Etcétera

El ajedrez de Mancera

El gobierno de Miguel Ángel Mancera ha acusado el mensaje electoral en el Distrito Federal. Su respuesta, mover piezas para tratar de convertir la lectura de las urnas en un acto de comunicación política que le ayude a enviar un mensaje certero de los objetivos de su mandato: la autoridad “ha tomado cartas en el asunto” o “ha entrado en acción”. Aunque esto debe sostenerse con políticas públicas reales, una agenda y alianzas para gobernar la capital, ¿qué de esto tiene?

Para romper con el marasmo, me decía un líder de la oposición en el Distrito Federal, que el jefe de Gobierno necesita estar más visible. Vaya, marcar agenda en la opinión pública. Lo que no se consiguió tras los comicios con las primeras declaraciones sobre ir por la Presidencia si la gente lo pidiese o deshojar la margarita del independiente, poco creíbles después de perder, ante Morena, la hegemonía perredista de la ciudad tras 17 años.

Ahora, el esfuerzo por recuperar la iniciativa política y mostrarse como un gobierno en marcha es la “audacia” —como la calificó el PRI capitalino—, el pedir la renuncia a su gabinete para evaluar y decidir quién califica para permanecer en el cargo. La jugada le permite distinguirse del inmovilismo del gobierno federal con respecto a los esperados cambios en el gabinete. También mete presión a su equipo y abre la puerta para “borrar” compromisos políticos en su círculo cercano y hasta perfilar a sus sucesores. Por encima de ello, atraer la atención —y las especulaciones— en un acto mediático para ganar agenda, ¿entregar la cabeza de su secretario de Gobierno, Héctor Serrano, es una señal de que gobernará con Morena? ¿Llevará a cercanos a Los Chuchos para cerrar filas con la cúpula del PRD, que tiene que apoyarlo? ¿Es una movida para fortalecer su círculo con leales como el presidente de la Comisión de Gobierno saliente, Manuel Granados, o designaciones suyas como Chertorivski oPatricia Mercado? La estrategia se confirma con otras acciones como desplegar policías de inteligencia en la Condesa, con el procurador en acción. Y enviar el mensaje no sólo de eficacia policiaca, sino de compromiso con la aplicación de la ley, con órdenes de detención de seis presuntos implicados en el fraude de la Línea 12 del Metro, tarde y sin responsabilidad alguna para su antecesor, Marcelo Ebrard.

Mancera necesita dar resultados en un nuevo contexto de fragmentación política en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y pluralidad partidista en las delegaciones, si quiere mantenerse como interlocutor válido. Para ello, la primera condición es definir con quién gobernará hacia 2018, independientemente del rediseño del gabinete; o esperar que su conformación exprese la estrategia de alianzas, también más allá de las renuncias. Es decir, lo que hace falta es saber si optará por acuerdos coyunturales o con quién pactará para gobernar una ciudad polarizada por la disputa y el enfrentamiento entre el PRD y Morena, ¿mantendrá cercanía con el gobierno federal y acercamientos con el PRI local, a los que podría sumarse el PRD en la exploración de alianzas hacia 2018?

El PRD sabe que en el Distrito Federal se juega su sobrevivencia y, por ello, no puede dejar que el gobierno de la capital se aleje. Pero enfrentará una dura competencia con Morena, que ensayará políticas distintas para diferenciarse y demostrar que es la auténtica oposición al gobierno federal. Para el PRI, el Distrito Federal será el teatro de operaciones para frenar el ascenso de Morena. Ahí el tablero de ajedrez de Mancera…


Este artículo fue publicado en Excélsior el 09 de Julio de 2015, agradecemos a José Buendía Hegewisch su autorización para publicarlo en nuestra página

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