La reapertura de la Línea 12 del Metro no quitó la espada de Damocles de la nuca de Marcelo Ebrard, aun con la certificación de las firmas especializadas en infraestructura férrea Systra y TÜV Rheinland, ya que, por su culpa, costará a los capitalinos 180 millones de pesos anuales en reparaciones.
El gusto adquirido en sus tiempos de priista por dejar para la posteridad obras faraónicas motivó al Ebrard jefe de Gobierno a inaugurar la “Línea Dorada” un mes antes de abandonar el cargo, aunque faltaban 34 escaleras y tenía rieles incompatibles con los vagones…
Y, en total, con las peores fallas técnicas y de diseño en 45 años de historia del Metro en la Ciudad de México. Además el costo aumentó de 17 mil millones a 22 mil millones de pesos y su administración no pudo justificar en qué gastó 489 millones 422 mil pesos de recursos federales aportados para la obra.
Los materiales utilizados no fueron los adecuados, tampoco existió comunicación entre las autoridades que aprobaron las vías con quienes arrendaron los trenes ni los constructores de la obra civil, y faltaron instrumentos de mantenimiento para las curvas.
Por todo esto, la línea reabierta el domingo operará con un desgaste constante de hasta 60 por ciento en rieles y trenes, porque son incompatibles y registran fallas de origen que fueron imposibles de corregir en los 20 meses que permaneció suspendido el servicio.
Debido a la premura de Ebrard por colgarse la medalla de la Línea 12, ésta necesitará un monitoreo y reperfilado constantes por 180 millones de pesos anuales del erario; mientras él vive al año con “2.5 o tres millones de pesos” y usa un Rolex de 14 mil dólares, según confesó a Jorge Ramos en Univisión.
Las “fallas de origen” requirieron mil 100 millones de pesos para su reparación, en tanto que en los próximos 10 años el precio del mantenimiento extra será de dos mil 900 millones de pesos: una supermillonada que no estaba contemplada cuando la obra fue planteada.
Así, la Línea 12 se parece al Antonov An-225 Mriya, aquel avión del cual la Unión Soviética se ufanaba de tenerlo como el más grande y pesado del mundo, por sus 640 toneladas. Y sí, lo era: sólo que necesitaba varios aviones normales para que le repostaran constantemente. Era el cuento de nunca acabar.
La reparación general y tardada obligó a colocar aparatos para medir el desgaste en vías y ruedas de los trenes, que será mayor de lo normal, ya que tendrán más afectación a causa del reforzamiento en algunas curvas consideradas de “extrema dureza”.
No: la reapertura no quita peso de los hombros de Ebrard.
Él sigue varado en su estación Waterloo.
Este artículo fue publicado en La Razón el 01 de Diciembre de 2015, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página
