Cuando las cosas marchan mal, los períodos cortos son percibidos como una eternidad: esa es justamente la sensación que genera el primer año de la segunda administración de Donald Trump, quien ha tomado tantas medidas que han socavado el liderazgo estadunidense en el mundo, que el mero recuento requeriría ríos de tinta y papel o bien, muchos gigabytes. El desprecio por las instituciones; la manera en que defenestra al multilateralismo; el desmantelamiento del sector público en Estados Unidos; la imposición de aranceles y sanciones económicas en todo el mundo; un renovado imperialismo, en particular -aunque no exclusivamente- en el continente americano; su deseo por contener el ascenso de la República Popular China (RP China) como potencia global; la fragmentación europea; un gasto militar exacerbado; el culto a la personalidad y la obsesión por ser reconocido; entre otros, son los aspectos que más han definido su presidencia en este segundo período.
Como empresario tiene un apetito inmobiliario más allá de lo que la geopolítica podría dictar, con propuestas como la de los resorts que desea construir en Gaza y desarrollos internacionales con licencias en que participa, de manera conjunta, con Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Vietnam y otras localidades. Trump también está involucrado en las criptomonedas. Y ciertamente hay una diferencia entre el Trump 1. 0 y el 2. 0, al haber incrementado su fortuna personal aprovechando la enorme influencia y poder político que posee: entre 2024 y 2025 su riqueza pasó de 2 300 millones de dólares a 7 200 millones, es decir que la triplicó. En el pasado Trump enfrentó acusaciones muy serias de inflar sus activos para mejorar sus opciones de crédito, si bien logró la exoneración, al menos por ahora. Ya se verá si, cuando termine su segundo mandato y dependiendo de la correlación de fuerzas en el seno del partido republicano y frente a los demócratas, será posible llevarlo finalmente a juicio.
Mientras eso sucede, y a diferencia de su primer mandato, Trump hoy es más agresivo en sus negocios en el extranjero, mismos que sin mayor reserva impulsa, por ejemplo, en el sector petrolero con el apoyo de jeques árabes. En retribución por las actividades económicas y financieras emprendidas y para sellar una estratégica alianza política, Trump recibió como obsequio una lujosa aeronave de parte del gobierno de Qatar la cual se convertirá en el nuevo avión presidencial. Trump no acepta críticas: de ahí que creara su propia red social, Truth Social en la que busca la libertad que según él merece y que, por ejemplo, cuando se produjo la toma del Capitolio por parte de sus huestes en enero de 2021 para desconocer la victoria del demócrata Joe Biden, fue coartada cuando la red social X canceló su cuenta. Con Truth Social, Trump puede generar su propia narrativa y propagar desinformación y noticias falsas a placer.
¿Y qué decir de su nepotismo y tráfico de influencias? Los hijos de Trump y hasta su nieta, hacen jugosos negocios aprovechando la posición dominante del controvertido republicano en la política global. Desde los viñedos que producen un vino caro y mediocre que administra Eric Trump hasta los negocios del yerno -esposo de Ivanka- con la FIFA, hay múltiples inversiones y acuerdos que se han concretado con gobiernos extranjeros en beneficio de la fortuna personal del magnate y su familia.
La memorabilia trumpiana merece una nota adicional, dado que existen diversos productos que exaltan las frases y políticas más emblemáticas de Trump, como las gorras de Make America Great Again, pasando por camisetas que muestran al flamante nuevo Golfo de América, todo ello disponible en la Trump Store donde también se pueden adquirir publicaciones del personaje de marras, camisas, mugs, vasos, copas, banderas, artículos de papelería, bolsos, pijamas, cinturones, corbatas, bocinas, delantales, artículos de golf, certificados de regalo y un largo etcétera.
El nepotismo se extiende también a la idea de una “sucesión presidencial familiar” donde Eric Trump ha sido mencionado como opción. Justamente en esta segunda administración, el patriarca tiene un vicepresidente, J. D. Vance con quien han aflorado algunas diferencias, por ejemplo, respecto a Nicolás Maduro y Venezuela, frente a la docilidad mostrada por el secretario de Estado Marco Rubio, quien se percibe como posible contendiente para la nominación republicana en 2028. Pero falta ver qué dice Trump y si al final decantará por algún miembro de su familia.
En esta segunda administración, los problemas de salud de Trump han ocupado un mayor espacio, lo cual parece lógico cuando se mira la edad del controvertido empresario -el próximo 14 de junio cumplirá 80 años- y las señales de envejecimiento que se han materializado en lapsus, o bien las lesiones que diversos medios han identificado en sus manos. Si bien la vitalidad de Trump se mantiene, se percibe un poco disminuida, pese a lo cual el personaje continua con una intensa rutina de trabajo, encuentros y viajes.

A propósito de encuentros y viajes, Trump ha decidido operar como mediador de cara a diversos conflictos internacionales, y lo mismo ha producido planes de paz, por ejemplo, entre Israel y Gaza, que ante conflictos como entre Ruanda y la República Democrática del Congo, Camboya y Tailandia, Armenia y Azerbaiyán, Kosovo y Serbia, Israel e Irán, Egipto y Etiopía, Pakistán e India, algunos más efímeros que otros, utilizando constantemente la presión de los aranceles para propiciar concesiones entre las partes en conflicto. Ha señalado que él es más eficiente que Naciones Unidas, si bien las paces que ha logrado gestionar parecen de corta duración que constituyen sobre todo eventos mediáticos. El Departamento de Estado se ha encargado de impulsar la imagen de Trump como la del “presidente de la paz” y abiertamente el casi octogenario personaje ha dejado entrever su interés en torno al Premio Nobel de la Paz -aun cuando la galardonada con esa distinción en 2025, la opositora venezolana Corina Machado, regaló su premio al presidente estadunidense en un hecho que ha motivado una avalancha de memes.
