Días complicados

El Presidente debe saber que no está en sus mejores días. Por más que asegure que algunas encuestas están “cuchareadas”, se ha venido creando un ambiente que no le está siendo favorable.

El mandatario está entre dos fuegos. Uno, el que él mismo provoca; y otro, que tiene que ver con el paulatino crecimiento de una oposición que si bien no está articulada, se está haciendo presente. Las manifestaciones de las mujeres y su cuestionada reacción, construyendo nuevos escenarios, los cuales, en una primera lectura, tienden a serle desfavorables.

Las cosas se complican porque sigue sin haber un acuse de recibo acerca de las críticas, muchas de ellas fundadas, respecto a los actos de Gobierno. No se toma en cuenta que no todo lo que se señala tiene una intención perversa o pretende desacreditar en automático.

La autocrítica sigue ausente, lo que impide al Gobierno verse a sí mismo como principio para la gobernabilidad. Se defienden, las estrategias sin tener referentes que permitan procesos colectivos de análisis en función y para el ejercicio del poder.

En medio de esto, no se puede soslayar que muchos de los programas del Gobierno están en gestación o en proceso y, por lo pronto, no se conoce del todo sus alcances.

La expectativa que generó López Obrador es la que está siendo cuestionada, sobre todo porque los indicadores económicos resultan adversos. La crisis en los precios del barril de petróleo, junto con los resultados del año pasado de Pemex, están provocando serios problemas para el país.

A esto sumemos las reacciones y declaraciones del tabasqueño que en ocasiones, como en el caso del tema de las mujeres, han derivado en molestias, irritación y protestas.

La legitimidad del Presidente no está en tela de juicio; lo que empieza a cuestionarse tiene que ver con la manera en que se gobierna. Uno de los mayores problemas es que se ha ido construyendo una división interna entre ciertos sectores de la sociedad y el Gobierno, lo cual termina por ser de un riesgo mayor, porque se extiende a una buena cantidad de seguidores del Presidente.

La división es delicada por lo que puede provocar; empiezan a verse indicios de ello no sólo en las redes sociales. No queda claro, bajo las actuales condiciones, cuál puede ser la reacción de mucha gente, entre quienes critican al Gobierno y quienes lo defienden.

El Presidente, suponemos, tendrá motivos para referirse recientemente a temas como golpe de Estado, a lo que se suma la opinión de una mujer en este sentido, quien fue entrevistada el domingo; nos quedamos con la impresión de que existe una sobrevaloración de esta opinión; no vemos espacio alguno para una acción de esta naturaleza.

El país tiene un Presidente fuerte, con una legitimidad inédita, quien tiene además un apoyo popular que, a pesar de lo que se diga y especule, se mantiene en muy altos niveles.

Quizá lo que no quiere hacer el Presidente es cambiar de rumbo o cambiar su gabinete, porque eventualmente podrían verse como actos de debilidad o como errores. En el ejercicio del poder, estas actitudes no caben, porque siempre aparece un bien mayor, que es el de evaluar lo que anda bien y lo que anda mal; es aquí en donde el terreno de la autocrítica se convierte en una herramienta estratégica.

Nadie está exento de vivir días convulsionados y complicados; la clave es qué hacer con ellos y cómo revertirlos.

El Presidente está en el centro y lo seguirá estando. Hay muchos problemas, pero también hay manera de enfrentarlos; y para hacerlo hay que escuchar, hay que verse en el espejo y dejar de estigmatizar. Para hablar en el código del Presidente, estamos en los terrenos del “ayúdate, que así nosotros te ayudaremos”.

RESQUICIOS.

El Gobierno viene instrumentando un sano y necesario proceso de información sobre el coronavirus. La pregunta que anda por todos lados es a partir de lo que está pasando en el mundo y cómo se está reaccionando, si es suficiente con lo que se está haciendo en el país.


Este artículo fue publicado en La Razón el 11 de marzo de 2020, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

Autor

  • Javier Solórzano

    Javier Solórzano es uno de los periodistas mexicanos más reconocidos del país, desde hace más de 25 años. Licenciado por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México, cursó estudios en la Universidad Iberoamericana y, hasta la década de los años 80, fue profesor de Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana.

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