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Caracterizado como un negocio familiar más que como una organización de ciudadanos para participar en los asuntos públicos, alejado de los temas de la agenda ambientalista de México y del mundo, aliado al partido del gobierno en turno sea cual sea su programa, al Partido Verde Ecologista de México (PVEM) se le conoce también como el de las tres mentiras: no es partido, no es verde y tampoco es ecologista.

Veleidoso, si ahora el PVEM es parte de la coalición Juntos Haremos Historia que encabeza Morena, si sus diputados y senadores aprueban toda consigna gubernamental “sin moverle ni una coma”, en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón cerró filas con el PAN mientras éste gobernó. En 2012, percibiendo que los aires cambiaron, se alió al PRI de Enrique Peña Nieto y respaldó sus políticas. Puesto que fue aliado del PAN y luego del PRI en el lapso de los años 2000 al 2017, participó y apoyó al neoliberalismo que ahora condena como un periodo oscuro, con todo y su fomento de las actividades económicas extractivistas, la explotación abusiva de los recursos naturales y la realización de prácticas cuestionables como el uso indiscriminado de semillas transgénicas y el fracking en las explotaciones mineras.

Producto de sus tratos priistas, uno de los íntimos de Peña Nieto, Manuel Velasco Coello, resultó electo bajo las siglas del PVEM en Chiapas en 2012. Se convirtió en el primer gobernador pevemista de la historia, pero su gobierno no se destacó por alguna acción de protección al medio ambiente, a las especies en peligro de extinción ni tampoco en la promoción de energías limpias renovables, como se hubiera esperado de un gobierno emanado de un partido cuyo programa es el ecologismo. Por el contrario, la contaminación de ríos y cuerpos de agua se incrementó en ese estado, la selva chiapaneca siguió desapareciendo y ni siquiera se notó cambio alguno en el manejo de los residuos urbanos.

Ajeno a toda política de principios y atento al nuevo cambio de aires, desde 2018 el PVEM se alió a Morena, el nuevo partido oficial, y ha respaldado hasta la ignominia todas las decisiones del populismo en el gobierno. Alegremente respalda y ha votado a favor del presupuesto para la construcción de la refinería de Dos Bocas, que arrasó con 300 hectáreas de manglar sin siquiera contar con autorización ambiental. Igual apoya la obra del Tren Maya con su secuela de ecocidios múltiples contra las especies animales, los bosques, las reservas de la biósfera de Calakmul y Sian Kaán, y el trastorno completo del entorno ambiental de la península de Yucatán. Ni la vaquita marina del Mar de Cortés, casi extinta, mereció la atención de un partido que de ecologista no tiene más que el nombre.

Los legisladores pevemistas votaron la desaparición del Fondo de Desastres Naturales y de los fideicomisos públicos destinados a la investigación científica, incluida la medioambiental, como habrán de votar la reforma eléctrica promovida por Andrés Manuel López Obrador (la llamada Ley Bartlett), aunque ésta signifique un fuerte golpe a la transición energética hacia fuentes de energía limpias no contaminantes y un incumplimiento de México a los acuerdos internacionales sobre el cambio climático y a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Con el liderazgo del dueño del negocio partidario, Jorge González Torres, y el de su hijo Jorge Emilio González Martínez, quienes controlan al partido desde el Consejo Político Nacional, el PVEM no tiene siquiera presidente o presidenta nacional, pues los propietarios ejercen su dominio a través de una vocera prácticamente anónima y un Comité Nacional integrado por personas igualmente desconocidas. Mientras, alejados de todo principio ecologista y más preocupados por acrecentar sus fortunas personales, están atentos a incrementar sus acciones en el negocio familiar de los González tanto el ex gobernador chiapaneco Velasco Coello como el flamante gobernador de San Luis Potosí, el impresentable Ricardo Gallardo (canalizado al Verde por el propio López Obrador).

Cincelada: con mítines en escuelas, Claudia Sheinbaum y sus acólitos violan el 134 constitucional, así como los derechos humanos de niñas, niños y adolescentes. Desvergonzados.

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