EPN en la Casa Blanca

Enrique Peña Nieto comenzó la semana aceptando la renuncia de Virgilio, que como en la novela de Dante, lo ayudó a salir del infierno originado por una revelación periodística, cuyas cenizas se convierten en brasas apenas sopla una nueva demanda.


La preocupación inmediata para los presidentes que hoy dialogan en la Casa Blanca de Washington D.C., es el futuro político de ambas naciones, una antes, la otra después. El ultraconservadurismo se fortalece, se crece ante el mal humor social, los radicales de derecha o de seudo izquierda, acechan el poder allá y acá.


Enrique Peña Nieto está hoy en Washington, es al primer mandatario que Barack Obama recibe después de hacerse oficial la candidatura republicana de Donald Trump para ganar la Casa Blanca el próximo 8 de noviembre. La preocupación en el salón oval es grande, la agenda del presidente estará orientada a impulsar a Hillary Clinton. Allá y acá. Todo suma.


Aquí en México, Peña Nieto continúa pagando los platos rotos de un escándalo inmobiliario el cual parece no terminar. El inédito perdón presidencial, la defenestración del subalterno que lo eximió de cualquier ilegalidad y lo más importante, el nacimiento de un nuevo Sistema Nacional Anticorrupción, parecen no bastar.


El pleito de una periodista con el medio que la contrató, exaltó y luego corrió, salpica en cada escaramuza ya no a la casa blanca de las Lomas, sino a la residencia oficial de Los Pinos.


Eduardo Bohórquez, Director de Transparencia Mexicana, me dijo en entrevista para Antena Radio del IMER, que el cambio estructural que comienza a partir de este nuevo andamiaje institucional, se verá reflejado en 10 años.


Eliminar estímulos a la corrupción, bajar niveles de impunidad, vigilar mejor y castigar conforme a Ley a quienes causen daños patrimoniales o funcionales al Estado mexicano, es un camino inevitable, ruta forzada desde la sociedad y las nuevas herramientas para la comunicación e información.


Dijo Bohórquez que independientemente del personaje, mujer, hombre, que ocupe la Fiscalía anticorrupción, la apuesta nacional debe enfocarse a que, así como cambiamos los paradigmas electorales en el país, aun de mejor manera, podamos dejar de asumirnos como una nación tramposa, en lo alto y en lo bajo, que los funcionarios sean rectos y los ciudadanos derechos.


Súmese al tema de la corrupción el del nuevo modelo educativo. Dejemos del lado que las mesas de diálogo se reanudan al tiempo que los bloqueos hacen desfiguros en autopistas y estados, juego de locura, pegan y soban, mientras dialogan.


Volvamos a lo sustantivo. Educación, hacer juntos un sistema que garantice mayores capacidades, pericias técnicas y una ética social que se funda en la personalidad del mexicano de este siglo.


Escándalos que dejen sitio a nuevos enfoques, tareas públicas en beneficio de todos, no de unos o de unas cuantas. No todo es negro.



Este artículo fue publicado en La Razón el 22 de julio de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

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