Es un enigma cuál podría ser la composición política del país cuando pase la pandemia. Si bien todavía falta mucho camino por recorrer tarde que temprano enfrentaremos elecciones que definirán presente y futuro, y que, sobre todo, medirán nuestros ánimos.
Hemos ido aprendiendo qué hacer en medio del escenario inédito que nos ha llevado a necesarias prácticas al límite. Nos ha costado trabajo cumplir, porque nuestras vidas han dado un giro de 180°.
Lo que viene sigue siendo igual de inédito y riesgoso. Estamos en un momento en el que por ningún motivo se puede bajar la guardia debiendo seguir con nuestras prioridades. Lo que estamos viviendo no va a desaparecer por arte de magia y nadie va a hacer lo que nosotros no hagamos, al coronavirus se le ataca de lo individual a lo colectivo.
Es importante que no perdamos la conciencia de que para salir del Covid-19 también debemos hacernos a la idea de que se requiere de tiempo y reconocer que si bien se pueden prever algunos escenarios, mucho de lo que pasa se va viendo en el día con día. Las conferencias de las siete de la noche se han convertido al mismo tiempo en clases sobre coronavirus y en centro de información útil para todos.
Recientes mediciones sobre la importancia de las conferencias de prensa sobre coronavirus muestran que los ciudadanos cada vez más las aprecian y ven. La proporción casi está al dos por uno en cuanto a la preferencia que se le otorga sobre las mañaneras.
Esta situación tiene lógica si nos atenemos al momento que estamos viviendo. Es probable también que la sociedad esté encontrando poco atractivas las mañaneras en medio de una crisis como en la que estamos, en que se han manifestado diversas críticas al Presidente en función de cómo ha afrontado al Covid-19.
Lo que sigue siendo un gran pendiente es la coordinación e integración a nivel nacional. Algunos estados se han ido por la libre, lo cual bajo una crisis como la actual puede provocar rudas consecuencias, que igual pasan por agudizar los problemas de salud que por altos riesgos políticos, como ya se ha empezado a ver.
El coronavirus podría estar siendo la razón de nuevas conformaciones políticas. Por ahora no terminan por verse, pero ya se asoman. No hay manera de abstraerse del descrédito de los partidos políticos, han brillado por su ausencia y no han aparecido de la mano de la sociedad a la que presumen representar.
El descrédito ya aparece en las encuestas alcanzando incluso a Morena. No vaya a ser que lo que le dio la sociedad en las pasadas elecciones al partido se lo vaya quitando por el coronavirus. Las intenciones de voto colocan un paupérrimo escenario para los partidos, Morena alcanza apenas un 18%.
El panorama es obviamente peor para los otros partidos, pero no olvidemos que siguen bajo los efectos del tsunami que les pasó por encima. La sorpresa está en lo que está viviendo Morena, porque de tener una votación realmente alta, hoy pareciera que hay elementos para considerar que está con tendencias marcadas a la baja.
Muy probablemente todo se definirá cuando pase la crisis. No tanto porque entremos a mejores condiciones, porque se nos va a agudizar la crisis económica.
Lo que podría hacer las cosas diferentes será la forma en que el Gobierno termine por resolver las cosas. López Obrador ante el coronavirus se está jugando lo que podría ser su momento más complicado de todo el sexenio.
No perdamos de vista que la sociedad está siendo cada vez más crítica y está señalando al Presidente y a su Gobierno. Es un enigma lo que pueda pasar, pero hay indicios de que la conformación política del país puede vivir cambios profundos; se ve venir.
RESQUICIOS.
Dice el gobernador de BC, Jaime Bonilla, el de dos años que quiere cinco, que “los mismos médicos están cayendo como moscas” en el IMSS, en donde en algunos casos el personal de salud está entre la vida y la muerte sin instrumental médico y con desiguales protocolos.
Este artículo fue publicado en La Razón el 14 de abril de 2020, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.
