El antídoto contra las noticias falsas

Es la mejor época para el periodismo, pero los desafíos por momentos parecen descomunales. Hoy, más que nunca, se requiere de información de calidad y ésta sólo pueden proporcionarla quienes conocen de ese oficio.

Cuando ocurren los grandes acontecimientos, entre ellos las tragedias que marcan la vida de sociedades enteras, es que el papel de la prensa se percibe y valora con mayor precisión.

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El sismo del 19 de septiembre es un ejemplo, en el cual radio, televisión, prensa escrita y portales en Internet jugaron un papel decisivo. Hicieron, hay que decirlo, un buen trabajo.

Es algo similar a lo que ocurrió en 1985, cuando la radio hablada se convirtió en un referente indispensable, no sólo para narrar la tragedia, sino también para brindar servicio a la ciudadanía.

En la actualidad, sin embargo, la penetración de las redes sociales ha generado también la irrupción de noticias falsas que, en determinadas coyunturas, pueden causar mucho daño.

Se siembran rumores y éstos pueden crecer porque hay un terreno fértil para ello, en el que se mezclan la credulidad de amplias franjas de las audiencias y porque no pocos piensan que todo se maneja desde centros imaginarios del poder. Es el mundo de los complots.

Quienes esparcen noticias falsas muchas veces lo hacen motivados por intereses, para sacar provecho o inclusive para infundir temor. Conocen cómo funcionan las redes y los estragos que pueden causar, minando la confiabilidad de personas e instituciones.

Lo bueno de todo esto es que existe un antídoto para ese veneno malintencionado: el periodismo de calidad.

Por ello son relevantes los esfuerzos informativos que se hacen, desde cualquier plataforma, para clarificar los problemas, contar historias y promover la rendición de cuentas ahí donde sea necesario. Sí, la vieja escuela periodística, que verifica y confronta fuentes.

Esto no lo hace cualquiera, ya que es una tarea de profesionales y sobre todo en escenarios complejos y de crisis.

Para tomar decisiones, ciudadanas o de gobierno, se requiere de análisis puntuales y sustentados en hechos ciertos.

Es justo ahí, en la deliberación informativa, donde se sostiene y alimenta el ejercicio de la libertad de expresión, indispensable en una sociedad democrática.

Esto sólo puede ocurrir desde la pluralidad y entendiendo que el periodismo suele trabajar con verdades provisionales, dando espacio al reporteo, a la búsqueda de datos relevantes.

Me parece, por ello, que la tarea de atajar las noticias falsas y a sus patrocinadores embusteros tiene que ser de la sociedad en su conjunto.

La receta, después de todo, radica en rechazar la rumorología, acudiendo a los medios de comunicación y ejerciendo la duda sistemática, esa que permite quitar paja y dar paso a lo que importa.


Este artículo fue publicado en La Razón el 24 de octubre de 2017, agradecemos a Julián Andrade su autorización para publicarlo en nuestra página.

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