Ustedes lo recuerdan: el jueves pasado un cadete de las fuerzas armadas se desmayó durante un acto donde estaba el Presidente de México. Y ustedes también lo leyeron, un día después Enrique Peña Nieto valoró así el episodio:
"Caer así, de manera firme, serena y sin meter las manos y doblarse es señal de ese carácter, valor, gallardía y coraje que distingue a los integrantes de las fuerzas armadas. Haberlo hecho de otra manera era no caer con honor, habría que hacerlo de esa manera".
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Por eso es que yo solo digo dos cosas, la primera es una pregunta: ¿qué habrían dicho los críticos de AMLO si el rayito de esperanza hubiera dicho lo mismo? (porque es capaz de hacerlo, seguro); yo creo que no hubieran tenido desmayo para echarle carrilla durante varios días pero fue Peña Nieto y hacen como si nada.
La segunda cosa que comento es que me he desmayado dos veces, una en la secundaria durante un cerrón con un compañero quien lanzó un derechazo que me dejó tendido en el terreno baldío donde fue la madriza, y la segunda vez yo era portero y me recetaron con un balón entre ceja, madre y oreja; bueno pues en ambos casos caí con honor y gallardía, sereno, podría decirse que hasta una sonrisa se dibujaba en mi rostro, no metí ni las manos ni nada, ni la cara siquiera y eso generó que me diera un doble putazo pero el honor se mantuvo intacto. (Por favor imaginen en estos momentos a varios cadetes lanzando balas al aire en honor de este soldado mientras se escucha el Himno Nacional).
Nada más debo decir que yo no me acuerdo de esa gallardía mía sino que me la platicaron mis amigos, los testigos de esos chingadazos que me hicieron perder el sentido y me cubrieron de gloria.
