contrato firmado por el Partido Social Demócrata, el representante de Cuauhtémoc Blanco y el propio “Cuau” en donde cobra siete millones de pesos por ser candidato a Presidente Municipal de Cuernavaca.

Es decir, para él era una campaña publicitaria más. Como si lo contratara una marca de refrescos para anunciarlos. Como tal, el contrato incluía cláusulas como horarios de trabajo en campaña, requisitos de un tipo vehículos para su movilidad, los hoteles en que se hospedaría y lo que debería haber en dichos hoteles así como en las habitaciones que le fueran asignadas. Costo adicional por tomarse fotos con los ciudadanos que acudieran a sus eventos de campaña. Es decir, simple y llanamente, una campaña publicitaria.

Aquí es importante, para quien no lo sepa, que eso está prohibido por la ley. Nadie puede cobrar por ser candidato. ¿Qué ha pasado? La velocidad en la aplicación de la ley en México es insultante. Tiene unos meses que salió un fallo contra el PRI por el caso MONEX ¡de 2012!, así, el caso contra Cuauhtémoc por haber recibido dinero para ser candidato aún no ha sido resuelto, probablemente la autoridad dará un fallo condenatorio mucho después de acabado su encargo actual y el proceso electoral en el que ya participa.

Por otro lado, otro de los elementos que se investigan es la presentación de documentos falsos para acreditar su residencia y poder así competir por la Presidencia Municipal de Cuernavaca. Sí, falsificación de documentos, lo que para un ciudadano común es delito, pero parece que para competir electoralmente es sólo una travesura, como acaba de quedar claro con los casos de Margarita Zavala, Jaime Rodríguez y Armando Ríos Piter, en la búsqueda de candidaturas independientes a la Presidencia de la República.

Así, Cuauhtémoc compite por un salario, creyendo que está haciendo una campaña publicitaria y se presenta con documentos falsos, pero gana en las urnas porque la escasa cultura democrática con que se vive en México permite que la gente vote por popularidad y, no cabe duda, que él como estrella de futbol es altamente popular.

De entrada, estos elementos, haber llegado violando la ley y cobrando por ello, deberían ser suficientes en una sociedad democrática e informada para descalificarlo para competir por algún otro cargo público, pero además en su gobierno se ha caracterizado por la opacidad y la falta de transparencia en el manejo de obras y recursos económicos, existe de hecho una denuncia vigente contra él por fraude fiscal y por realizar operaciones con recursos de procedencia ilícita.

Pero la popularidad llama y en este momento en que MORENA, y Andrés Manuel López Obrador purifican y perdonan pecados a todos aquellos que le pueden atraer votos y como parte de “la dote”, que pidió el PES por su matrimonio con el Movimiento de Regeneración Nacional, sin que además ello les molestara demasiado, Cuauhtémoc Blanco es el candidato de la coalición “Juntos haremos historia” al gobierno del estado de Morelos.

No se sabe si por esta nueva candidatura volvió a pedir algún contrato o sí simplemente ya vio en el gobierno de Cuernavaca que, de llegar al gobierno, puede obtener más jugosas ganancias, pero “Cuau” estará en la boleta y contará con todo el respaldo de “la Esperanza de México”.

Parece importar muy poco que en su trayectoria futbolística se haya caracterizado en agredir en muchos momentos a compañeros de profesión, en ocasiones con violencia, en otras con insultos o escupitajos, desatando incluso en muchas ocasiones grescas que han pasado a la historia como algunas de las más violentas en la historia reciente del futbol, trascendiendo hasta las gradas y desatando enfrentamientos entre el público.

Puede asociarse en el futbol la figura de Cuauhtémoc a muchas cosas, pero a una de las que nadie lo asociaría es al fair play. Si algún entrenador quisiera dar a sus jugadores ejemplos de conductas anti sociales, que no se deben cometer en la cancha jamás, podría perfectamente ilustrarlas con muchísimos videos de Blanco.

En ese mismo sentido se ha caracterizado por ser acusado de violencia doméstica por varias de las parejas que ha tenido a lo largo de su vida. Sin lugar a dudas su candidatura debería ser una afrenta para todos los que luchamos por la equidad de género y por los derechos de la mujer. Curiosamente a Cuauhtémoc le tocó jugar en el primer partido profesional que fue pitado por una mujer, Virginia Tovar, a la que Cuauhtémoc espetó, por no estar de acuerdo con sus decisiones, que “mejor se fuera a lavar los platos”. En este concepto tiene Cuauhtémoc a las mujeres. A muchos no les preocupará, cuando tuvimos un presidente como Fox que les llamaba lavadoras de dos patas, pero, insisto, a quienes luchamos por la equidad y contra la violencia y la discriminación de la mujer nos parece alarmante.

Fuera de las canchas, también, ha sido protagonista de escándalos por su prepotencia y propensión a la violencia. En alguna ocasión no pudo participar en un partido en Estados Unidos por no pagar una demanda que tenía en Houston por haber golpeado a dos trabajadores cuando uno de ellos lo identificó como el novio de Galilea Montijo.

Su cultura quedó también de manifiesto el 11 de enero de 2016 cuando en un acto solemne, en una primaria de Cuernavaca, agradeció al Licenciado Benito Juárez García por permitirles estar ahí.

No he conocido, hasta el día de hoy, a alguien que me dé un argumento serio de por qué Cuauhtémoc Blanco deba ser gobernador de MORELOS, más allá de que va arriba en las encuestas. La política como un circo.

En la época en que surgieron las carpas, como espacio donde los comediantes criticaban, entre otros, a la clase política de su tiempo, nadie habría osado imaginar como comedia del absurdo lo que hoy se nos presenta como realidad política. Una elección cubierta de personajes sin ningún mérito político o preparación para representarnos en el espacio público, sino basados únicamente en su popularidad, ungidos por partidos o figuras que les dan el espaldarazo y votados por una ciudadanía harta de lo existente, pero incapaz de medir el tamaño de riesgo que implica encumbrar este tipo de personajes.

No creo exagerar cuando digo que, a mi consideración, que Cuauhtémoc Blanco encabece las encuestas a Gobernador de Morelos, con estos y otros antecedentes, representa una emergencia democrática nacional que deberíamos atender todos, no sólo los morelenses.

Ese tipo de candidaturas que surgen como “castigo ciudadano” a la clase política, como ocurrió con Donald Trump, de pronto pasan de ser chistes de café a realidades trágicas. Nadie creía que Trump ganaría y hoy tiene al mundo entero en jaque. Nadie vislumbraba, ni el propio Blanco, que sería alcalde de Cuernavaca, pero llegó. Hoy, si no hacemos algo, parece que podría gobernar Morelos, quien dice que en seis años no podría buscar, con esa plataforma la Presidencia de la República.

Hay males que se deben cortar a tiempo, antes de que sea demasiado tarde. De lo contrario, como sociedad, podemos arrepentirnos.

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