A través de España, las Américas recibieron
en toda su fuerza la tradición mediterránea.
Porque si España es no sólo cristiana, sino árabe,
judía, también es griega, cartaginesa,
romana y tanto gótica como gitana…
España nos abraza a todos; es en cierta
manera, nuestro lugar común.
Carlos Fuentes: El Espejo Enterrado
La entrega pasada conté el dramático regreso sin pasaporte de España a México. Comencé In extrema res dirían los expertos. Llegué a Madrid a visitar a Mariana mi hija, ella vive ahí.
Abrazarla tras un año de no vernos, separadas por el mar y la pandemia, es el inicio de esta historia. Viajé con mi Mai, que es devoto de estas tierras y que las eligió como celebración de una merecida jubilación.
España me seduce desde que estudié letras hispánicas, en mi familia no había especial filiación como en otras tantas, donde la herencia es más directa. La amo por diversa, por artista, porque es la madre o el padre patria con todo y su leyenda negra.
Busco entre su historia claves, así como se busca en la biografía o se hurga entre los árboles genealógicos ¿Por qué me interesa tanto como los mayas o los aztecas? No lo sé, tal vez porque he penetrado a mil mundos a partir de la lengua hispana y no pienso hacer reparos o enmiendas políticas para justificar mis pasiones.
Comenzaré en una cueva debajo de la plaza de España. Un guía nos llevó a Mariana mi hija, a mi Mai y a mí a El Botín, el restaurante más antiguo del mundo (1725, ha operado 293 años con su horno permanentemente encendido) según el record Guinness. Cuchilleros 17 es la dirección, límite de la muralla medieval de Madrid. Su fundador, Jean Botín era un cocinero francés que al morir hereda el negocio a su sobrino, de ahí su actual nombre: «Sobrino de Botín».
El lugar es lo suficientemente legendario como tener sucursales de ficción: hay uno en Fortunata y Jacinta, de Pérez Galdós, o en las Greguerías de Gómez de la Serna. Hemingway intentó, infructuosamente, aprender a cocinar paella y Francisco de Goya trabajó allí como lavaplatos.
Como amante de la mitología griega, lo primero que llama mi atención en este país es la presencia constante de Heracles y sus columnas, lo veo en el ventanal del Botín y un huracán que me lanza por la ventana y caigo en lo que parece una cloaca. ¿O será la madriguera por la que cayó Alicia? ¿Serán los Señores del Ministerio del Tiempo que justo tienen sus headquarters aquí?
Viajo por la red para descubrir qué tiene que ver Hércules con España.
Hispania, la tierra de conejos, se fue labrando una historia con múltiples ocupantes, pero hay que nacer bajo el amparo de la grandeza y por ello, monarcas como el gran Alfonso X o intelectuales como Petrarca buscaron paternidad en el esplendor griego. El segundo eligió nada menos que a la bella Venus y al valiente buen hijo de Eneas como ancestros de Roma y Don Alfonso se inspiró en el héroe de héroes. En su obra «Estoria de Espanna» Alfonso X alude al semidiós en 42 capítulos.
Cuenta el monarca que fue Hércules o Heracles (su nombre griego) quien separó el sur de España del norte de África para llegar más fácilmente a la isla de Eritía, muy próxima a Cádiz, donde tenía un trabajo pendiente.
Él no dijo esto “es un gran paso para el hombre…” ni puso una bandera, pero marcó la hazaña con dos pilares a ambos lados del estrecho que formó. Las columnas han migrado de su lugar original a todos los escudos que representan la nación (el de Andalucía, Cádiz, el propio escudo de la bandera de España): se las puede ver en Sevilla o en muchos parques más, pues el mito ha dado fortaleza a su fundación.
Otra versión sostiene que fue Híspalo, hijo de Zeus quien abrió el estrecho y otra visión más realista señala que las columnas son dos montes. La columna norte (Kalpe o Calpe) es identificada con el Peñón de Gibraltar, la columna sur (Ábila o Abila) podría ser el monte Hacho en Ceuta o el monte Musa de Marruecos
Como sabemos la madrastra de Heracles, la diosa Hera, lo obligó a ponerse al servicio de su primo Euristeo, rey de Argos, para resolver doce trabajos. El que se cita en tierras hispanas es el combate con el gigante Gerión, un monstruo de tres cuerpos a quien debe robar su ganado de toros.
Es probable que Gerión no fuera un gigante de tres cuerpos, sino tres hermanos muy altos que atacaron a Hércules por robar su ganado. El héroe, con su mazo y armadura de la infranqueble piel del león de Nemea, logra amedrentar a la criatura, que huye hasta Galicia. Allí el semidiós mató finalmente a Gerión con sus flechas envenenadas y como ritual fundacional de la ciudad de Coruña levantó una gran torre donde “…fizo meter la cabeça de Gerion en el cimiento”.
Viaja victorioso por el Guadalquivir a otra tierra que nombra Sevilla en honor a su hijo Híspalo, de donde según la historia deriva el gentilicio de hispanos. Allí levantó seis altas columnas para delimitar la ciudad que después construiría Julio César.
Ciudades como Tarazona, Seo de Urgel y Barcelona también guardan historias que las vinculan con el hijo de Zeus. Gerión asesinó al nieto de Noe, el rey Tubal, primer monarca de la península y también a su hija, Pyrene. El monstruo quería controlar la región al casarse con la princesa, ella lo rechazó y él iracundo prendió fuego a los bosques, para que consumiera todo vestigio de la chica y de su mundo. La princesa desesperada pidió ayuda.
Hércules, que pasaba por la zona en busca del gigante, escuchó el llanto y acudió en su auxilio. No llegó a tiempo, pero la belleza de la princesa lo conmovió. En sentido homenaje enterró su cuerpo con las más bellas piedras de la localidad, que hoy son la cordillera de los Pirineos, que desde entonces custodian esta región.
Me he ubicado mitológica y geográficamente. Mi Mai y Mariana me apuran. El guía, mexicano por cierto, nos conduce a un hotel de 1610, su dueño era Juan Posadas ¿Será que gracias a él se bautiza así a este tipo de moradas, o se trata de una casualidad? El Hotel del Peine ha sufrido clausuras y remodelaciones. La relojería Girod adquirió el inmueble y dejó de funcionar como hotel hasta 2006. En 1982 se colocó un reloj en conmemoración del descubrimiento de América.
Su nombre alude al peine de plata que, con elegante deferencia ofrecían a sus huéspedes y el amor de éstos por el anhelado souvenir obligó a la administración a atarlo a una cuerda. Regresamos a la Plaza de España y el Rey Felipe VI pasa con una comitiva de autos y caballos: homenaje al pasado y la eficiencia del presente; y de pronto me parece que los tiempos se condensan en una plaza que hace homenaje a Carlos III, que fuera escenario de ejecuciones de la Santa Inquisición, y donde los rostros aún cubiertos por un tapabocas caminan alegres por que el encierro ha terminado.
Así, dando un origen mítico y traspasando el umbral de dos columnas comienza mi viaje por España.
Autor
Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca
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