El Mundo en 2015 (primera parte)

Termina 2015, un año que ha presenciado la intensificación de la amenaza terrorista, el agudizamiento de la problemática de los refugiados, el 70° aniversario de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, el envío de militares mexicanos a las operaciones de mantenimiento de la paz (OMPs) de la ONU, la persistencia de la crisis económica internacional, la caída en los precios del petróleo, etcétera. Todos estos acontecimientos y otros más influyen directa o indirectamente en México, por lo que vale la pena hacer un recuento, el cual es útil a efecto de contar con elementos que permitan un análisis prospectivo en torno a los aspectos que dominarán la agenda global en 2016.


La amenaza terrorista


Muy temprano en el año, el 7 de enero, Francia fue sacudida por el asesinato de 11 personas y otras 11 heridas por los hermanos Saïd y Chérif Kouachi en las instalaciones del semanario francés Charlie Hebdo en París. Ataques relacionados con éstos se produjeron adicionalmente en la región Île de France, provocando la muerte de otras 5 personas más 11 heridos. Quienes irrumpieron contra el personal de Charlie Hebdo decían formar parte de una de las células de al-Qaeda en Yemen. Este hecho que generó un fuerte repudio en Europa y el mundo, marcó la reinstalación del terrorismo como la principal amenaza en la agenda de seguridad internacional, cuando, tras la muerte de Osama Ben Laden el 2 de mayo de 2011, parecía que el activismo de al-Qaeda y de otras organizaciones terroristas iba en picada, a favor de la atención que empezaban a recibir otros temas de notable relevancia para la seguridad del mundo, como por ejemplo, las epidemias y pandemias (seguridad sanitaria), el cambio climático (seguridad ambiental), la debacle en los precios de los hidrocarburos (seguridad energética), la crisis económica (seguridad económica), la delincuencia organizada, etcétera.


Mientras tanto, Daesh o como se le conoce popularmente en los medios de información, el “Estado Islámico”, orquestó una serie de ataques entre el 13 y el 14 de noviembre en la capital francesa y en el suburbio de Saint-Denis, los que provocaron la muerte de 130 personas. En esta ocasión los ataques incluyeron a suicidas, pero también se produjeron disparos con rifles de asalto en cafés, restaurantes y un teatro. Tras las investigaciones se encontró que los atentados fueron planeados en Siria, organizados en Bélgica y perpetrados en territorio francés. Daesh se atribuyó las acciones, a manera de represalia por los bombardeos perpetrados por Francia contra objetivos del “Estado Islámico” en Siria e Irak.


Como resultado de éstos hechos y los acontecidos en enero pasado, Francia se encuentra al frente de la cruzada contraterrorista en el mundo, con el respaldo de la comunidad internacional. Sin embargo, París parece estar incurriendo en los mismos errores que han caracterizado a la estrategia de Estados Unidos desde los sucesos del 11 de septiembre de 2001, entre los que destacan: la precipitación en las acciones, esto es, organizar una represalia más para que se vea que el atacado está “haciendo algo”, que para entender la raíz del problema y hacerle frente con una estrategia más pensada y cautelosa. Aunado a lo anterior se tiende a enfrentar al terrorismo con la fuerza militar, a pesar de que los terroristas basan sus acciones en la estrategia del “conflicto asimétrico” y, por lo tanto, resulta difícil combatirlos en un estilo de combate “tradicional.” Otro error en que parece estar incurriendo Francia en estos momentos, es atacar la manifestación del problema, no sus raíces, puesto que los ataques terroristas son el resultado del crecimiento y organización que Daesh ha logrado desarrollar, en parte por los acontecimientos en la región del Medio Oriente desde, al menos, el fin de la guerra fría. Adicionalmente, Francia parece resuelta a “acabar con Daesh”. Suponiendo que efectivamente lo lograra, no se observa un plan destinado a construir la paz sustentable en la región, tras el vacío de poder que generaría la “caída” de Daesh. De hecho, podría pasar algo similar a lo sucedido con al-Qaeda, que pese a la muerte de Ben Laden, sigue operando y ahora lo hace desde diversos frentes y países. De hecho Daesh vino a darle oxígeno al terrorismo, porque al-Qaeda, pese a lo expuesto, iba a la baja, pero es claro que ésta última organización puso el ejemplo e hizo, por así decirlo, el “caminito” que ahora otros más recurrieran al uso del terror con fines políticos para ventilar sus agendas. Y un aspecto más, que tanto Estados Unidos como ahora Francia, deberían evitar: el terrorismo se nutre de los medios y de la difusión que éstos hacen de sus atentados. Los sucesos en Francia, al igual que lo acontecido el 11 de septiembre de 2001, recibieron una cobertura mediática de prime time que incluso ayuda a que se magnifiquen los hechos. No hay que olvidar que por más letales y arteros que sean los ataques terroristas, los países atacados son sólidos Estados que difícilmente podrían tambalearse ante esas acciones. El terrorismo hoy es considerado como la mayor amenaza a la seguridad internacional y a la de Francia y Estados Unidos en particular, pero no se debe perder de vista que otras naciones tienen percepciones y necesidades diferentes y que atender sólo a la amenaza terrorista abona a una mayor inseguridad en el mundo al desatenderse problemas como los de salud, ambientales, económicos, sociales, etcétera.


