En las redes sociales, la opinión es también una especie de escalafón social o si se quiere, resorte de igualación; una convivencia entre iguales.
No todos tenemos dinero o propiedades pero todos tenemos un punto de vista y la horizontalidad de esos vasos comunicantes digitales genera la percepción de que todas las opiniones tienen el mismo peso o valen lo mismo, y no. Por más que en esa plataforma digital todos podamos (opinar) no es ni será lo mismo el parecer de quien sí sabe, del que incluso a veces ni siquiera puede expresarse mediante la escritura.
Por ello también, no todas las opiniones son respetables e incluso no pocas nos pueden parecer idiotas, eso son para mí, por ejemplo, quienes difunden que los niños no deben ser vacunados o que el método de autocontrol mental es mejor que la medicina científica. Yo no respeto a quien difunde imágenes de un OVNI captado en lejanas tierras cuando en realidad es un montaje realizado en las alturas de un edificio de Iztapalapa; no respeto a quienes discriminan, a los racistas o a quienes desprecian el esfuerzo feminista (cuando este no deviene en fanatismo) o difunden que el triunfo del pasado domingo de los Patriotas fue un complot o que el equipo está integrado por nazis o a quienes apenas hace unos meses propagaban que la bandera al revés de una nave mexicana era prueba indubitable de la estupidez del gobierno federal; no creo que Umberto Eco se equivocara cuando señaló que en la W 2.0 hay legiones de idiotas, como en México, quienes hablan sin saber y en el nombre de la libertad de expresión exigen respeto.
Desde luego que todos los usuarios tienen, vale decir incluso, tenemos, derecho a decir tonterías, como cuando sobraron quienes exigieron que no tuviera justicia Ana Gabriela Guevara para que todos estuviéramos en la misma condición de impunidad, tienen derecho a decirlo, reitero, como el que yo tengo para exhibir esa estupidez igual que cuando legiones de ignorantes difunden "noticias" de portales que tienen sólo contenidos falsos.
Definitivamente hay diferencias y qué bueno, entre quienes sí saben y quienes no (aunque estos últimos se sientan expertos en todo -hoy son constitucionalistas y conocedores de futbol americano). Pese a ellos, el conocimiento y la razón son valores y no todos tienen ni ese conocimiento ni el valor para aceptar que es mejor quedarse callado que hablar sin saber, y reitero, que eso no se confunda con que en esta nueva era digital todos o casi todos tienen a la mano una herramienta para decir la expresión más mendaz que ustedes imaginen, y hasta con donaire de quien sí sabe y siente que así se iguala con los demás. Yo por mi parte insisto, no tomo en serio a quien opina sin tomarse la molestia de informarse porque ese individuo, antes, despreció la enorme oportunidad de aprender y, tonto, encima de todo se quiere igualar al que sí aprendió y a veces incluso, hasta sentirse superior a los demás; es la hegemonía de los cínicos y, sí, de los bobos.
