El “PRIAN” ha fallecido. Pero no murió recientemente. No lo mató “Alito”, ni la nueva dirigencia panista. Lo mató Morena. Pero no fue el asesinato “popular” que creen los morenistas de a pie.
El “PRIAN” fue una alianza directa e indirecta entre el PRI ya no hegemónico y el PAN neoliberal para sostener, sobre todo, una misma política económica para este siglo. Implica un conjunto de medidas y nombres propios. No fue una alianza total, ni temporal ni geográficamente, tampoco temáticamente (no estaban aliados en todo, todo el tiempo, en todo lugar, para todas las cosas). Ese gran hecho lo demuestran las alianzas electorales PAN-PRD contra el PRI, ahí donde el PRI sobrevivía como dominante local. Pero, más importante, ese “PRIAN” relativo dejó de existir. Y no hace muy poco tiempo. Murió porque lo desfondó Morena. Lo desfondó venciéndolo electoralmente. Y lo venció electoralmente –y lo mantiene derrotado- adoptando muchos de sus nombres y medidas, entre otras causas, cambiando el discurso. Nombres priistas como Alejandro Murat, Eruviel Ávila, Jorge Carlos Ramírez Marín, Mariana Benítez Tiburcio, Alejandro Armenta, Omar Fayad y toda una corte de facilitadores electorales premiados como embajadores y cónsules, de Quirino Ordaz a Claudia Pavlovich. También José María Tapia, el del FONDEN… Y nombres panistas como Javier Corral, Gabriela Cuevas, Ricardo Sheffield, Bernardo Bátiz, Manuel Espino. Y Miguel Ángel Yunes Márquez… Asimismo, el partido “Verde” fue aliado del PAN y del PRI, más recientemente del PRI de Peña Nieto, y desde 2018 lo es de Morena. En cuanto a las medidas “prianistas” que se transformaron en obradoristas/morenistas destacan la apuesta por el tratado comercial con Estados Unidos, la no-reforma fiscal, los “megaproyectos” como el “tren maya” que no son exactamente opuestos a otros de antes como el Plan Puebla-Panamá, y ahora hasta más inversión privada cuatista para Pemex… Además de la Prohibición de drogas, conservada y apuntalada por López Obrador.
El “PRIAN” fue absorbido y asimilado por Morena. Morena sí lo mató pero, repito, no en el sentido que creen los fanáticos: lo mató adoptándolo y adaptándolo, robándolo, comiéndoselo, absorbiéndolo y repitiéndolo.
Es una implicación del proyecto de hegemonía partidista: no se puede buscar ser y efectivamente ser un partido “puro” si también a) se intenta ser y/o se es partido hegemónico y b) el régimen totalitario no es posible. Morena no puede construir un régimen totalitario –Alemania nazi, Unión Soviética-, puede construir un régimen autoritario de partido hegemónico –PRI del siglo XX-; eso quiere ser y lo está logrando. Tenía que ser un partido “atrapatodo”. AMLO nunca quiso que fuera un partido de izquierda en el gobierno sino que llegara al poder para el poder. Por eso, fundamentalmente, el “PRIAN” no existe más.

