En los mexicanos no millennials la equivalencia PRI-gobierno-corrupción está fuertemente arraigada. Es la nube negra del tricolor. Para los nativos digitales la herencia se alimenta con ejemplos y escándalos propios del retorno del PRI al poder.
Desde leyendas presidenciales que fundaron ciudades satélites y emporios televisivos, creando el binomio político empresarial, pasando por mansiones en colinas que ladraban a los cuatro vientos la corrupción imperante en este país, cuna de la subcultura de político pobre es igual a pobre político, la nube negra creció.
Durante el neoliberalismo revolucionario esa percepción se fortaleció en medio de privatizaciones históricas, con hermanos incómodos, nuevas leyendas sobre moches y diezmos, con la violencia política como instrumento para dirimir fracturas y afrentas internas. Lo anterior, más las crisis económicas, gestaron la primera alternancia.
Hoy al PRI su negra nube vuelve a taparle cualquier rayo de Sol, por eso las cosas buenas se eclipsan. El vínculo Presidente-partido se fortalece en lo más negativo, la presunción de corrupción como vocación genética entre los tricolores.
Duarte, el otro Duarte, Borge, Medina, los compadres y los paisanos, las casas y los depas, los lujos tóxicos, las liquidaciones y los finiquitos legales, pero igualmente ofensivos. La corrupción es esa sombra enorme que enfría el humor social.
La nítida imagen de gobernantes, funcionarios, legisladores y jueces viviendo en una tierra dorada, ajena y lejana a la realidad cotidiana de la mayoría que reza para que las clases duren en las escuelas, que la depreciación del peso no perfore los bolsillos (la Bolsa no le importa), para que el “efecto cucaracha”, o cualquier otra teoría sobre expansión criminal menuda, no le alcance en el semáforo, en el micro, en el Metro, en la casa; pervive entre la mayoría.
A Javier Duarte el PRI decidió suspenderle sus derechos partidarios, un golpe político, acaso anímico para el menguante gobernante que concluye su historia de poder el 1 de diciembre, a partir de ahí comenzará otra muy distinta.
Sin embargo, el gesto tricolor significa poco, opositores interesados como Ricardo Anaya, del PAN, o el mismo AMLO, de Morena, llaman “chivo expiatorio” al degradado jarocho. La deshonra partidista ya no significa nada.
Cárcel es lo que la tribuna clama, para ése y para otros. Sí, también para azules y amarillos, pero eso no lo da ni Enrique Ochoa ni nadie que no sea instancia judicial. La corrupción combatida desde el PRI, no convence.
Osorio Chong en las redes sociales. Ingenioso, singular, provocador, revelador, astuto… La lista de adjetivos que puedan coronar el hecho de que Miguel Ángel Osorio Chong, priista cabeza de encuestas y preferencias a nivel nacional, haya decidido el pasado fin de semana estrenar logotipo, frases e ideas de unidad nacional sin membrete de Segob es larga y de su elección. ¿Ya lo vio? ¿Ya se vio?
Este artículo fue publicado en La Razón el 29 de septiembre de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.
