Imagino a los hombres y mujeres del paleolítico en una fiesta similar la psicodelia de los años sesenta del siglo pasado. A esos muy remotos antepasados nuestros no los veo en hot pants o chaleco de piel y con el pecho el símbolo de amor y paz (que es la patita de una paloma) ni los veo fumando mariguana o comiendo peyote –exclusivo de las tierras mexicanas– aunque sí metiéndose algún alcaloide psicoactivo entre sonidos guturales y provocadores atuendos e incluso exquisitos taparrabos, porque presumo que aquellos seres de hace 20 años antes de Cristo ya tenían sus propios regodeos sicalípticos.

Me anima proyectar así a los iniciadores de la civilización y entonces ver en la mal llamada Venus de Willendorf, hallada hace 110 años y a quien conocí en Viena hace unos ocho años, la representación erótica o incluso pornográfica de aquella muy remota época. Pero no lo es según los expertos, ni tampoco una representación del arquetipo de belleza milenaria; aquel pedazo de roca sedimentaria, caliza, según los antropólogos es una escultura sin proporción, desnuda, que entre senos o nalgas opulentas y la cintura sin marca en lo que llamamos talle hay una cabeza ligeramente inclinada a la derecha. Podría ser casi una esfera esculpida en sus poco más de 11 centímetros de alto, 5.7 de ancho, 4.5 de espesor y 15 centímetros de circunferencia, lo que incorpora una pequeña cabeza sin delineaciones en el rostro, inclinada ligeramente a la derecha, como mirando al pezón. No es realista pero la esteatopigia (que a mi me fascina) y la prominencia del vientre ha sugerido a muchos estudiosos que se trata de la representación de la fertilidad, humana o la referida a la “madre tierra”. Quién sabe, pero en cualquier caso, en efecto, no comulgo con el mote “Venus de Willendorf”.
Todo esto viene a colación porque, miren ustedes, los administradores de Facebook creen que la roca sí es una representación erótica e incluso pornográfica y entonces la censuraron, no es broma (ya varios medios tienen la información). Hay que esperar a conocer qué otros “argumentos” ofrecen los directivos de esta red social, si es que lo hacen naturalmente, y hay que estar alertas no vaya a ser que, entre sorpresa y sorpresa, surja un movimiento que en el entorno políticamente correcto vea la oportunidad de luchar contra la cosificación de la mujer entre nuestros antepasados; si es el caso el #MeToo habría alcanzado tiempos paleolíticos.

