La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, no sólo es la primera mujer en contar con tan enorme responsabilidad en la historia del país. También es la mandataria que más conocimientos posee en materia ambiental respecto a sus antecesores. Es licenciada en física, maestra y doctora en Ingeniería Energética por la UNAM, con estudios doctorales realizados en el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley en California. Esto llevaría a pensar que una vez en la presidencia, desarrollaría una política favorable a la necesaria transición energética debido a la inviabilidad para el país de seguir pagando una factura energética creciente por la importación de hidrocarburos, amén de que la infraestructura nacional, por falta de inversión y mantenimiento, tampoco resulta posible -ahí están como muestra los accidentes recientes de Dos Bocas para evidenciarlo.
En este sentido, en lugar de avanzar en la transición energética -comprar autos chinos eléctricos de desecho que la República Popular China ha optado por vender en el exterior, no es sinónimo de transición energética-, se ha privilegiado, tanto en el gobierno precedente como en el actual el uso de combustibles fósiles para satisfacer las necesidades del país, no obstante que, con ello, la huella de carbono de México se amplía y contribuye, por tanto, a la debacle ambiental que aqueja al mundo. Los fenómenos naturales recurrentes como los hidrometeorológicos -huracanes, lluvias torrenciales-, los incendios forestales, los tornados y otros más, son costosos en términos humanos y de infraestructura y están directamente vinculados a la crisis ambiental imperante y al aumento de la temperatura promedio en el mundo.
La Ciudad de México y zona conurbada, que ha vivido en lo que va del año, restricciones a la circulación vehicular por contingencias ambientales y partículas contaminantes que afectan negativamente a la salud, padece no sólo por el empleo de hidrocarburos para el transporte, vehículos particulares y demás. Mucha de la contaminación que por la acción de los vientos se asienta en la capital del país procede de la refinería de Tula, de la que se habla poco, pero cuya operación está desvinculada ya no sólo de la transición energética sino de una política ambiental responsable. Mismo caso con las demás refinerías.
Todo este preámbulo es para señalar lo sorpresivo del señalamiento de la presidenta Sheinbaum de que en aras de mantener la soberanía energética (¿?), se desarrollará el polémico fracking para acceder a petróleo y gas natural que se encuentran a enormes profundidades en el territorio nacional y a los que no se puede acceder debido a que están “atrapados” por rocas poco permeables como el esquisto. Es importante señalar que, en México, desde 2003 se desarrolla el fracking y que se calcula que uno de cada cuatro pozos petroleros ha experimentado fracturación hidráulica, muchos de estos pozos, varias veces. Los pozos explotados con fracturación hidráulica desde esa fecha se encuentran en Coahuila (47 pozos), Nuevo León (182 pozos), Puebla (233 pozos), Tabasco (13 pozos), Tamaulipas (100 pozos) y Veracruz (349 pozos). En 2019 se calculaba que en unos 8 mil pozos se habían efectuado alrededor de 36 159 fracturas. En ese momento existían cuatro iniciativas para prohibir esta actividad de extracción en el país, tres en la Cámara de Diputados y una en el Senado, pero no se discutieron. El gobierno precedente suspendió las licitaciones para autorizar más fracking, pero no suspendió las actividades de fracking que ya estaban en marcha y eran gestionadas por PEMEX en contratos adjudicados que se comparten con empresas particulares.
En el mundo, varios países emplean el fracking para extraer hidrocarburos, no obstante, las protestas de grupos ambientalistas, científicos, figuras políticas, agricultores y un largo etcétera que advierten sobre los riesgos de esta práctica, ampliamente desarrollada en Estados Unidos y en Argentina.
En términos generales, el fracking o fracturación hidráulica es una técnica para extraer petróleo y gas a granes profundidades que no son permeables por métodos convencionales de extracción, debido a la dureza y poca porosidad de las rocas, como el esquisto. La técnica consiste en perforar verticalmente un pozo de miles de metros de profundidad hasta el yacimiento no convencional y, en ocasiones, también es necesario perforar las formaciones rocosas horizontalmente por cientos de metros de extensión para crear las primeras fisuras.

El fracking emplea grandes cantidades de agua: el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) comenta que para un solo pozo perforado se pueden requerir entre 9 mil y 29 mil metros cúbicos de agua. Para dar una idea al lector de a cuánto corresponde esta cantidad de agua, sería el equivalente entre 2. 4 y 7. 7 piscinas olímpicas. Lo más grave es que no se perfora sólo un pozo. El procedimiento se realiza con seis o más pozos. Si fuesen sólo seis, la cantidad de agua requerida sería de 54 mil a 179 mil metros cúbicos. Para un país con los peligrosos niveles de estrés hídrico existentes como México, no parece una buena idea emplear el agua para la extracción de hidrocarburos a grandes profundidades, esto porque además el proceso involucra la mezcla del agua con arenas y químicos para evitar que las perforaciones realizadas a las duras rocas se vuelvan a cerrar. Como el uso de agua es intensivo continuamente por períodos, generalmente, de dos semanas, las comunidades aledañas al lugar en que se haría la fracturación hidráulica podrían verse privadas del acceso al vital líquido y se ha visto que este ha sido el caso en regiones donde se desarrollan actividades agrícolas y forestales. El fracking también puede coadyuvar a la deforestación, debido a la necesidad de instalar infraestructura en espacios amplios para llevar a cabo la fractura y extracción. Un problema adicional es la contaminación del fracking que podría afectar a los mantos freáticos, sin contar que el proceso en sí también podría liberar metano, que es uno de los gases responsables de generar el efecto de invernadero.
