Momento de definiciones mayúsculas. México padece nuevas elecciones, 12 gubernaturas y una Asamblea Constituyente para su capital. Campañas que simplifican y engañan, políticos que abusan de la mentira sin consecuencia.
Las grandes definiciones a las que nos enfrentamos no están sólo en las urnas, radican en que, como sociedad, seamos capaces de discernir a qué aspiramos, a la justicia de rajatabla o a la revancha justiciera.
Una reforma judicial que en junio terminará su fase de implementación, ocho años duró, procesos orales nuevos, complejos.
Saber en cuáles instituciones depositaremos nuestra fe y confianza para resolver un caso como el de la torturadora torturada, que, tras el video y las inéditas disculpas del General Secretario de la Defensa y otros, está a nada de quedar libre, sin ser inocente.
O del secuestrador de Silvia Vargas que, condenado a 34 años de prisión, sale porque no se observó el debido proceso; según la propia autoridad, al caso no se le dio adecuado seguimiento.
Ni la notoriedad, ni la publicidad ni la socialización de casos como el de la hija de Nelson Vargas, o el de Javier Sicilia, el de Alejandro Martí, Isabel Miranda o María Elena Morera pueden contra la corruptela legaloide. Bandas de secuestradores y asesinos pueden más, sin hacer escándalo. Abogados de quinta logran lo que famosos no.
Ésa es la injusta justicia que hoy padecemos y desde ella se explican otras patologías sociales. Lo que vendrá a partir de junio será probar y dominar otra manera de reclamar e impartir justicia, una incógnita.
Nuevo sistema acusatorio, policías investigadoras y juicios orales como en las películas y series estadounidenses, con jurados, testigos e involucrados que juran, mano sobre Biblia, decir la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad, donde lo dicho bajo juramento pesa, tanto que poderosos de todo tipo temen incurrir en perjurio.
Algo similar se aplicará en México, sólo que aquí el valor de la verdad y la mentira no existe, todo es relativo; mentimos poquito o mucho, blanca o negra la mentira es moneda corriente. Creer en lo que diga el torturador, el ladrón, el cacique, el poderoso, será una travesía por lugares desconocidos, pero imaginados.
Mientras tanto, en campañas. Miguel Ángel Yunes y su hijo hablando de millones de dólares para comprar propiedades en Nueva York en una nueva grabación ilegal. Él lo niega, la prensa ratifica, la guerra de lodo jarocha a todo.
Santiago Creel va a la Constituyente por el PAN; ofrece arreglar la ciudad con una Constitución milagrosa, que regule marchas, alivie contaminación, encierre a corruptos, consulte con todos lo importante sin definir qué es lo importante.
Tiempos de definiciones más que políticas, sociales. La torturadora torturada y el secuestrador liberado ubican verdaderas prioridades. Esas que las campañas tapan y ocultan, a ritmo de jingles.
Este artículo fue publicado en La Razón el 21 de Abril de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página