 


Epidemias y pandemias


El ébola sin duda acaparó los titulares de los medios de comunicación a lo largo de 2014 y parte del presente año, pero no es el único caso de una epidemia que compromete la salud de los habitantes del mundo. En México, por ejemplo, se han desarrollado campañas para hacer frente al chikungunya y también al zika, enfermedades ambas, transmitidas por el mosquito Aedes aegypti y que provocan fiebre, dolor de cabeza, dolores corporales y manchas rojizas en la piel. Del chikungunya se ha hablado mucho en los últimos meses, dado que si bien no es letal, sí genera dolores en las articulaciones que se pueden prolongar por mucho tiempo. Del zika, al menos en México, se empieza a hablar, pero en Brasil ha generado alarma dado que las investigaciones más recientes lo vinculan a decenas de casos de microcefalia en bebés, muchos de los cuales presentan daños neurológicos o bien, mueren en poco tiempo. Se ha identificado que si las mujeres embarazadas reciben la picadura del mosquito antes de los tres priemros meses de gestación, el riesgo de que sus bebés se infecten en el vientre materno es alto.


Asimismo, las enfermedades de la modernidad, las crónico-degenerativas (ECD) no transmisibles como la diabetes, la hipertensión, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, los padecimientos cardiovasculares, etcétera, se posicionan en todos los países como las principales causas de mortalidad y van en aumento. A lo largo de 2015 se ha visto un marcado énfasis en el combate de las enfermedades infecciosas y, en menor medida, a las ECD.


En países como México, hay éxitos notables en la gestión de las enfermedades, como queda de manifiesto en las campañas de vacunación. Sin embargo, se observa la falta de una estrategia integral en materia de salud. La vigilancia epidemiológica es importante, sin embargo falta un largo camino en materia de prevención. En países como Liberia y Sierra Leona, donde las guerras depredaron sus recursos materiales y humanos, el arribo del ébola causó estragos ante la falta de infraestructura y profesionales de la salud en cantidades suficientes para encarar ese desafío. Los escasos recursos disponibles para diversas esferas de la vida de esas naciones, debieron emplearse para atender la emergencia sanitaria, hipotecando aún más el presente y futuro de esos y otros Estados africanos aquejados también por el virus. Las enfermedades atacan en cualquier momento: no hacen una declaración de guerra ni tampoco es factible enfrentarlas con los cuerpos de seguridad de los Estados. Antes bien, la prevención, la mejora en la atención primaria a la salud, la creación y capacitación de recursos humanos y la edificación de infraestructura hospitalaria además de una estrecha cooperación con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las autoridades sanitarias de otros países, son acciones ineludibles que podrían coadyuvar a enfrentar de mejor manera los retos que las enfermedades plantean a las sociedades y a su seguridad.


 


Refugiados y desplazados internos


Mucho se habló a lo largo del año, de la crisis humanitaria que se generó con motivo de los refugiados sirios (y de otros países) que han buscado ingresar a Europa, para salvar la vida. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) revela que en los últimos años, el número de personas desplazadas por la guerra ha llegado a un impactante récord que en 2014 ascendió a 59. 5 millones de personas en todo el mundo. De ellos, 19. 5 millones eran refugiados, 38. 2 millones eran desplazados internos, y 1. 8 millones solicitaban asilo. Estas cifras representan un incremento sustancial respecto a las correspondientes a 2013, cuando había 51. 2 millones de personas en esa situación. Para poner en perspectiva la problemática, hace 10 años, en 2005, el ACNUR estimaba en 37. 5 millones los desplazados en el planeta, por lo que el problema, a todas luces, ha empeorado, justo en momentos en que los países tienden a endurecer sus políticas migratorias, amén de la crisis económica, lo que deriva en escasos recursos para garantizar condiciones de vida óptimas a quienes abandonan sus hogares en aras de sobrevivir. También el terrorismo hace su parte en esta problemática, no sólo porque contribuye a desplazar personas, sino también porque los países cierran o blindan sus fronteras con el argumento de que entre los solicitantes de asilo y/o refugio, podrían figurar personas que buscarían perpetrar atentados o mermar la seguridad de las naciones que los reciben. Estos datos también corroboran que desde la segunda guerra mundial no había una crisis de estas magnitudes.


