La denuncia temprana:
El pasado 2 de abril publiqué en Etcétera la denuncia sobre el derrame en el Golfo de México. Desde febrero afirmaba que existían imágenes satelitales que mostraban con claridad la fuga en un ducto de Pemex. Un barco reparador especializado estuvo sobre ese punto durante 175 horas. La información estaba ahí. La evidencia era verificable. El gobierno la conocía.
Aun así, el aviso oficial llegó mes y medio tarde.
En ese tiempo, la mancha avanzó y terminó afectando casi mil kilómetros de costa y 96 sitios. Las comunidades enfrentaron el desastre sin información, sin equipo y sin capacitación. El gobierno se movió rápidamente dando explicaciones parciales, pretextos y la idea de que todo podía deberse a “emanaciones naturales”.
No era cierto. Y lo sabían.
El desenlace final:
El día de ayer16 de abril, finalmente se reconoció lo que se ocultó: la mancha de petróleo alcanzó las costas de Veracruz, Tabasco, Campeche y Tamaulipas. Los reportes estiman afectaciones de entre 600 y más de 900 kilómetros de litoral contaminado.
El impacto es devastador y confirma la magnitud de la imprudencia.
La responsabilidad:
El problema ya no es solo el derrame. Fue la irresponsable decisión de sostener una versión que no coincidía con los datos. Fue el tiempo perdido en pretextos cuando lo urgente era actuar. Esa falta de transparencia sobre las órdenes de trabajo y sobre la operación en el ducto. Esa fue la omisión convertida en una respuesta oficial que involucró a todo un gobierno que sostuvo una explicación que no coincidía con lo que ya sabía.
Después de un derrame de esta magnitud, el país merecía una información verificable, no versiones tardías ni explicaciones desmentidas por las imágenes. Lo mínimo es la claridad sobre el actual estado que guardan los ductos, así como los trabajos que se realizan en el ducto dañado, los pendientes y los plazos. Ahora lo mínimo es saber si el daño está contenido o si seguiremos dependiendo de comunicados que llegan después de los hechos.
El desastre ecológico solo nos confirma la lógica que hay zonas de sacrificio en los estados de Tabasco y Veracruz, donde la extracción petrolera se impone sobre todo lo demás.
La población volvió a quedar como siempre sin información ni protección.
La pregunta que queda abierta es contundente. No hay hoy excusas ni pretextos, sola la cruda realidad de tener un gobierno ineficaz y omiso.


