Yo, desde luego, descreo de las profecías, pero supongamos por un instante que resultara certera la que hoy difunde uno de los portales de la prensa alternativa en México, me refiero a Sin Embargo, y que el próximo 29 de julio acabará el mundo. Si eso pasa, reseña el sitio, “Cristo llegará en un caballo volador acompañado de un gigantesco Ejército para arrasar la Tierra con un terremoto”, y al final advierte que de la hecatombe “sólo sobrevivirán los justos”.
Supongamos por un instante que esto suceda, insisto, y que “sólo sobrevivirán los justos”. Me pregunto quiénes serían los agraciados por el señor, digo, aparte de los editores de Sin Embargo y varios de sus articulistas como Lydia Cacho o la señora Sanjuana Martínez, así como los trabajadores del semanario Proceso y los integrantes de Artículo 19, claro, además de los fieles seguidores de Jaime Rodríguez “El Bronco”, Enrique Alfaro y Andrés Manuel López Obrador (éste último, en el supuesto de que no quiera disputar con el hijo de María y José la primicia para dictaminar quiénes son los buenos y quienes son los villanos porque entonces sí, estaríamos peor que en Venezuela, más aún si Javier Corral o Carmen Aristegui entran en la disputa, lo cual pondría las cosas del cocol, como le gustaba acuñar a mi santo padre). Pero antes de lanzar alguna hipótesis sobre quiénes podrían ser los agraciados de Jesús, creo que el gigantesco Ejército redentor estará liderado por seres tan presentables como Elena Poniatowska –quien dijo que los jóvenes debieran leer más que hacer sexo– o John Ackerman, y en el pelotón como soldados rasos, los maestros más incendiarios de la CNTE, el hombrecito ese que responde al nombre de Fabrizio Mejía y el inefable Paco Ignacio Taibo II, seguidos por Alejandra Barrales, piloteando su Mercedes Benz y otras distinguidas damas como la señora Denise Dresser, que seguiría esta suerte de “Día de la Independencia”, en vivo y directo, desde la sala de su lujosa mansión.
Todos esos son, sin duda, los justos.
¿Quiénes vamos a morir? Eso está claro: casi todo México (y no aludo al mundo porque esta cavilación sería eterna): la mafia del poder, los partidos políticos menos Morena, Televisa y TV Azteca (pero cómo no), el INE (no hay furía del apocalipsis que se respete si no incorpora a casi todos los consejeros electorales) -sólo se salvará uno que otro como Alfredo Figueroa-. Morirán quienes para resistirnos al paraíso o la República Amorosa tendimos bolas de humo, digamos, en favor de legalizar la mariguana, el aborto y los enlaces gays. Para acabar pronto, el Ejército salvador nos dejará como santo Cristo y para darnos una idea de qué es eso sólo es cosa de asomarnos a ver lo que hacen los troles y los bots de las redes sociales, que están organizados a las instancias de legiones de justos (la condena más leve que podemos recibir es que nos bloqueen). No sé porqué pero intuyo que con los más malos de malolandia las cosas se pondrán realmente feas, lo que le pasó a Joffrey Baratheon en Juego de Tronos (seguro lo recuerdan) es cosa de niños, pero a quienes no han visto esa serie los remito a la santa madriza que recibió el propio carpintero divino según la versión de Mel Gibson
Entonces regreso al principio para preguntar quiénes serían los favorecidos por el señor además de los miembros de la casta divina. La respuesta es sencilla: quienes al ver el maravilloso corcel guiado por el hijo de Dios se hinquen y pidan misericordia porque, súbitamente, se han arrepentido de sus pecados y, como Elba Esther Gordillo, Manuel Bartlett y tantos otros, quieran pasarse a las filas de los justos que reinarán junto con el mesías. Yo, por mi parte, estoy resignado y en el fondo feliz: como dijera el señor Mark Twain, prefiero el infierno por la compañía.

