Santiago Nieto Castillo ama los reflectores, la atención mediática lo fascina y empodera. Hoy el Senado lo pone en su centro y la grilla partidista gira en torno al defenestrado. Héroe, villano, incómodo, perverso o simplemente figuroso, protagónico, indiscreto.
Sobre su destitución se construyen ricas hipótesis. Fiscal electoral metido al caso Odebrecht-Pemex viajando hasta 2012, a la campaña del PRI y de Peña Nieto, a sobornos de clase mundial que, vaya usted a saber, de qué manera alteraron el juego democrático nacional.
En sospechosista ruta, Odebrecht se hermana al multimillonario atraco de Javier Duarte en Veracruz que, con idéntica lógica tras imaginar que lo robado fue para lo mismo, financiar campañas electorales, le auguraba impunidad eterna y no la cárcel actual. Fantasmas del 2012 en la antesala de 2018.
De Santiago Nieto se dice que debieron correrlo antes, en 2015, cuando solicitó orden de aprehensión en contra del entonces subsecretario de Gobernación Arturo Escobar (cuota de gobernanza con el PVEM), bajo sospecha de ilegalidades electorales previas.
Escándalo pasajero que fue, adivine, adelantado y filtrado a medios por el figuroso fiscal. Arturo Escobar cayó del puesto, nada más. Primer protagónico aviso desde la titularidad de la FEPADE de Santiago Nieto.
Antes, en 2011, cuando era magistrado federal electoral en la sala regional de Toluca, Nieto Castillo atacó el triunfo del tristemente célebre Fausto Vallejo en Michoacán por un tema de calzones.
Caso sustentado por el abogado en la transmisión por televisión de una pelea de box en la cual uno de los protagonistas promovió al PRI en sus calzoncillos. Una elección local se repuso, el PRI volvió a ganar. Tremendo juez, de sentencias más pirotécnicas que determinantes.
Hoy Santiago Nieto se aferra al reflector y las estrategias de no pocos actores interesados en el momento político-electoral corren no a defender una institución, sino a minar otra, pegarle al aparato PRI-Peña Nieto, y para ello, como siempre, el coro anti sirve, funciona, apoya.
La autonomía del fiscal, la intromisión autoritaria del Ejecutivo al cual, sin prueba alguna, se le asume como la parte interesada en torpedear una investigación construida a mano, pieza por pieza, por el hoy encargado de despacho, Alberto Elías Beltrán.
Si desde la PGR se quería bloquear cualquier indagatoria en el expediente Odebrecht-Pemex, no hacía falta tocar a Santiago Nieto. De raíz el exprocurador Raúl Cervantes o el subprocurador de Asuntos Internacionales lo habrían podido hacer. Y no lo hicieron.
Emilio Lozoya exhibió la simple carta que detonó este escándalo en la cual pide a la FEPADE se le informe y cite a comparecer sobre la línea de delito electoral que habría en contra suya. No se atisba amenaza, tampoco presión.
A Santiago Nieto lo corrieron por faltar al debido proceso, al sigilo. Por figuroso. Hoy anda donde le gusta y funciona a determinados intereses dizque buenos y puros, los suyos.
Este artículo fue publicado en La Razón el 24 de octubre de 2017, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