A Trump le preocupa su legado. El próximo 4 de julio, Estados Unidos conmemorará 250 años de su declaración de independencia y tanto la Copa del Mundo como los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, se inscriben en esa lógica de festejos. Todo líder, sin importar sus pifias, aspira a ser recordado y Donald Trump no es la excepción. Pero la imagen que él mismo impulsa para sí, no corresponde con la agresividad migratoria desarrollada de manera aparatosa en su segunda administración, con deportaciones masivas que han generado múltiples incidentes, desde el envío a la prisión de El Salvador -CECOT- a una persona equivocada, hasta el asesinato de quienes protestan por los arrestos del ICE.
Trump no es institucional y, por lo mismo ha retirado a su país de organismos especializados clave del Sistema de Naciones Unidas, incluyendo la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), amén de otras seis decenas de programas y fondos internacionales para atender temas torales de la Agenda 2030 como la salud reproductiva, la vacunación, la investigación científica, la lucha contra la pobreza, la equidad de género, la asistencia al desarrollo, la agenda ambiental, y otro largo etcétera.
A lo que sí asigna recursos a niveles récord es al gasto militar, de lo que se desprende que su postura en torno al desarme es que es incompatible con la visión de que Estados Unidos sea grande otra vez. El impulso a lo militar se refleja en el presupuesto para combatir la migración, el narcotráfico, asegurar las fronteras, renovar el arsenal nuclear, construir el Domo Dorado y también ha propuesto modernizar las capacidades navales del país. Muchos de estos proyectos han sido anunciados en administraciones previas, si bien Trump parece resuelto a llevarlos adelante hasta sus últimas consecuencias.
Al final del día, Trump es el presidente de la transición hegemónica. Este es un proceso de larga duración y que se definirá en algún momento, posiblemente a favor de la RP China. Lo que resulta interesante es la manera en que el casi octagenario mandatario ha desarticulado la integración europea no sólo con exigencias financieras exageradas para el presupuesto bélico, sino con las negociaciones que directamente desarrolla con el presidente de Rusia, a quien parece respetar mucho más que a sus propios aliados. Hacer a un lado a Europa para decidir la suerte de Ucrania, ello sumado a sus pretensiones sobre Groenlandia que incluyen la amenaza del uso de la fuerza para asegurar dicho territorio, colocan a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) asediada no sólo por Rusia y quizá la RP China, sino ahora también por el que solía ser el país que salvaguardaba la seguridad europea, al borde del colapso. Japón hace tiempo perdió primacía en Asia frente al ascenso chino y, ciertamente, el de India y Corea del Sur. El poder mundial se está reconfigurando a favor de un escenario policéntrico, con Rusia crecientemente fortaleciendo su proyección en Europa; con la RP China, con su ruta de la franja y la ruta y con un EEUU que parece atrincherarse mayormente en el continente americano. Otras partes del mundo como África enfrentan la concurrencia de las tres potencias: Rusia con la venta de armas y la presencia de mercenarios; la RP China con inversiones cuantiosas para facilitar el acceso a materias primas estratégicas; y Estados Unidos que intenta mantener la relevancia en un continente donde entidades como Daesh se han posicionado con creciente influencia. Respecto a Oceanía, resta por saber la suerte que podría correr AUKUS, esa alianza militar creada por Estados Unidos, Australia y el Reino Unido en 2021 por la administración Biden y que se propone ser un muro de contención respecto a la RP China en Asia-Pacífico. Dado que el Reino Unido ha sido crítico de las políticas de Trump -de manera más reciente respecto a su pretensión de anexarse Groenlandia, y considerando que la ministra de finanzas de Australia ha de nostado las sanciones de Trump contra países europeos que apoyan a Groenlandia, seguramente la alianza AUKUS se debilitará, si no es que Trump también decide sancionar al país de los canguros.
El éxito de Trump frente al mundo en este primer año de su segunda administración ha consistido en dividir, polarizar, actuar con rapidez y hacer efectivas sus amenazas de sanciones arancelarias con una combinación de ataques militares selectivos y un discurso que desvaloriza y defenestra a diversos líderes mundiales. El factor sorpresa ha jugado a su favor, porque muchos países y líderes no terminan de salir de su asombro ante los hechos descritos. Como el mundo vive al día, la posibilidad de pensar en torno a respuestas más apropiadas ante los desafíos de Trump se ha reducido. En este sentido se impone recuperar el análisis prospectivo y favorecer una concertación entre líderes y países a efecto de ofrecer opciones viables y constructiva que permitan equilibrar la balanza. A nivel interno, en Estados Unidos, la oposición a Trump parece asentarse y lo que suceda en los comicios de medio término en noviembre será crucial para quizá, forzar al controvertido republicano a un comportamiento con cierta mesura y menos punitivo. Por lo ´pronto, este es el recuento de los daños en el primer año de la segunda administración de Trump. Y todavía faltan tres años más.

