Felipe Calderón y la hora del PAN

Al exmandatario le han dicho de todo y le han probado nada, ni adicciones ni afanes genocidas, la impronta de su gobierno como la historia de quienes le antecedieron quedó marcada por los extremos y no por las constantes.


Felipe Calderón está harto del fuego amigo, de la amnesia de aquellos a quienes ayudó e impulsó; encara a Ricardo Anaya para que transparente su ambición, le exige pensar en el partido.


Felipe Calderón reclama su sitio en el partido de sus raíces y de sus frutos, pide piso parejo para no tener que romper con su pasado y fracturar, irremediablemente de paso, el futuro inmediato del PAN.


El peso político de Calderón debe ser considerado por los azules, porque tricolores y otros ya lo están haciendo, lo miran y sopesan, saben que lo que no suma resta y ésta es la hora del PAN, lo que ahora pacten definirá la batalla del 2018.


Los partidos buscan candidatos para presidente en 2018. En el PRI, Enrique Peña Nieto decidirá, su tapado enfrentará a sus primeros opositores al interior del mismo tricolor, resistencias contra un clan mexiquense que recuperó el poder pero perdió todo prestigio institucional antes de terminar el sexenio.


El PRD está para que Miguel Ángel Mancera, los hermanos Serna, Héctor Serrano y Alejandra Barrales sometan a los desgastados Chuchos y empeñen el membrete del partido a una estrategia que les permita vender caro su amor, ser el palo del cual saldrá la cuña que impida la llegada de López Obrador.


En Morena todo es AMLO y AMLO es todo en Morena.


De los cuatro organismos políticos con probabilidades, el PAN es el mejor posicionado. Al partido que fue poder federal 12 años se le reconoce experiencia de gobierno en encuestas y sus negativos son menores, por mucho, que los del PRI o el PRD.


La ola, en cuya cresta va montado Ricardo Anaya, puede impulsarlo inevitablemente hasta la orilla que anhela el domingo 5 de junio de 2018, o ahogarlo, y muy pronto, en un mar agitado y traicionero.


Las altas probabilidades panistas para recuperar la presidencia someten a sus dirigentes y liderazgos a una tensión inédita, intensa y sonora.


El Consejo Nacional panista sesionó largo y tendido el sábado pasado; deliberó sobre el método para definirse entre Margarita Zavala, la mejor posicionada; Ricardo Anaya, el más promocionado y con mayor crecimiento reciente, y Rafael Moreno Valle, experimentado y articulado exgobernador de Puebla que hoy busca afanosamente entre las páginas de su nuevo libro tener voz y peso a la hora de decidir.


Felipe Calderón es y será factor en la definición panista, su peso político como expresidente de la República (también del partido) lo posiciona como un elemento imposible de ignorar, inconveniente de molestar, si es que el PAN quiere tener candidato y campaña de unidad.



Este artículo fue publicado en La Razón el 02 de mayo de 2017, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

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