México es un país con alta sismicidad dado que su territorio encuentra en el Cinturón de Fuego del Pacífico e interactúa con cinco placas tectónicas: Norteamérica, Pacífico, Cocos, Rivera y Caribe. La subducción (hundimiento) de la placa de Cocos bajo la placa Norteamérica frente a la costa del Pacífico es la causa de los mayores sismos. Expertos en geología y vulcanólogos consideran que el fracking plantea el riesgo potencial de generar sismos en el país, tema inquietante. En la provincia de Neuquén, además de partes de Mendoza, La Pampa y Río Negro en Argentina, se tiene el segundo mayor yacimiento de gas a grandes profundidades del mundo. Desde 2010, el fracking llegó al país para extraer hidrocarburos de la región y la comunidad científica apunta que entre 2018 y 2025 se han producido 548 sismos inducidos en Vaca Muerta por la fracturación hidráulica. En Argentina no se considera a los sismos inducidos por la fracturación hidráulica en las evaluaciones de impacto ambiental. En contraste, en Estados Unidos y Canadá se han creado los “semáforos sísmicos” mismos que operan de la siguiente manera: si tras una fracturación se produce un sismo de magnitud de momento de 2 grados en la escala de Richter, el fracking puede continuar. Sin embargo, una magnitud de 2. 5 grados en la misma escala, debe ser notifica por la empresa a las autoridades gubernamentales al mismo tiempo que involucra reducir las operaciones de la corporación. Un sismo de magnitud de momento de 3. 5 grados implicaría la interrupción de la fracturación hidráulica para que el Estado pueda hacer la evaluación respectiva.
A pesar de que la presidenta Sheinbaum habló del ejercicio de la soberanía nacional respecto a los recursos energéticos que posee el país, no queda claro quién en México tiene la capacidad para desarrollar actividades de fracking más allá de que empresas de Carlos Slim cuentan con tecnologías para elaborar los químicos que se emplean en la fracturación hidráulica. Ya se comentaba que si bien PEMEX ha recibido adjudicaciones y que en conjunto con empresas privadas desarrolla el fracking, las empresas líderes a nivel mundial son principalmente compañías texanas de servicios petroleros que dominan el bombeo a presión y la tecnología de perforación, destacando Schlumberger (SLB) -con sede en Houston, Texas—, Halliburton -también avecindada en Houston-, Baker Hughes -mismo caso, con sede en Houston-, Weatherford -también texana y asentada en Houston- y Calfrac Well Services -originaria de Alberta, Canadá, pero con operaciones en Estados Unidos y Argentina. Estas firmas, junto con gestores como ExxonMobil y Chevron, impulsan el fracking. Esto llevaría a pensar que el anuncio de la presidenta de México, que se produce justamente en el marco de la renegociación del tratado comercial TMEC entre México, EEUU y Canadá, estaría beneficiando, en principio, a empresas sobre todo de EEUU y quizá también a Calfrac de Canadá. Calfrac, por cierto, juega un papel central en el fracking de Vaca Muerta, en la Patagonia argentina.

Es verdad que los shocks petroleros y energéticos que se han venido produciendo en los últimos años, sea por la invasión de Rusia a Ucrania -y sobre todo, las sanciones que Occidente ha aplicado a Moscú en represalia- y los conflictos en Medio Oriente, en particular la guerra de Estados Unidos contra Irán -que ha elevado a proporciones preocupantes los precios del petróleo-, colocan a México en una situación de encarecimiento de la factura petrolera sin que internamente se puedan solventar con capacidades energéticas propias, las necesidades del país. Sin embargo, el fracking no parece que sea la mejor opción para un país como México, toda vez que, incluso no se cuenta con los estudios geológicos, entre otros, para estimar costos y beneficios, por ejemplo, en materia ambiental, sísmica y demás.
En diversas regiones y países, existen legislaciones que prohíben el fracking, incluyendo estados del vecino país del norte como Vermont, Nueva York y Maryland, la provincia canadiense de New Brunswick, la provincia argentina de Entre Ríos, la provincia australiana de Victoria, la provincia española de Castilla-La Mancha, además de Francia, Bulgaria, Alemania, Irlanda, Escocia y Uruguay. En todos estos casos se considera que los costos de emplear al fracking son mayores a sus beneficios, en particular por consideraciones ambientales.
Por todo lo anterior es menester apelar a la prudencia respecto a la masificación de la fracturación hidráulica en México, debido a las características geológicas del país, las posibles consecuencias de la inducción sísmica, la contaminación que se generaría en mantos freáticos, y el posible exacerbamiento del estrés hídrico en diversas regiones del territorio. Avanzar en la transición energética parece la mejor opción, aunque no será un proceso rápido ni sencillo. Pero entre más se postergue, más se expondrá al país a la escasez de energía, que, por cierto, es un tema que preocupa no sólo a nivel nacional sino también a los inversionistas extranjeros, quienes requieren la certidumbre de que no enfrentarán “apagones” durante sus operaciones en territorio nacional, por poner un ejemplo.