En el análisis y los datos señalados no hay que perder de vista, sin embargo, que el número de desplazados internos-esto es, personas que salen de su lugar de origen y se asientan en otro lugar, sin cruzar las fronteras- duplica al de los refugiados. Las cifras son frías y no dan cuenta de que, mientras que los refugiados gozan de la protección internacional, al estar obligados los Estados a atender sus solicitudes y necesidades, los desplazados internos no constituyen una figura que goce de la protección internacional, y la ayuda que se pueda proveer a las personas en esa situación, depende sobre todo de que el Estado en el que se encuentran los desplazados, trabaje a favor de su reasentamiento y la protección de sus derechos humanos fundamentales. Tristemente, diversos gobiernos reprimen a la población y coadyuvan a que haya desplazados internos y, por lo tanto, la indefensión de las personas es enorme. Otro problema adicional es que hay zonas, dentro de un país, controladas por rebeldes, terroristas o la delincuencia organizada, lo que dificulta a los gobiernos centrales, proteger a la población civil que ahí se asienta.


Crisis en Europa


Si bien la situación de Grecia sigue siendo precaria, Europa también enfrenta desafíos de parte de otros de los miembros de la Unión Europea. Antes de 2017 deberá realizarse en la Gran Bretaña un referéndum para determinar si el país mantiene su adhesión a la Unión Europea o no. Como se recordará, la Gran Bretaña se adhirió en 1973 a las entonces Comunidades Europeas, tras un referéndum. Su participación en la integración europea, no se ha caracterizado por el nivel de compromiso mostrado por otras economías importantes del continente como Alemania, Francia e Italia. Antes bien, Gran Bretaña no ha adoptado el euro, como tampoco ha estado de acuerdo en formar parte del acuerdo de Schengen, amén de su oposición a un euroejército que disminuya el papel de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Europa, y claro, su relación especial con Estados Unidos. El referéndum programado, será entonces el segundo, tras más de 40 años de participación en la Europa comunitaria y vaticina una crisis en la eurozona. La salida de Londres despojaría a Bruselas de una de sus economías más importantes. Debilitaría a una Unión Europea, ya vapuleada por la situación en Grecia, la crisis de los refugiados, el antagonismo de Rusia, etcétera. Haría que la Europa comunitaria pierda peso específico a favor de Estados Unidos, Rusia y la República Popular China. Le restaría credibilidad a un proyecto que todos sabían que no sería fácil concretar, pero que pese a todo, sigue en marcha. Asimismo, si Gran Bretaña se va, esto podría sentar el precedente para que otros países sigan sus pasos.


No queda claro qué ganaría la Gran Bretaña si adopta una decisión como esa. Cierto, tendría mayor autonomía en materia económica y comercial; mayor control sobre sus fronteras; fortalecería sus relaciones con Estados Unidos, etcétera. Pero tendería a marginarse en la política mundial, porque no es lo mismo Gran Bretaña la Unión Europea frente a Rusia, la República Popular China e, incluso, Estados Unidos que Gran Bretaña a secas, en solitario. También figuran consideraciones económicas importantes: su principal socio comercial es Alemania, a quien envía el 10. 8 por ciento de sus exportaciones y de quien recibe el 14. 9 por ciento de sus importaciones. Otros socios comunitarios importantes para Gran Bretaña son Países Bajos, Francia, Irlanda y Bélgica, a quienes exporta el 25. 5 por ciento de sus ventas en el exterior. En materia de importaciones destacan Países Bajos, Francia, Bélgica e Italia, que suman el 23. 2 por ciento del total de las compras que hacen los británicos en el exterior. Estas cifras podrían sufrir ante el fin del trato comercial preferencial de que actualmente goza la economía británica en la Europa comunitaria. Asimismo, Gran Bretaña perdería el leverage que su pertenencia a la Unión Europea le proporciona respecto a Estados Unidos, tema de la mayor importancia.


Más allá de la Gran Bretaña, en 2015 los partidos políticos conservadores, de derecha y extrema derecha se han consolidado en la escena europea. En épocas de crisis, las fuerzas de derecha encuentran terreno fértil en las sociedades, prometiendo una mejor gestión, lo que no necesariamente está ocurriendo en estos momentos. Amenazas como el terrorismo claman por la unidad nacional en cada país, pero el discurso de muchos representantes de los partidos conservadores y de derecha dividen a las sociedades y ello dificulta dimensionar apropiadamente los problemas, los cuales, resulta muy complejo encarar.


 

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