Entre celebraciones, dudas y pendientes

Habrá que reconocer que lo que hemos vivido desde el 1 de julio ha tenido un buen número de pasajes inéditos. Pocos presidentes se habían hecho sentir de manera tan intensa y notoria como es el caso de López Obrador.

Un comentario insistente sobre cómo se han visto y vivido estos seis meses es que parecen años. Algo hay de razón si nos atenemos a cómo se han presentando las cosas en intensidad, polémicas y controversias, de la mano de un Presidente omnipresente.

Hemos entrado en escenarios llenos de luces y sombras; y sólo al paso del tiempo sabremos cuál es su dimensión y alcance.

No se ve con precisión el rumbo que tomarán las cosas y hasta dónde llegarán, a pesar de la insistencia presidencial de la claridad del camino. El Presidente ha gobernado fustigando al pasado, pero la cuota ya se está agotando y estamos entrando de lleno en sus tiempos.

Lo que es un hecho es que a lo largo de este año poco o nada ha cambiado la buena percepción de la sociedad sobre López Obrador. Su desgaste todavía no es tema, a pesar de los pronósticos de sus detractores.

El Presidente conserva buenos y envidiables niveles de popularidad desde donde se vea, a lo que se suma que a donde vaya le sigue yendo realmente bien, sin empezar a estar ya exento de uno que otro incidente. Quienes han tenido que librar la prueba de la plaza en sus propios estados son los gobernadores.

Ante ello, el mandatario se ha encargado de calmar los ánimos, se aboca a pedir serenidad a la audiencia, da una especie de visto bueno, o si se quiere, una bendición, y todo arreglado. Más de un gobernador ha optado por no presentarse en este tipo de actos y otros más se han quejado abiertamente con el propio Presidente; como fue el caso del de Guerrero, quien de plano le dijo al Presidente: “¿de qué se trata?”.

Da la impresión de que las cosas se han ido atemperando y asentando, debiendo los gobernadores, en más de algún caso, que “apechugar”. De alguna u otra forma, López Obrador sabía que esto podía pasar; y hasta quizá lo ha provocado. En reuniones que tuvo como Presidente electo con los gobernadores, les adelantó que quería que estuvieran presentes en todos los actos encabezados por él en sus estados, sean públicos o privados. Ante el tsunami electoral, los gobernadores sabían muy bien lo que se les venía, pero no tenían capacidad alguna de maniobra.

López Obrador ha estado gobernando de prisa. Sabe que un sexenio es poco para todo lo que quiere hacer y particularmente para lo que quiere desmontar y demoler. Quiere dejar su sexenio bajo el estilo y espíritu de lo que quiere. No habla todavía de lo que puede pasar al final de su administración, pero en su cabeza deberá estar quién lo va sustituir.

Hoy, el Presidente presume lejanía de Morena; pero llegado el momento no se podrá abstraer de lo que ha criticado; terminará siendo el gran elector.

El Presidente empezó a gobernar, en sentido estricto, a los dos días de la elección. Ya estaba dando órdenes, aprovechándose de la ausencia culposa de Peña Nieto. De lo que suponemos ya se habrá dado cuenta, es que no se pueden cambiar las cosas en tan poco tiempo y que no necesariamente se podrán alcanzar sus objetivos con algunas de las políticas que está instrumentando.

La gran esperanza que mantiene la sociedad en López Obrador sigue siendo el que su gobierno logre revertir la pobreza en el país; ésta fue una de las grandes razones del voto a su favor.

El otro gran reto tiene que ver con la palabra que más ha mencionado a lo largo de este año: corrupción.

López Obrador, a seis meses o un año de ejercer el poder, va a celebrarse y a celebrar. Hay motivos para ello; pero hay también muchas dudas y pendientes.

  RESQUICIOS.

Se vienen un domingo y lunes para el Presidente que ni mandados a hacer. Se echará a andar la Guardia Nacional y al día siguiente habrá discursos y bailongo en el AMLOFest. Esto apenas empieza, ojalá no lo pierdan de vista.


Este artículo fue publicado en La Razón el 28 de junio de 2019, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

Autor

  • Javier Solórzano

    Javier Solórzano es uno de los periodistas mexicanos más reconocidos del país, desde hace más de 25 años. Licenciado por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México, cursó estudios en la Universidad Iberoamericana y, hasta la década de los años 80, fue profesor de Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana.

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