Educativa, la reforma zombi

Ambición política del sexenio, cadáver que de una u otra manera puede resucitar o volver a la vida. La reforma educativa se concibe, se opera, aprueba, decreta y a la hora de implementarla, reprueba.


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La fiera CNTE no se rinde ni con cárcel, ni con descuentos o despidos. El dócil SNTE no llena el hueco político-social ni clonando mesas de negociación, tersas en la SEP, ásperas en Gobernación.


Debates que, como los perdones públicos, llegan a destiempo. El propio secretario de Educación, Aurelio Nuño, lo dijo: “Presentamos una reforma terminada, no definitiva”. Hubiésemos empezado por ahí.


Los grandes enunciados usados para anunciar el nuevo modelo educativo nacional, compiten en grandeza y alcance con los de la Reforma Educativa de 2013. Se explica que la presentación de ayer, abre un debate amplio sobre qué tipo de mexicanos queremos para el futuro, y que se deriva de la modificación constitucional.


No queda claro, al que escribe, qué concepto debe ir por delante y cuál detrás; ¿la carreta por delante de los bueyes?


Es que el modelo educativo se anunció en medio de una tormenta que no puede circunscribirse a Oaxaca y Chiapas, Michoacán y Guerrero. El discurso oficial sobre la reforma viva, y con oposición en ciertos lugares, contrasta de fea manera con las noticias cotidianas.


Preocupación y enojo de empresarios y gobernantes, de la sociedad bloqueada en desabasto, de ultimátum para usar fuerza pública, de llamados desde Sectur a no ahuyentar turistas, de desempleados, negocios quebrados, transportistas hartos. Sin olvidar los ocho muertos de Nochixtlán.


Oposición a una reforma que la SEP apostó por imponer sin convencer. Modelo educativo que busca convencer, no imponer. Disidencia que retó y sumó al enojo y a la crítica mediática, una tenue pero creciente base de apoyo social, incorporando otros humores, otras frustraciones y otros reclamos al gobierno, a los gobiernos y a sus íconos.


La Reforma Educativa va. Pero hay que negociar, hay que combinar reforma y modelo, reglas y nuevas mecánicas institucionales, quizá aliviar procesos penales contra dirigentes disidentes, clonar mesas de negociación, abrir más espacios para el diálogo.


Darle a la sociedad, incentivos para imaginar una educación obligatoria de excelencia, con clases de ajedrez, de educación financiera, con independencia en el nivel básico para que se tropicalicen sistemas y métodos de enseñanza. ¿Y de evaluación magisterial, también?


De las reformas estructurales consensadas en el Pacto por México, la educativa fue promocionada como la más trascendente, más incluso que la energética o la fiscal, las energías cambiarán de fuente y los impuestos se modificarán algún día, pero la construcción de una sociedad más justa pasa por una mejor educación.


Reforma zombi, camina y hace ruidos; pero, viva, lo que se dice viva, no está. Quizá con más esfuerzo y talento, resucite para bien de México.



Este artículo fue publicado en La Razón el 21 de julio de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

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