En la Medición de la Pobreza Multidimensional, que el INEGI dio a conocer el 13 de agosto de 2025, las cifras y porcentajes de la población afectada por el rezago educativo, además de estar subestimadas, no tienen congruencia con los datos censales, sus proyecciones demográficas y las estimaciones de las dependencias públicas encargadas de atender ese grave problema. Eliminado el CONEVAL y capturado el INEGI desde que López Obrador puso de titular a una de sus incondicionales, el informe reciente parece más interesado en “demostrar” que el grupo en el poder sacó de la pobreza a millones de personas que en ofrecer estadísticas objetivas y bien sustentadas. Al menos en lo que hace al rezago educativo, la “demostración” es fallida porque el INEGI manipuló los indicadores en una maniobra que, por sí sola, exhibe el carácter sesgado de la mencionada Medición.
El rezago educativo está conformado por las personas mayores de 15 años que son analfabetas y/o no han terminado los estudios básicos (primaria y secundaria). La condición de rezago es una limitación que pesa en el desarrollo personal, familiar, económico y social de las personas que la padecen. No se encuentran en igualdad de condiciones respecto de quienes sí saben leer y escribir, mucho menos de quienes terminaron su educación básica, media superior o superior. Sus habilidades están limitadas, lo que les afecta al momento de conseguir empleo, además de que ven cancelada cualquier pretensión de hacer una carrera técnica o una licenciatura.
El INEA (Instituto Nacional de Educación para Adultos) es la dependencia pública encargada de atender a la población en rezago educativo. Cada año publica su estimación de la cuantía del problema, para lo que se basa en datos del más reciente Censo de Población y Vivienda, las proyecciones demográficas y las estadísticas educativas. En su estimación del 31 de diciembre de 2024, el INEA estableció que en México hay 27.5 millones de personas en rezago educativo. Detalló que ese total se integra con 4.1 millones de analfabetas, 7.5 millones de personas sin primaria y 15.9 millones sin estudios de secundaria.
En su reciente Medición, el INEGI toma en cuenta que también el bachillerato es parte de la educación obligatoria (conforme a una reforma constitucional de 2012), por lo que añade a la condición de rezago a aquellas personas mayores de 18 años que no tienen o no han concluido sus estudios de educación media superior. Esta incorporación debería incrementar automáticamente el número de personas en rezago educativo, sin embargo, según la institución de la que es titular Graciela Márquez Colín (designada por AMLO luego de desempeñarse como una fallida Secretaria de Economía), la población en rezago es de solo 24.2 millones, es decir, 3.3 millones menos que lo señalado por el INEA (cuya cuenta se limita a la educación básica).
El INEGI incluso se excede en su papel propagandístico al presentar una supuesta tendencia de reducción del rezago educativo entre 2022 y 2024, años en que, lejos de activarse alguna ofensiva en favor de la alfabetización y la educación básica, esta actividad fue reciamente castigada por el austericidio de AMLO y por la designación de oscuros militantes-burócratas que ocuparon el mando del INEA.
Pero, además de lo anterior, los propios datos que presenta el INEGI de Márquez Colín son incongruentes. Para la militante cuatroteísta, 24.4 millones de personas equivalen al 18.6 por ciento de la población en 2024. Sin embargo, en ese año la población mayor de 15 años eran 101 millones, por lo que el número de 24.4 millones equivaldría a poco más de 24.4 del total (independientemente de que la cifra está mañosamente subestimada, como ya se explicó).
Lejos de proporcionar la certidumbre de datos objetivos con los cuales se estudie la realidad nacional y se generen políticas públicas para resolver los grandes problemas nacionales, el INEGI de la 4T se dedica a embellecer, en este caso, el problema del rezago educativo. Su misión parece ser la de brindar argumentos para que el coro de matraqueros e intelectuales orgánicos canten sus loas. ¿Igual hace con los temas de la pobreza y la pobreza extrema?
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