El renacido, una película asombrosa

Alejandro González Iñárritu es de esa clase de directores de cine que ejemplifican muy bien aquel dicho de que "de lo bueno poco." Con sólo seis largometrajes y algunos cortometrajes en su extraordinaria carrera cinematográfica ha logrado trascender de una manera envidiable para quienes se dedican al séptimo arte. Nadie le ha regalado nada. Su talento es indiscutible y su manera de hacer y deshacer, contar y recontar historias es única.


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En esta ocasión, González Iñárritu presenta "El renacido" (The Revenant) (2015), una producción dirigida, escrita y producida por él mismo, de la mano del extraordinario "Chivo" Emmanuel Lubezki, infaltable en cualquier película, pero sobre todo en una como ésta.


"El renacido" es la historia de un grupo de cazadores que comercian con pieles de animales. Ambientada a principios del siglo XIX en las Montañas Rocallosas, da cuenta de las vicisitudes de los cazadores, de su lucha por sobrevivir ante los ataques de los indios Ree en un ambiente natural inclemente, y de las fricciones que existen en particular entre Hugh Glass (Leonardo Di Caprio) y John Fitzgerald (Tom Hardy).


Tras un ataque de los indios Ree, los cazadores se apresuran a ocultar sus pieles y ponerse a salvo. Glass, alejado del grupo de cazadores, es atacado por un oso grizzly, quien deja moribundo al protagonista. Sus compañeros eventualmente lo rescatan, pero el traslado de Glass, encamillado, resulta complejo, máxime cuando el propio Glass es quien mejor conoce la zona, pero no puede ni hablar ni moverse debido a las graves heridas que tiene. Un poco después, los cazadores se dividen, unos para buscar una ruta, y Fitzgerald más otro cazador y el hijo mestizo de Glass permanecen en las montañas, sólo para esperar la muerte de éste último y darle cristiana sepultura. Sin embargo, Fitzgerald desea regresar lo más pronto posible con los demás miembros del grupo y en un intento por asfixiar a Glass termina asesinando al hijo de éste ante la impotencia del desvalido protagonista. Fitzgerald convence al otro cazador de sepultar a Glass para huir y reunirse con los demás.


Glass está gravemente herido pero se las arregla para salir del hoyo literalmente, arrastrarse por el terreno y huir de otro ataque de los indios Ree. Durante su huida cae a un río y posteriormente encuentra a un miembro de la tribu Pawnee, quien lo alimenta y ayuda a sanar, si bien, parcialmente. Desafortunadamente, quien lo ayudó es ahorcado por cazadores franceses, a quienes roba un caballo y en la huida, Glass cae a un precipicio quedando mal herido y sobreviviendo al frío en el estómago del caballo que hurtó. Un poco después es encontrado por sus compañeros cazadores y llevado al lugar en que residen todos ellos. Fitzgerald, quien se encuentra en el lugar, roba todo el dinero de los cazadores y escapa, pero Glass va en su búsqueda. Cuando finalmente los dos se enfrentan, Glass decide no asesinarlo, dejando que sean los indios Ree quienes lo hagan.


La película es visualmente deslumbrante e impactante. Hay muy pocos diálogos, lo que hacía muy importante tener un director de cinematografía extraordinario, trabajo que sólo Lubezki podía llevar a cabo. Esta es una película donde no son los protagonistas, sino la naturaleza la que habla, juzga y siempre perdona. Lo que se pensaría que terminaría en una revancha sangrienta de parte de Glass contra Fitzgerald, se desarrolla de manera casi poética, con un final hermoso.


Quiero destacar la actuación de Leonardo Di Caprio, que ahora sí se llevará seguramente el Premio de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood como mejor actor. Su desempeño es realista y verdaderamente conmovedor: pasa de la vida a la muerte y luego renace para buscar la revancha y perdonar a su verdugo (y asesino de su hijo) y en cada una de estas etapas, el desempeño de este actor es magistral.


"El renacido" tiene 12 nominaciones a los premios Oscar y amén de ser la favorita sobre las demás producciones con las que compite, seguramente se alzará con varias estatuillas. Merecidamente sería el segundo premio como mejor director para González Iñárritu y por supuesto, el tercero por la cinematografía para Emmanuel Lubezki y eso sin contar las demás categorías. Es una película vertiginosa, brillante, asombrosa, inigualable y bella en todos los sentidos. A ver sin falta y vaya un reconocimiento a González Iñárritu por obsequiarnos esta joya cinematográfica.

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