Por el momento político, la visita de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, al Instituto Nacional Electoral (INE) para acompañar el arranque del proceso electoral 2026-2027 no puede reducirse a un acto protocolario.
Por el cargo que ostenta y, sobre todo, por el significado que adquiere frente a la historia reciente del órgano electoral, constituye una muy preocupante señal de que el gobierno vuelve a ocupar un espacio que durante décadas se luchó por mantener fuera del control del poder presidencial.
El 10 de septiembre arrancó formalmente el proceso electoral que culminará el 6 de junio de 2027 con la renovación de las 500 diputaciones federales y miles de cargos a nivel local.
Es por ello que la presencia de la secretaria de Gobernación en la ceremonia del INE adquiere un significado político.
Siendo la Segob la dependencia encargada de la interlocución política del Ejecutivo con los poderes, los partidos y los gobiernos, que su titular aparezca en una ceremonia del órgano encargado de organizar y arbitrar las elecciones, envía un inquietante mensaje de subordinación política.
El regreso del viejo régimen
Lo que podemos estar viendo es la consumación de una de las grandes batallas de Andrés Manuel López Obrador contra las instituciones democráticas, la debilitación del INE para convertirlo nuevamente en un organismo dependiente del gobierno en turno.
Durante décadas, la Secretaría de Gobernación fue el centro de operación de las elecciones. El gobierno organizaba, controlaba, negociaba y, llegado el momento, validaba los procesos electorales.
Fue el fraude de 1988, con Manuel Bartlett al frente de Gobernación, lo que dio origen a la ciudadanización de las elecciones. El IFE nació por la necesidad de un árbitro electoral verdaderamente independiente. La autonomía electoral no fue una concesión del poder. Fue una conquista democrática.
Por eso resulta relevante la aparición de la titular de Gobernación al inicio del proceso electoral de 2027, acompañando a la presidenta del INE, Guadalupe Taddei. Como si el reloj de la transición democrática hubiera comenzado a caminar en reversa.
La operación política de la 4T contra el INE tuvo una lógica perfectamente identificable: desacreditarlo, cuestionar su utilidad, reducir su capacidad, su credibilidad y modificar su integración para colocar al frente del organismo a perfiles afines o que despiertan una duda razonable sobre su independencia.
Uno de los momentos que marcaron esa transformación fue la llegada de Guadalupe Taddei a la presidencia del instituto. Sus vínculos políticos con Morena y, particularmente, su cercanía con Alfonso Durazo, gobernador de Sonora y presidente del Consejo Nacional de Morena han sido ampliamente documentados.
Una investigación de El Financiero sostiene que Durazo respaldó su llegada al organismo electoral; otra señala el apoyo que tuvo del grupo político del sonorense.
Incluso legisladores y medios de comunicación han documentado las relaciones económicas y familiares alrededor de Taddei y Durazo. Lo cierto es que su hijo es funcionario del gobierno federal y que sobrinos y parientes o son diputados de Morena o también ocupan cargos para gobiernos morenistas.
De Lorenzo Córdova a Gobernación
Si durante años el INE representó la separación entre el gobierno y la organización de las elecciones, la conquista parece ser sepultada por la imagen de la secretaria de Gobernación entrando al instituto junto con su presidenta.
Y, paradójicamente, es el proyecto de López Obrador, el mismo que durante años acusó al INE de ser un instrumento de los poderes económicos y que exigió su transformación, el que termine reproduciendo algo muy parecido: un órgano sometido y actuando como el gran operador electoral del régimen que antes se llamaba PRI y ahora se llama Morena.
El problema no es la visita de la secretaria de Gobernación al INE, es el contexto actual. Ocurre al arranque de una elección en la que Morena busca conservar mayoría legislativa y avanzar en el control territorial del país, también ocurre mientras el INE enfrenta una crisis de confianza y su presidenta mantiene una relación política con personajes de Morena.
De ahí el valor simbólico de la escena del 10 de septiembre. El inicio de una elección en la que el árbitro parece cada vez más cerca del gobierno que de los ciudadanos.
Es la esencia de una elección de Estado, el gobierno no necesita marcar cada voto, sino conseguir que quien organiza, vigila y valida la competencia deje de ser percibido como un árbitro independiente.
Tras décadas para sacar las elecciones de Gobernación. La 4T abre la puerta principal del INE para que regrese.
X: @diaz_manuel

